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María, la madre de Jesús

Este artículo trata de María, madre de Jesús, destacando su papel en los Evangelios y la evolución de su veneración a lo largo de la historia cristiana, a pesar de su discreta presencia en las Escrituras.

32 min María madre de Jesús Natividad Evangelios veneración 11 versículos 4 libros

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Introducción

Si bien María ocupa hoy un lugar importante en la Iglesia Católica romana, sigue siendo relativamente discreta en los relatos evangélicos. Esta evolución a lo largo de los siglos puede sorprender, pues nada en el comportamiento de María hacía presagiar tal consideración.

A lo largo de su vida, no reivindicó ninguna posición privilegiada y consideró su maternidad como una gracia divina.

Lucas menciona su presencia en las reuniones que precedieron a , describiéndola simplemente como una participante más entre las 120 personas reunidas en el aposento alto. En efecto, ¡nada en su existencia hacía presagiar tal devoción!

En este estudio examinaremos las diversas informaciones que se refieren a ella en los textos bíblicos y luego abordaremos las diferentes etapas históricas que marcaron su ascenso como icono venerado.

I. La verdadera vida de María

Los relatos evangélicos nos permiten conocer a María, pero nos proporcionan poca información sobre ella. La presentan principalmente en el contexto del nacimiento de Jesús y a menudo la designan como «la madre de Jesús». ¡El apóstol Juan, en su Evangelio, nunca cita su nombre!

Su última mención en los textos bíblicos se refiere a su presencia en el 22 de mayo del año 33 d. C., tras lo cual vuelve al anonimato.

Pueden encontrarse detalles adicionales en los , pero pertenecen más a la leyenda que a los hechos históricos.

María aparece, pues, en el relato del nacimiento milagroso de Jesús. Vive en Nazaret, donde probablemente nació hacia el año 17 a. C., según nuestras deducciones. En esa época, la gente tendía a seguir viviendo en su pueblo natal.

Su padre, Elí, negocia su matrimonio con los padres de José, una práctica corriente en aquella época que legitimaba la dote de la futura esposa, a menudo un terreno que permitía a la pareja subvenir a sus necesidades. Como todas las jóvenes de su tiempo, María aprende a cocinar, a tejer y a confeccionar ropa. Deberá asumir todas estas tareas como señora de la casa.

Por su parte, José se ocupará del sustento de su familia. Aprendió el oficio de carpintero, probablemente el mismo que su padre. Los habitantes del pueblo reconocen su habilidad y recurren a él según sus necesidades. Sin embargo, a principios del siglo, el trabajo artesanal, que era muy valorado, comienza a perder valor con la llegada de los comerciantes.

En efecto, la Pax Romana favoreció el comercio internacional, lo que originó el desarrollo de una nueva profesión: la de comerciante. Esta clase social se enriqueció rápidamente en detrimento de los oficios manuales y de los campesinos.

A pesar de todo, el futuro parece prometedor para José y María. Aunque hoy 14 años nos parecen muy pocos para casarse, en aquella época un judío de 25 años ya debía mantener a su familia, que a menudo era numerosa.

Conforme a las costumbres ancestrales, todos sus parientes vivían en el pueblo o cerca de él, pues pocos se atrevían a abandonar su lugar de nacimiento. Esta vida comunitaria, basada en la solidaridad, ayudaba a superar dificultades como la pobreza y el hambre. Por otro lado, cada uno se comprometía a respetar las reglas religiosas y morales, bajo pena de una condena sin apelación.

Todo el mundo se conocía y ningún secreto permanecía oculto mucho tiempo. María y José, ya prometidos, debían respetar las obligaciones del matrimonio judío. Durante un año se frecuentarían sin tener relaciones íntimas. Las jóvenes que infringían estas reglas se arriesgaban al exilio, ¡e incluso a la en caso de embarazo antes del matrimonio oficial!

Todas las jóvenes estaban advertidas y recordaban historias locales bastante disuasorias. El adulterio no se tomaba a la ligera.

En este contexto va a producirse un acontecimiento que supera todo entendimiento, en el año 3 a. C.

