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La aparición del Mesías Jesús a Pedro

La aparición de Jesús resucitado a Simón Pedro está atestiguada por Lucas 24.34 y 1 Corintios 15.3-5, pero ningún evangelista describe su contenido. Situado el domingo 3 de abril del año 33 d. C., después de las apariciones a las mujeres y antes de la de los discípulos de Emaús, este encuentro íntimo parece ser una reconciliación personal entre Jesús y Pedro tras su negación. Pedro habría sido así el primer apóstol en ver al Señor resucitado.

31 min aparición de Jesús resurrección Simón Pedro Cefas Lucas 24 45 versículos 6 libros

Consulta

Textos bíblicos

Mateo
San Mateo (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Marcos
Marcos 16.7 (Reina-Valera 1909)

Mas id, decid á sus discípulos y á Pedro, que él va antes que vosotros á Galilea: allí le veréis, como os dijo.

Lucas
San Lucas 24.33-35 (Reina-Valera 1909)

Y levantándose en la misma hora, tornáronse á Jerusalem, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos.

Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simón.

Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo había sido conocido de ellos al partir el pan.

Juan
Juan (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Juan
Juan (Reina-Valera 1909) no citado en el libro

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: El sepulcro cerca del monte Gólgota, en Jerusalén

Fecha: el domingo 3 de abril, por la mañana

Método de trabajo: Pasamos a Lucas

Nota sobre el método de trabajo: Lucas es el único evangelista que menciona este encuentro; Pablo confirmará este hecho

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras del domingo

Esta tercera aparición es sin duda una de las más misteriosas, ya que los autores del Nuevo Testamento se limitan a atestiguar su realidad sin describir las circunstancias.

Detalles cronológicos, según nuestras conclusiones:

_29 Queda por tratar un último detalle: el Mesías Jesús había hablado de resurrección, por lo que es más prudente poner guardias ante el sepulcro. Esa es la petición formulada a Pilato el mismo día del ; nada detiene a estos fervientes religiosos. San Mateo 27.62-66.

_30 La resurrección tiene lugar el domingo por la mañana, al amanecer. Tenemos, pues, los 3 días y 3 noches según el cómputo inclusivo judío. San Mateo 28.2-4 ; Marcos 16.2-4 ; San Lucas 24.1-3. Tenemos en cuenta la noche en pleno mediodía.

_31 Ahora vienen las diversas apariciones del Mesías Jesús, vivo, a partir del domingo 3 de abril del año 33, muy de mañana. Juan 20.11-18 ; San Mateo 28.8-10 ; Marcos 16.8 ; Juan 20.24-34 ; Marcos 16.13-14 ; San Lucas 24.13-35 ; Marcos 16.14 ; San Lucas 24.36-49 ; Juan 20.26-31 ; Juan 21.1-14.

Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.

Comentario:

1- Una aparición misteriosa pero sólidamente atestiguada

Entre las apariciones de Cristo resucitado que relata el Nuevo Testamento, la concedida a Simón Pedro sigue siendo una de las más enigmáticas. Su existencia está claramente atestiguada, pero ningún autor inspirado juzgó útil referir su contenido. Todo indica que se trata ante todo de un encuentro profundamente personal entre el Señor resucitado y su discípulo caído.

Dos testimonios independientes se refieren explícitamente a esta aparición. Los discípulos reunidos en Jerusalén declaran: «Ha resucitado el Señor verdaderamente, y se ha aparecido a Simón» (San Lucas 24.34). Por su parte, el apóstol Pablo recuerda, en un texto considerado generalmente uno de los resúmenes más antiguos de la fe cristiana, que el Cristo resucitado «se apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Corintios 15.3-5).

La coincidencia entre Lucas y Pablo muestra que esta aparición pertenecía a una tradición antigua, sólidamente establecida y ampliamente reconocida en la Iglesia primitiva.

2- El lugar de esta aparición en la cronología

Los Evangelios no precisan el momento exacto de este encuentro. Sin embargo, una armonización de los distintos relatos permite situar esta aparición privada en el mismo día de la resurrección.

Parece haber tenido lugar después de las apariciones a las mujeres (San Mateo 28.9-10; Juan 20.14-18), pero antes del regreso de los discípulos de Emaús a Jerusalén (San Lucas 24.33-35). Precede también a la aparición colectiva de la tarde a los discípulos reunidos (San Lucas 24.36-49; Juan 20.19-23).

Aunque no es posible aportar una demostración absoluta, esta reconstrucción lleva a pensar que Pedro fue el primero de los apóstoles en contemplar al Señor resucitado.

3- El recuerdo de la negación

Pocas horas antes de su arresto, Jesús había dirigido a Simón Pedro palabras particularmente significativas:

«Simón, Simón, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos» (San Lucas 22.31-32).

A pesar de esta advertencia, Pedro había negado a su Maestro tres veces (San Mateo 26.69-75; San Lucas 22.54-62). Su sincero arrepentimiento se manifiesta en las amargas lágrimas que derrama tras el canto del gallo (San Lucas 22.62).

