_29 Queda por tratar un último detalle: el Mesías Jesús había hablado de resurrección, por lo que es más prudente poner guardias ante el sepulcro. Esa es la petición formulada a Pilato el mismo día del ; nada detiene a estos fervientes religiosos. San Mateo 27.62-66.
_30 La resurrección tiene lugar el domingo por la mañana, al amanecer. Tenemos, pues, los 3 días y 3 noches según el cómputo inclusivo judío. San Mateo 28.2-4 ; Marcos 16.2-4 ; San Lucas 24.1-3. Tenemos en cuenta la noche en pleno mediodía.
_31 Ahora vienen las diversas apariciones del Mesías Jesús, vivo, a partir del domingo 3 de abril del año 33, muy de mañana. Juan 20.11-18 ; San Mateo 28.8-10 ; Marcos 16.8 ; Juan 20.24-34 ; Marcos 16.13-14 ; San Lucas 24.13-35 ; Marcos 16.14 ; San Lucas 24.36-49 ; Juan 20.26-31 ; Juan 21.1-14.
Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.
Comentario:
1- El testimonio de los guardias del sepulcro
Los guardias encargados de vigilar el sepulcro quedaron profundamente conmocionados por los extraordinarios acontecimientos de los que habían sido testigos. Mateo relata que, a raíz del terremoto y de la aparición del , fueron presa de tal espanto que se quedaron «como muertos» (San Mateo 28.2-4).
Tras recobrar el ánimo, algunos de ellos acudieron a los principales sacerdotes para informarles de «todas las cosas que habían sucedido» (San Mateo 28.11). Este detalle reviste una importancia particular, porque los primeros testigos de los hechos no son discípulos de Jesús, sino hombres ajenos, incluso hostiles, al movimiento cristiano.
2- Testigos involuntarios de la resurrección
Estos soldados estaban sometidos a una disciplina particularmente rigurosa. Según los usos militares , la negligencia en el ejercicio de su función podía acarrear sanciones severas. No tenían, pues, ningún interés evidente en inventar una historia que pudiera comprometerlos.
Su testimonio resulta tanto más interesante cuanto que procede de testigos involuntarios y, a primera vista, poco favorables a los discípulos de Jesús. Desde esta perspectiva, su gestión ante las autoridades religiosas aparece como la reacción natural de hombres que buscaban dar cuenta de acontecimientos que ellos mismos no lograban explicar.
3- La dificultad de la explicación oficial
Los principales sacerdotes y los ancianos se reunieron entonces en consejo y decidieron entregar una importante suma de dinero a los soldados para que difundieran una versión oficial de los hechos (San Mateo 28.12-13). Les pidieron que afirmaran que los discípulos habían venido a robar el cuerpo mientras ellos dormían.
Sin embargo, esta explicación plantea una dificultad evidente. Si los guardias dormían realmente, ¿cómo habrían podido identificar a los autores del supuesto robo? Además, aun suponiendo que se hubieran adormilado por un momento, el violento terremoto mencionado por Mateo (San Mateo 28.2) habría interrumpido verosímilmente su sueño.
Estas observaciones no constituyen en sí mismas una demostración, pero ponen de manifiesto las debilidades internas de la versión propuesta por las autoridades religiosas.
4- La actitud de los jefes religiosos
Ante estos acontecimientos inesperados, los miembros del no ponen en modo alguno en cuestión su juicio sobre Jesús. Al contrario, procuran controlar las consecuencias de la desaparición del cuerpo organizando la difusión de una interpretación alternativa (San Mateo 28.12-14).
Llegan incluso a prometer su protección a los soldados en caso de que el gobernador romano fuera informado del asunto (San Mateo 28.14). Esta actitud revela su voluntad de preservar su autoridad y de impedir que los acontecimientos ocurridos llevaran al pueblo a reconocer a Jesús como el Mesías anunciado.
Su comportamiento recuerda el observado durante el ministerio público del Señor, cuando varios jefes religiosos se negaron a creer a pesar de las señales realizadas ante sus ojos (Juan 12.37-40). Este rechazo se inscribe en la continuidad de lo que habían anunciado las Escrituras acerca del Siervo sufriente, despreciado y desechado por los hombres (Isaías 53.3), así como de la advertencia que el propio Jesús dio acerca de la piedra desechada por los constructores (San Mateo 21.42).
5- Una controversia aún viva en tiempos de Mateo
Mateo precisa que esta versión de los hechos «se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy» (San Mateo 28.15). Esta observación indica que, en el momento de la redacción de su Evangelio, varios años después de los acontecimientos, esta polémica seguía viva.
El hecho mismo de que los adversarios del cristianismo sintieran la necesidad de explicar la desaparición del cuerpo constituye indirectamente un reconocimiento de la realidad del sepulcro vacío. El debate no versaba, pues, sobre la existencia del cuerpo de Jesús, sino sobre la interpretación de su ausencia.
6- El origen de las informaciones relatadas por Mateo
Se desconoce cómo tuvo Mateo conocimiento de esta deliberación interna del . Se han avanzado varias hipótesis.
Es posible que algunas informaciones fueran transmitidas por un miembro del consejo favorable a Jesús, como José de Arimatea (San Mateo 27.57 ; Marcos 15.43) o Nicodemo (Juan 19.39). Otros comentaristas han considerado la posibilidad de que uno o varios soldados relataran ellos mismos estos hechos.
Sin embargo, ninguna de estas hipótesis puede demostrarse con certeza. Conviene, pues, considerarlas con prudencia.
7- Un intento de encubrimiento con consecuencias inesperadas
Paradójicamente, este intento de encubrimiento contribuyó a preservar el recuerdo de estos acontecimientos. Lejos de poner fin al asunto, las autoridades religiosas se encontraron frente a una realidad que no pudieron impedir: el anuncio de la resurrección iba a extenderse a partir de entonces mucho más allá de las fronteras de Judea.
Pocas semanas después, los apóstoles comenzaron a anunciar públicamente que Dios había resucitado a Jesús de entre los muertos (Hechos 2.22-24 ; Hechos 3.15). Conforme a las palabras del Señor, este testimonio habría de llegar progresivamente a Jerusalén, a Judea, a Samaria y hasta los confines de la tierra (Hechos 1.8).
Así, el intento de las autoridades religiosas de sofocar el asunto no pudo impedir la difusión del mensaje central del cristianismo: Jesucristo ha resucitado y está vivo (Hechos 4.33).