II. La familia de María

Hacia el año 17 a. C., Elí y su esposa acogen a un nuevo hijo, una niña, a quien ponen por nombre María. Aunque la familia ya era numerosa, se habría deseado la llegada de un varón para ayudar al padre en su trabajo. Mientras que Mateo nos presenta la genealogía de Jesús por parte de José, su padre adoptivo, los exegetas estiman que la de Lucas se refiere a María.

Ambos pertenecen a la línea del rey David. Descubrimos también a Isabel, pariente de María, que desciende de la tribu de Leví y por tanto pertenece a la clase sacerdotal. Su padre se llama, pues, Elí. Los relatos evangélicos se centran exclusivamente en el Mesías Jesús, y María aparece solo como su madre.

Para todos los judíos religiosos de la época, la llegada de un hijo se considera un don de Dios, lo que los llena de alegría y los lleva a dar gracias a su Creador, en compañía de todos los miembros de la familia. María crece en Nazaret, rodeada de sus hermanos, hermanas, primos y primas. Todo el pueblo la conoce como la hija de Elí, de la tribu de Judá.

En aquella época, la mayoría de la gente nacía, vivía y moría en el mismo pueblo. María alcanza la mayoría de edad legal a los 12 años y un día, y sus padres comienzan a pensar en su matrimonio. Se oficializa el compromiso con José, un joven del pueblo.

¡Así es la vida!

III. El gran trastorno

La pequeña vida apacible y bien planificada de María y José toma un giro inesperado. La cultura religiosa, muy presente, enseña la venida de un Mesías, pero nadie imagina cómo aparecerá en la sociedad.

Por supuesto, los hablan de una joven virgen que quedará embarazada, pero ¿qué hay más normal dentro del matrimonio?

Mateo nos describe el acontecimiento con la expresión: «encinta por obra del Espíritu Santo».

San Mateo 1.18 (Reina-Valera 1909)

Y el nacimiento de Jesucristo fué así: Que siendo María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.

San Mateo 1.24-25 (Reina-Valera 1909)

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió á su mujer.

Y no la conoció hasta que parió á su hijo primogénito: y llamó su nombre JESUS.

Mateo describe, pues, el acontecimiento diciendo que María está «encinta por obra del Espíritu Santo» San Mateo 1.18. José, que está prometido a María, obedece al y toma a María como esposa, pero no tienen relaciones conyugales hasta el nacimiento de Jesús San Mateo 1.24-25.

El segundo Evangelio, el de Marcos, no menciona el embarazo de María, lo que significa que los contemporáneos de María no estaban informados con precisión en aquel momento.

Los detalles de esta historia no se revelarían hasta más tarde, unos 15 años después. El silencio de Marcos y de Pedro en sus escritos es una elección estratégica, pues conocen el carácter sobrenatural del nacimiento de Jesús, al igual que Mateo. Seguramente ignoraban los detalles en el momento en que escribían. Además, esas informaciones no aportarían nada más a sus demostraciones.

Lucas, que obtuvo información de la propia María, revela en su libro los detalles de la concepción de Jesús. Expone la realidad insospechada de que la formación de Jesús está directamente ligada a un milagro de Dios.

Las afirmaciones de Lucas, aunque más tardías, resultan más fáciles de comprender y de aceptar. La revelación de estos hechos se produce progresivamente según los acontecimientos históricos.

Juan, por su parte, no retoma en su escrito del siglo I las descripciones de sus predecesores. Se centra en datos que considera descuidados por sus amigos. No menciona el nacimiento de Jesús.

Lucas, sin embargo, relata una revelación del ángel Gabriel, que tuvo lugar en la casa de los padres de María cuando ella estaba sola. Lucas precisa incluso la fecha: el sexto mes del embarazo de Isabel, es decir, el mes de enero según nuestros cálculos.

IV. La partida de María y José

La presión social, demasiado fuerte, abruma a María. Todo el pueblo, incluidos sus padres y sus hermanos y hermanas, piensa ahora que ha cometido una falta. Afortunadamente, José, advertido por Dios en un sueño, acepta llevar a María, su prometida, a su casa. Declara así públicamente que es el padre del niño.

Aunque esto mejora la situación, han quebrantado sin embargo todas las reglas morales a los ojos de su familia y de los aldeanos, y la gran celebración de boda no tendrá lugar. Un acontecimiento viene a sacar a la pareja de este callejón sin salida.

