• La huida de los discípulos

    El artículo analiza la huida de los discípulos durante el arresto de Jesús, subrayando su miedo y la serenidad de Jesús. Detalla el arresto en el huerto de Getsemaní, la interpretación de los Evangelios y el contraste entre el pánico de los discípulos y la soberanía de Jesús.

    San Mateo 26.36-56 (Reina-Valera 1909) :
    Entonces llegó Jesús con ellos á la aldea que se llama Gethsemaní, y dice á sus discípulos: Sentaos aquí, hasta que vaya allí y ore.Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedeo, comenzó á entristecerse y á angustiarse en gran manera.Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora?Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo: Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados.Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.Entonces vino á sus discípulos y díceles: Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.Levantaos, vamos: he aquí ha llegado el que me ha entregado.Y hablando aún él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle.Y luego que llegó á Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó.Y Jesús le dijo: Amigo, ¿á qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano á Jesús, y le prendieron.Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja.Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles?¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho?En aquella hora dijo Jesús á las gentes: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos á prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole.
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