En este contexto, varios comentaristas consideran verosímil que esta aparición privada tuviera por objeto restablecer al discípulo arrepentido antes de que volviera a ocupar su lugar entre los demás apóstoles. Esta interpretación sigue siendo, sin embargo, una deducción teológica, pues las Escrituras no refieren ningún detalle sobre el contenido de su conversación.

4- La mención particular de Pedro en el mensaje del ángel

Un detalle notable aparece en el relato de Marcos. El ángel no se limita a pedir a las mujeres que avisen a los discípulos; añade explícitamente: «Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo» (Marcos 16.7).

Esta mención particular de Simón Pedro resulta tanto más llamativa cuanto que acababa de negar a su Maestro tres veces (Marcos 14.66-72). Aunque habría podido considerarse definitivamente descalificado y excluido del círculo apostólico, el mensaje celestial lo designa expresamente entre los destinatarios de este anuncio.

Varios comentaristas han visto en esta precisión una muestra de la gracia del Señor hacia su discípulo arrepentido. Lejos de ser rechazado tras su caída, Pedro sigue siendo objeto de la atención particular del Resucitado. Esta mención personal puede relacionarse con las palabras pronunciadas antes de la Pasión: «He rogado por ti, para que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos» (San Lucas 22.32).

Aunque no permite concluir con certeza que Pedro ya había encontrado al Señor cuando las mujeres recibieron este mensaje, esta precisión prepara no obstante al lector para la gracia particular que se le concedería. Anuncia, en cierto modo, la restauración del discípulo caído y la misión que ejercería pronto en el seno de la Iglesia primitiva (Hechos 1.15; Hechos 2.14).

Esta mención individual de Pedro constituye también un indicio de la autenticidad del relato. Un detalle así, en apariencia secundario, se explica naturalmente si el recuerdo de esta palabra del ángel fue conservado con esmero en la tradición apostólica. Es posible, además, que Marcos, considerado generalmente el portavoz de Pedro, conservara deliberadamente esta precisión, que testimoniaba la misericordia particular de la que el apóstol había sido objeto (1 Pedro 5.13).

5- El notable silencio de los Evangelios

El silencio de los autores sagrados sobre este encuentro es particularmente llamativo. A diferencia de las apariciones concedidas a María Magdalena, a los discípulos de Emaús o al grupo de los Once, no se refiere ningún diálogo.

Algunos exegetas ven en ello la voluntad deliberada de preservar el carácter íntimo de este encuentro entre el Señor y su discípulo. El Nuevo Testamento menciona otras conversaciones cuyo contenido exacto sigue siendo desconocido. Así, Lucas solo refiere una breve alusión a la enseñanza dada a los discípulos de Emaús (San Lucas 24.27), sin reproducir sus palabras.

Esta discreción contribuye quizá a subrayar el carácter profundamente personal de la gracia concedida a Pedro.

6- Una preparación para la restauración pública de Juan 21

La aparición privada del día de la resurrección no sustituye a la restauración pública referida más tarde a orillas del (Juan 21.15-19).

Es posible discernir en ello dos etapas complementarias. La primera sería una reconciliación personal, concedida a Pedro el mismo día de la resurrección. La segunda correspondería a su rehabilitación pública ante los demás discípulos, varios días después en Galilea.

La triple pregunta de Jesús: «¿Me amas?» (Juan 21.15-17) se hace eco de manera natural de las tres negaciones de Pedro (Juan 18.17; Juan 18.25-27). En esta ocasión el Señor le renueva también su misión pastoral: «Apacienta mis ovejas» (Juan 21.17).

7- La gracia concedida al discípulo caído

Existe un contraste sorprendente entre la caída de Pedro y el favor particular que se le concede. Quien había negado públicamente a su Maestro se convierte en el primero de los Doce en recibir la visita del Resucitado.

Esta inversión ilustra uno de los grandes temas del Evangelio: la gracia que triunfa sobre el fracaso humano. El mismo Pedro que había flaqueado ante una criada (San Mateo 26.69-70) se convertirá, pocas semanas después, en el principal portavoz de los apóstoles en Jerusalén (Hechos 2.14-36) y dará testimonio con valentía ante el (Hechos 4.8-12).

La promesa pronunciada antes de la Pasión halla entonces su cumplimiento: una vez vuelto, Pedro tendrá efectivamente la misión de confirmar a sus hermanos (San Lucas 22.32).

8- Un encuentro bajo el signo de la gracia

Así, la aparición de Cristo resucitado a Simón Pedro puede situarse entre las apariciones concedidas a las mujeres y la manifestación colectiva de la tarde a los discípulos reunidos.

Aunque no se conserva ningún detalle, los textos permiten pensar que se trató de un encuentro privado destinado a restablecer a quien había conocido la más dolorosa de las caídas. La propia ausencia de información precisa invita quizá al lector a fijar su atención no en las circunstancias de esta entrevista, sino en su significado profundo.

El primero de los apóstoles en haber negado a su Maestro se convierte también en el primero de los Doce en contemplar al Resucitado. Esta gracia particular concedida a Pedro anuncia ya el mensaje que los apóstoles proclamarían pronto al mundo entero: el perdón y la restauración son posibles para todos los que vuelven a Dios con arrepentimiento y fe (Hechos 2.38; Hechos 3.19).