El censo ordenado por Cirenio les ofrece la ocasión de huir de este pueblo acusador. Aunque legalmente María no estaba obligada a seguir a José, ¿cómo podría dar a luz en Nazaret en tales condiciones y sin José?

Tomada la decisión, parten juntos hacia Belén. Saben que el parto no tendrá lugar hasta dentro de varias semanas y que, por tanto, corren pocos riesgos. El viaje, que dura unos 5 días, se anuncia no obstante difícil, pues la pareja debe tomar precauciones a causa del embarazo para evitar un parto prematuro.

Sabemos ahora que dará a luz a un hijo en un lugar normalmente reservado a los animales, en el pueblo de Belén. La presencia de los numerosos peregrinos llegados para las fiestas del mes de tisri había saturado la demanda de alojamiento.

Poco importaba el lugar; lo esencial era escapar de la influencia de los rumores y chismes de los habitantes de Nazaret. María soportó y superó una presión psicológica muy fuerte.

Podemos imaginar que era comparable a la de las personas acosadas en las redes sociales de Internet, tal como la describen regularmente los medios de comunicación hoy en día. Dios velaba manifiestamente por María y por este niño, así como por José.

Cuando regresaron de Egipto, José y María decidieron no volver a Nazaret y establecerse definitivamente en Belén.

Una vez más, una revelación de Dios los impulsó a regresar, a pesar de todo, a su pueblo familiar.

No disponemos de ninguna información sobre su vida allí, pero podemos imaginar fácilmente una vida cotidiana apacible con una numerosa descendencia.

V. María y sus otros hijos

Tras el nacimiento de Jesús, la pareja llevó una existencia normal. Durante su estancia en Egipto, quizás María dio a luz a un segundo hijo. En efecto, Mateo, Marcos y Juan mencionan en distintos momentos la presencia de hermanos y hermanas.

Juan 7.2-5 (Reina-Valera 1909)

Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, la de los tabernáculos.

Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete á Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.

Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.

Porque ni aun sus hermanos creían en él.

San Mateo 13.54-57 (Reina-Valera 1909)

Y venido á su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y estas maravillas?

¿No es éste el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas?

¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?

Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa.

Marcos 6.1-6 (Reina-Valera 1909)

Y SALIÓ de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.

Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?

¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en él.

Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.

Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseñando.

Juan señala la existencia de hermanos; Mateo y Marcos, más precisos, nombran a cuatro hermanos: Santiago, José, Simón y Judas. Indican también la presencia de hermanas, pero sin ningún detalle.

Estos tres textos no dejan lugar a dudas, en nuestra opinión, acerca de los hermanos y hermanas de Jesús.

Leer el anexo ANN018: Los hermanos y hermanas de Jesús.

Marcos 3.20-21 (Reina-Valera 1909)

Y agolpóse de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.

Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decían: Está fuera de sí.

Observamos que la vida familiar de Jesús era difícil. En cierto momento, Juan nos hace notar que sus hermanos y hermanas no creían en él, y Marcos añade incluso que lo consideraban loco. María debía sufrir inevitablemente por esta situación.

Cuando hablamos de los hermanos y hermanas de Jesús, sería más apropiado usar los términos «medio hermanos y medio hermanas», pues José no era su padre biológico. Parece poco probable que María y José informaran a sus otros hijos del nacimiento excepcional de Jesús.

Eso habría creado una división, como constatamos en la vida de José, el hijo de Jacob, que fue renombrado Israel. El pudor no permitía divulgar tales detalles, que solo se revelarían después de la muerte de Jesús.

Así pues, en aquella época se le consideraba hijo de José, como todos creían. Observamos también que el nombre de José desaparece pronto de los relatos evangélicos, lo que nos hace imaginar una muerte prematura.

VI. Las diversas alusiones a María en los Evangelios

No encontramos una biografía de María en los Evangelios, sino únicamente algunos pequeños relatos donde aparece su nombre.

San Lucas 2.34-35 (Reina-Valera 1909)

Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho;

Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.

Estas palabras de Simeón resultan incomprensibles para María en ese momento. Solo en la crucifixión se esclarecerán.

