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El nazareato

El nazareato es un voto de consagración a Dios, derivado del hebreo «separarse», definido en Números 6. El nazareo se abstiene del vino, del contacto con los muertos y de cortarse el cabello. Figuras como Sansón, Samuel, la profetisa Ana y el apóstol Pablo se asocian a él. Juan el Bautista, anunciado por el ángel Gabriel, es su ejemplo neotestamentario más emblemático, con un nazareato probablemente de por vida y de origen divino.

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Introducción

En este estudio examinamos el tema del «nazareato», una exploración inspirada en las palabras del ángel Gabriel.

En efecto, esta declaración del ángel Gabriel acerca del futuro hijo de Zacarías e Isabel evoca el nazareato, una práctica observada por varias figuras proféticas importantes de la Biblia. En este estudio analizamos los textos que definen este compromiso religioso y espiritual.

Conviene preguntarse si el nazareato puede asociarse a la vida de Juan el Bautista.

Según el ángel Gabriel, el hijo de Zacarías e Isabel debía adoptar este estilo de vida durante toda su existencia. Esta afirmación merece un análisis profundo para comprender plenamente sus implicaciones.

I. Definición del nazareato

El nazareato, de origen hebreo, significa «abstenerse», «separarse» o «consagrarse». Representa un compromiso espiritual con Dios. La persona que se compromete en el nazareato se llama «nazareo».

Es fundamental no confundir este término con «nazareno», que designa a los habitantes de Nazaret. Así, aunque Jesús el Mesías sea llamado Nazareno, no es nazareo.

Los fundamentos del nazareato se establecen en el libro de Números, particularmente en los siguientes versículos:

Este compromiso voluntario, conocido como nazareato, está abierto tanto a hombres como a mujeres, y generalmente es limitado en el tiempo. El nazareo no se retira de la sociedad; simplemente vive según normas diferentes.

En el libro de Números se enumeran varias prohibiciones específicas. Al final de su voto, el nazareo debe ofrecer un sacrificio y rasurarse la cabeza, tras lo cual puede retomar una vida normal.

II. Ejemplos en nuestras Biblias

Es interesante observar que algunos nazareos dedicaron toda su vida a este compromiso.

Entre ellos encontramos a Sansón Jueces 13.4-5, que transgredió las reglas del nazareato así como las de la Ley mosaica.

Samuel (1 Samuel 1.11-18) y Juan el Bautista son otros ejemplos notables.

En el contexto histórico, se cuenta que, en tiempos del profeta Amós, algunos judíos incitaban a los nazareos a romper su voto bebiendo vino.

Encontramos también el ejemplo de la profetisa Ana, a quien alude Lucas.

Aunque no todo está bien definido, podemos a pesar de todo deducir que esta mujer, Ana, era nazarea.

Tenemos también este ejemplo con el apóstol Pablo y aquellos cuatro hombres que llegaban al término de sus votos.

Observamos que el nazareato seguía siendo una práctica marginal, que simbolizaba un compromiso significativo con Dios. Este paso, a la vez personal y voluntario, da testimonio de un deseo de acercarse al Dios creador.

III. Juan el Bautista, el nazareo

El compromiso de Juan el Bautista como nazareo era, con toda probabilidad, un compromiso de por vida. Su larga cabellera pudo haber sido una señal visible de su nazareato, aunque esto no se menciona explícitamente en los textos bíblicos.

Esta característica marca una diferencia notable con la vida del Mesías Jesús, de quien no se dice que haya adoptado el nazareato. Así, en el estudio de las figuras bíblicas, es importante distinguir estas diferencias de práctica y de simbolismo entre Juan el Bautista y el Mesías Jesús.

Imaginamos que Juan el Bautista, en el fondo de su prisión, debió de pensar en ello, pero volveremos en detalle sobre este episodio en el anexo ANN003: el nacimiento y el ministerio de Juan el Bautista.

Conclusión

El nazareato es una institución que simboliza un voto de transformación personal y de consagración a Dios, que implica un desapego de los valores sociales convencionales.

Juan el Bautista, desde su nacimiento, fue introducido en este estilo de vida por sus padres, que deseaban respetar las indicaciones del ángel Gabriel. Juan mantuvo esta consagración durante toda su existencia hasta su muerte.

En el contexto de la sociedad judía del siglo I, este principio de vida imponía respeto. Los judíos establecían a menudo un paralelismo entre la vida de Juan el Bautista y la de sus grandes profetas, algunos de los cuales también habían observado el nazareato.

Esta comparación confería a Juan el Bautista una autoridad adicional. Su vida, alejada de las tentaciones materiales y de la comodidad que podía ofrecer la sociedad de la época, contrastaba fuertemente con la de las autoridades religiosas que dirigían el país. Esta austeridad agradaba al pueblo, que lo consideraba, con razón, un enviado de Dios.

Su nacimiento inesperado, unido a la práctica del nazareato, hacía presagiar un destino particular. Muchos imaginaban que era el Mesías.