Juan 19.25-27 (Reina-Valera 1909)

Y estaban junto á la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

Y como vió Jesús á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, he ahí tu hijo.

Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.

María aparece aquí quebrantada por el sufrimiento y por su impotencia para ayudar a su Hijo. La palabra de Simeón se cumple aquí al pie de la letra.

Afortunadamente, vivirá un acontecimiento increíble, la resurrección del Mesías Jesús, su Jesús. La encontraremos por última vez en el aposento alto, en Pentecostés, tras la resurrección y la ascensión del Mesías Jesús.

Hechos 1.14 (Reina-Valera 1909)

Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Esta es la última vez que se cita a María en la Biblia.

María fue una persona extraordinaria, pero una humilde sierva del Señor, como podemos observar en las .

Juan 2.1-5 (Reina-Valera 1909)

Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.

Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.

Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.

Esta petición en las y su cántico con Isabel son las únicas palabras citadas en nuestros Evangelios. Incluso después de la resurrección del Mesías Jesús, no intervendrá.

Considerando su posición de madre, habríamos podido imaginar que ocuparía un lugar más esencial en el seno de la Iglesia naciente. Esta mujer excepcional comprendió que solo su hijo Jesús revestía una importancia extraordinaria para el mundo.

San Lucas 1.46-55 (Reina-Valera 1909)

Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;

Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador.

Porque ha mirado á la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre.

Y su misericordia de generación á generación á los que le temen.

Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.

Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes.

A los hambrientos hinchió de bienes; y á los ricos envió vacíos.

Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia,

Como habló á nuestros padres á Abraham y á su simiente para siempre.

Este cántico se llama el Magnificat porque comienza con las palabras «Mi alma magnifica al Señor». María se describe como una simple sierva, y así vivió hasta el final de su vida.

María es conocida principalmente como madre de Jesús. Según las informaciones de la Biblia, era una mujer común, semejante a muchas otras de aquella época.

Fue elegida por Dios para dar a luz a quien llegaría a ser el Mesías, Jesús, para todos. Ella lo expresa en su alabanza, el Magnificat.

¡La fe de María es admirable!

VII. Las grandes desviaciones históricas

Con el paso de los años, algunos cristianos, seguramente bien intencionados, quisieron rendir homenaje a María, la madre del Mesías Jesús. Lo que Dios no quiso, los hombres lo realizaron.

María pasará del estatus de simple y humilde sierva del Señor al de mediadora, a quien muchos invocan, rezan y alaban. Debemos señalar que algunos dicen que no rezan a María, sino que le piden que ruegue a su hijo Jesús que intervenga en su favor.

¡Un hijo no le negaría nada a su madre!

Queremos también señalar lo que dice el teólogo italiano Alfonso de Ligorio en su libro «Las glorias de María», editado en 1750 y reeditado en 1987.
En esta obra leemos: «¡Ah! Ahora sois nuestra Reina, pues sois la madre de Dios y os saludamos, os adoramos como tal». (Las glorias de María, p. 319) «Corramos, pues, a los pies de nuestra dulcísima Reina, y seamos siempre fieles en rogarle, si queremos poner nuestra salvación en seguro. Si la vista de nuestros pecados nos espanta y nos desanima, es para que ella salve, con su protección, a los pecadores más culpables, más desesperados, en cuanto se encomiendan a ella».

¡Constatamos la claridad de las palabras de este hombre! Nos precisa el estatus de María reconocido hoy por una gran mayoría de cristianos católicos.

¿Qué debemos pensar de ello?

Vamos a estudiar todos estos nuevos atributos de María.

Como hemos especificado, María no tuvo un lugar privilegiado en la Iglesia primitiva. Fueron únicamente las obras apócrifas las que permitieron concebir otra vida de María.

Una colección de , la Ascensión de Isaías, relata que su embarazo duró dos meses. En diversos documentos del mismo tipo, ella pronuncia votos de virginidad perpetua. También podemos leer la siguiente precisión: tras su maternidad, su cuerpo volvió a ser como antes, como si nunca hubiera dado a luz. ¡El parto de Jesús no habría afectado a su virginidad!

Estas obras comienzan a circular durante el siglo II. Para resumirlas, podemos decir simplemente que lo que afirman carece de toda lógica.

Por lo tanto, no podemos considerar históricos los hechos que relatan.

Por otra parte, estos escritos contradicen claramente los de los Evangelios, considerados por los cristianos como inspirados por Dios. Constatamos, en efecto, una diferencia importante entre el equilibrio, la sobriedad y la sabiduría de los relatos bíblicos y estas leyendas.

Recordamos que los primeros cristianos rechazaron estos textos. Les dieron el nombre de . A pesar de ello, influyeron en un gran número de personas.

Con los años, los hombres calcaron la vida de María sobre la de su hijo Jesús, aplicándole las mismas cualidades. Con el tiempo, estos principios se convirtieron en dogmas, arraigados en la religión católica.

VIII. La Inmaculada Concepción

Este dogma afirma que María, la madre de Jesús, fue eximida del pecado original; aparece durante los siglos X y XI y el papa Pío IX lo estipulará el 8 de diciembre de 1854 en su bula Ineffabilis Deus.

Los ortodoxos rechazan esta ideología propia de los católicos. No debemos confundirla con la concepción virginal del niño Jesús, la encarnación. Además, María no habría pecado a lo largo de toda su existencia.

Si estas características siguen siendo ciertas para el Mesías Jesús, no podemos admitirlas para su madre. Se aplican, pues, a María los mismos principios que a la vida del Mesías Jesús. Nada en los textos bíblicos puede sustentar tal doctrina y, al contrario, precisan que todos los seres humanos, sin excepción, son pecadores.

Romanos 3.22-24 (Reina-Valera 1909)

La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él; porque no hay diferencia;

Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios;

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús;

El único que escapa a esta regla sigue siendo el hijo de Dios, el Mesías Jesús, porque es Dios. Este dogma católico entra en contradicción formal con las afirmaciones de la Biblia.

IX. La virginidad perpetua de María

Los Evangelios nos muestran el carácter excepcional del nacimiento de Jesús. La virginidad de María, ligada a la concepción de este hijo, sigue siendo por tanto un hecho histórico, reconocido por todos los cristianos, pero María procreó después otros hijos de su marido José.

San Mateo 1.24-25 (Reina-Valera 1909)

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió á su mujer.

Y no la conoció hasta que parió á su hijo primogénito: y llamó su nombre JESUS.

Mateo se cuida de precisar que José, aunque es el marido de María, no es el padre biológico de este primer hijo. No debemos confundir este dogma, la , con el nacimiento milagroso de Jesús.

Ya hemos señalado que el escrito de los , la Ascensión de Isaías, nos relata un prodigio sobre la reconstitución de la virginidad de María tras el nacimiento de Jesús. Con este relato salimos de la realidad concreta de la vida para entrar en la leyenda.

San Lucas 1.34-35 (Reina-Valera 1909)

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.

Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

El nacimiento del niño Jesús sigue siendo sobrenatural y exclusivo, pero después María y José llevaron una vida totalmente normal, como nos lo relatan los Evangelios, lo cual implica que «la » sigue siendo sencillamente imposible.

Leer el anexo ANN018: Los hermanos y hermanas de Jesús.

X. María, madre de Dios

Este dogma, proclamado en el concilio ecuménico de Éfeso en el año 431 y precisado en el concilio de Calcedonia, afirma que María es la Theotokos o Madre de Dios. No pretende que María sea divina ni que sea igual a Dios, sino que simplemente precisa que María engendró al Dios Jesús.

Lucas nos muestra claramente que María no es la madre de Dios, sino simplemente la madre de Jesús como hombre. San Lucas 1.30-31 Según los Evangelios, la humanidad de Jesús procede de María, mientras que su divinidad procede del Espíritu Santo, de Dios. San Lucas 1.35 Por consiguiente, ¡María no es en modo alguno la madre de Dios! San Lucas 2.7.

Aunque este dogma católico se base en buenos sentimientos, no es en modo alguno bíblico, más bien al contrario.

XI. La Dormición y la Asunción

Los católicos emplean el término «asunción», mientras que los ortodoxos emplean el de «dormición». La diferencia entre estos dos términos radica en que el primero sostiene que María fue llevada al cielo sin pasar por la muerte, mientras que el segundo afirma que María murió de manera suave.

La palabra «muerte» se sustituye porque algunos cristianos creen que María no podía morir de la misma manera que los demás seres humanos. Según el dogma católico, María fue «llevada en cuerpo y alma» al cielo al final de su vida. No hay que confundirlo con la ascensión de Jesucristo, que fue llevado al cielo en vida.

La asunción de María se considera, pues, una réplica de la ascensión de Jesús. Este dogma católico, que se remonta al siglo V, fue oficializado por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 y se celebra el 15 de agosto.

Para los ortodoxos, el principio es similar, pero para evitar cualquier confusión con la ascensión de Jesús, utilizan el término «dormición». Según ellos, no hay que sobrentender que María fue llevada en vida. Es importante señalar que nada de esto procede de nuestros textos bíblicos, sino más bien de la voluntad de algunos de conceder a María un estatus privilegiado.

En los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, María es descrita como una simple sierva del Señor San Lucas 1.38 y nunca ocupó un lugar especial como madre de Dios. Nada en el Nuevo Testamento sugiere tal posición. Si María hubiera sido llevada al cielo, se habría mencionado en nuestros textos bíblicos, lo cual no es el caso Hechos 1.14.

XII. María, mediadora entre Dios y los hombres

Los católicos emplean el término «asunción», mientras que los ortodoxos emplean el de «dormición». La diferencia entre estos dos términos radica en que el primero sostiene que María fue llevada al cielo sin pasar por la muerte, mientras que el segundo afirma que María murió de manera suave.

La palabra «muerte» se sustituye porque algunos cristianos creen que María no podía morir de la misma manera que los demás seres humanos. Según el dogma católico, María fue «llevada en cuerpo y alma» al cielo al final de su vida. No hay que confundirlo con la ascensión de Jesucristo, que fue llevado al cielo en vida.

La asunción de María se considera, pues, una réplica de la ascensión de Jesús. Este dogma católico, que se remonta al siglo V, fue oficializado por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 y se celebra el 15 de agosto.

Para los ortodoxos, el principio es similar, pero para evitar cualquier confusión con la ascensión de Jesús, utilizan el término «dormición». Según ellos, no hay que sobrentender que María fue llevada en vida. Es importante señalar que nada de esto procede de nuestros textos bíblicos, sino más bien de la voluntad de algunos de conceder a María un estatus privilegiado.

En los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, María es descrita como una simple sierva del Señor y nunca ocupó un lugar especial como madre de Dios. Nada en el Nuevo Testamento sugiere tal posición. Si María hubiera sido llevada al cielo, se habría mencionado en nuestros textos bíblicos, lo cual no es el caso.

1) María no está en el cielo, como el Mesías Jesús.

Acabamos de hablar de la asunción o de la dormición, que nos harían imaginar que María habría subido al cielo, copiando así la ascensión del Mesías Jesús.

Juan 3.13 (Reina-Valera 1909)

Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.

Este versículo de Juan, muy claro, afirma que solo el Mesías Jesús fue llevado al cielo en vida.

Hebreos 9.27 (Reina-Valera 1909)

Y de la manera que está establecido á los hombres que mueran una vez, y después el juicio;

Jean 5.28–29 (S21)

Juan 5.28-29 (Reina-Valera 1909)

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación.

María, según estos escritos, ha fallecido, pues, y espera, como todos los seres humanos muertos, la resurrección. No ocupa un lugar en el cielo como su hijo, el Mesías Jesús. Quienes recurren a ella en la oración se dirigen a una persona muerta.

Eclesiastés 9.5-6 (Reina-Valera 1909)

Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.

María no oye, pues, las miles de oraciones que se le dirigen cada día.

2) La Biblia nos enseña a orar únicamente a Dios

El segundo punto que deseamos analizar es: ¿a quién debemos orar? Si miramos en la Biblia los distintos ejemplos, de Abraham a Pablo, observamos que sus oraciones se dirigen exclusivamente a Dios.

Génesis 20.17-18 (Reina-Valera 1909)

Entonces Abraham oró á Dios; y Dios sanó á Abimelech y á su mujer, y á sus siervas, y parieron.

Porque había del todo cerrado Jehová toda matriz de la casa de Abimelech, á causa de Sara mujer de Abraham.

Filemón 1.4-6 (Reina-Valera 1909)

Doy gracias á mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones.

Oyendo tu caridad, y la fe que tienes en el Señor Jesús, y para con todos los santos;

Para que la comunicación de tu fe sea eficaz, en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros, por Cristo Jesús.

No hay en la Biblia ningún ejemplo de oración dirigida a alguien que no sea Dios.
Cuando los discípulos del Mesías Jesús le preguntaron cómo orar, la respuesta es explícita:

San Mateo 6.5-13 (Reina-Valera 1909)

Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.

Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

Y orando, no seáis prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos.

No os hagáis, pues, semejantes á ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Danos hoy nuestro pan cotidiano.

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores.

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

El Mesías Jesús nos da aquí un ejemplo de oración, no con el propósito de recitarla, sino como un modelo, un principio. Sin entrar en detalles, observamos que la oración se dirige a Dios, nuestro Padre.

Es la única cita de oración, que además también recoge Lucas.

San Lucas 11.1-4 (Reina-Valera 1909)

Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.

Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo.

En resumen, la Biblia nos enseña que las oraciones deben dirigirse exclusivamente a Dios, y no hay en las Escrituras ningún ejemplo de oración dirigida a otra persona.

4) Solo hay un mediador entre Dios y los hombres

Algunos cristianos que recurren a María, pensando que un hijo no le niega nada a su madre, pasan por alto, quizás por ignorancia, diversos acontecimientos de los Evangelios como las o incluso este escrito de San Lucas 11.27, donde una mujer interrumpió a Jesús haciendo notar cuán bendita era su madre por haberlo llevado. Jesús le respondió: «Más bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan San Lucas 11.28.

La Biblia subraya que hay un solo mediador entre Dios y los hombres.

1 Timoteo 2.5-7 (Reina-Valera 1909)

Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre;

El cual se dió á sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos:

De lo que yo soy puesto por predicador y apóstol, (digo verdad en Cristo, no miento) doctor de los Gentiles en fidelidad y verdad.

La afirmación del apóstol Pablo no admite ninguna excepción. Constatamos una exclusividad: no existe más que un mediador, el Mesías Jesús. Podemos orar unos por otros, pero todas esas súplicas se dirigen a Dios. Por tanto, no es una mediación y, además, ¡solo los vivos pueden orar! La epístola a los Hebreos nos muestra con igual claridad que, tras su ascensión al cielo, Cristo se convirtió en nuestro «gran sumo sacerdote que traspasó los cielos» Hebreos 4.14-15, y se añade que los cristianos deben orar al Padre «por medio de él» (Jesús), porque «vive siempre para interceder por ellos» Hebreos 7.25. No podemos, en el marco de nuestro estudio, desarrollar más los diversos textos de la epístola a los Hebreos, pero de ellos se desprende claramente que solo Jesús, resucitado, cumple la función de mediador. Es, pues, imposible concebir otro intermediario sin entrar en flagrante contradicción con los relatos de las (Santas) Escrituras.

Conclusión

Hemos señalado puntos que nos parecen esenciales para comprender bien la diferencia que existe hoy entre la posición de María tal como se relata en la Biblia y la que algunos le atribuyen en nuestros días. Los resultados de nuestras investigaciones nos llevan a considerar a María, la madre de Jesús, como una mujer semejante a muchas otras de su época, con una excepción: poseía una fe notable. Su testimonio personal, que aquí presentamos, resume muy bien su situación:

San Lucas 1.46-49 (Reina-Valera 1909)

Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;

Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador.

Porque ha mirado á la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre.

El sentimentalismo de algunos cristianos de los primeros siglos llevó a la Iglesia católica a proclamar la maternidad divina en 431, la virginidad perpetua en 649, la Inmaculada Concepción en 1854 y la Asunción corporal al cielo en 1950. Todos estos dogmas contradicen formalmente los textos de nuestras Biblias.

Ahora definen una religión distinta del cristianismo descrito en nuestro Nuevo Testamento. Lo que sigue siendo grande en la vida de María no es ella, sino únicamente el hijo que engendró, ¡Jesús!