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La explicación de las 70 semanas de Daniel

El artículo analiza las setenta semanas de Daniel y se centra en dos interpretaciones principales: la de sir Robert Anderson, popular en los círculos evangélicos, y la de Edward Denney, que destaca una lectura más sencilla y coherente. Evalúa los fundamentos de ambos enfoques.

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Introducción

Este estudio constituye uno de los elementos de nuestra investigación dedicada a establecer una cronología de la vida del Mesías Jesús a partir de la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9.24-27). Debe entenderse en relación con los demás estudios de esta serie, cada uno de los cuales aporta datos complementarios históricos, calendarios y bíblicos. El conjunto de estos trabajos forma un análisis coherente que pretende reconstruir, con la mayor precisión posible, la sucesión de los acontecimientos relatados en los Evangelios.

La profecía de las setenta semanas de Daniel sigue siendo uno de los textos más estudiados y más debatidos de la exégesis bíblica profética (Daniel 9.24-27). Desde hace varios siglos, teólogos, historiadores y especialistas en los textos bíblicos intentan determinar su sentido exacto y sus implicaciones cronológicas en cuanto a la venida del Mesías.

Una de las principales cuestiones de esta profecía consiste en identificar el punto de partida de las setenta semanas. Según el decreto que se elija para la reconstrucción de Jerusalén, las conclusiones cronológicas difieren sensiblemente y conducen a sistemas de interpretación distintos.

Hoy dominan el debate dos grandes enfoques. El primero, muy extendido en los ambientes evangélicos, se inscribe en la continuidad de los trabajos de Sir Robert Anderson. Privilegia el decreto dirigido a Nehemías y se basa en el uso de años proféticos de 360 días. Esta interpretación ha marcado profundamente la exégesis moderna y sigue siendo hoy la postura adoptada con más frecuencia en los estudios dispensacionalistas (Los estudios dispensacionalistas designan un enfoque teológico y exegético que interpreta la historia bíblica como una sucesión de períodos distintos llamados «dispensaciones»).

El segundo enfoque, mucho menos conocido, se vincula a los trabajos de Edward Denney. Toma el decreto concedido a Esdras como punto de partida de las setenta semanas y privilegia el empleo de los años solares ordinarios. Aunque esta interpretación ha permanecido marginal, varios investigadores independientes han llegado a conclusiones comparables, subrayando la aparente sencillez y la coherencia cronológica de esta lectura.

El presente estudio no pretende alimentar una controversia técnica reservada a los especialistas, sino comparar estas dos grandes interpretaciones para evaluar sus fundamentos históricos, matemáticos y bíblicos. Lo que está en juego va más allá de una simple cuestión cronológica. Si el profeta Daniel anunció realmente, con varios siglos de antelación y con tal precisión, la venida y la muerte del Mesías, entonces el alcance profético de este texto resulta del todo excepcional (Isaías 46.9-10 ; Juan 13.19).

Titulado inicialmente "Las teorías de Anderson y de Denney" por la preponderancia de las explicaciones que contiene sobre los textos de Daniel, este anexo ha pasado a llamarse "La explicación de las semanas de Daniel". Este nuevo título se considera más apropiado para los lectores menos familiarizados con el tema.

I. Repaso de los hechos

En su profecía, Daniel anuncia un período de «setenta semanas» fijado para el pueblo de Israel y para Jerusalén (Daniel 9.24). La gran mayoría de los exegetas entiende estas semanas como semanas de años, es decir, una duración total de 490 años.

El texto establece un vínculo directo entre un decreto que ordena la restauración de Jerusalén y la venida del Mesías, que ha de ser «quitado» para llevar a cabo la expiación de los pecados (Daniel 9.26 ; Isaías 53.5-6).

Esta profecía es notable porque parece ofrecer un marco cronológico que permite situar con precisión los acontecimientos centrales de la misión del Mesías. Sin embargo, la dificultad reside en armonizar los datos cronológicos de Daniel con los de los Evangelios y los de la historia persa.

En este contexto se han desarrollado las principales teorías interpretativas, entre las cuales las de Sir Robert Anderson y Edward Denney ocupan un lugar esencial.

Conviene subrayar una observación: numerosos investigadores han llegado a conclusiones similares sin apoyarse necesariamente de forma directa en los trabajos de estos dos autores.

II. La teoría de sir Robert Anderson

Presentación general

Sir Robert Anderson (1841-1918), autor de la obra The Coming Prince, publicada en 1894, sigue siendo una de las figuras principales de la interpretación dispensacionalista de las setenta semanas de Daniel en el mundo evangélico anglófono.

Fruto de varios años de investigaciones históricas, cronológicas y bíblicas, su obra ha influido profundamente en la exégesis profética moderna. Anderson busca sobre todo demostrar que el profeta Daniel anunciaba con precisión la venida pública del Mesías, así como el período de su rechazo (Daniel 9.24-27).

Para establecer su cálculo, toma como punto de partida el decreto dirigido a Nehemías sobre la reconstrucción de Jerusalén (Nehemías 2.1-8). Según su interpretación, este decreto se habría promulgado en el 445 a. C. Esta elección constituye el fundamento de toda su demostración cronológica.

Las dificultades cronológicas

Si se aplican directamente los 490 años solares al decreto del 445 a. C., el resultado conduce aproximadamente al año 46 de nuestra era, lo cual sigue siendo incompatible con las indicaciones evangélicas sobre la crucifixión del Mesías.

Ahora bien, según las principales reconstrucciones astronómicas y calendarias, se consideran generalmente más compatibles con los datos bíblicos sobre la Pascua que precedió al dos fechas:

  • el 7 de abril del año 30;
  • el 1 de abril del año 33.

Es precisamente esta dificultad cronológica la que lleva a Anderson a desarrollar un método de cálculo particular destinado a armonizar los datos de Daniel con los de los Evangelios.

El uso de años proféticos de 360 días

La primera característica de su enfoque consiste en utilizar años proféticos de 360 días en lugar de los años solares ordinarios.

Anderson se apoya en particular en el relato del diluvio, en el que cinco meses corresponden a ciento cincuenta días (Génesis 7.11 ; Génesis 8.3-4), lo que implica meses de treinta días. Este principio se relaciona también con las duraciones proféticas mencionadas en el Apocalipsis, donde cuarenta y dos meses corresponden a 1260 días (Apocalipsis 11.2-3 ; Apocalipsis 12.6).

A partir de estas observaciones, Anderson desarrolla el concepto de «años proféticos» de 360 días, llamados a veces «años del templo».

Este método reduce considerablemente el desfase cronológico entre el decreto de Nehemías y el período de la crucifixión.

El segundo elemento esencial de la teoría de Anderson consiste en separar la septuagésima semana de las sesenta y nueve primeras (Daniel 9.27).

Según esta interpretación, las sesenta y nueve primeras semanas —es decir, 483 años proféticos— conducen a la primera venida del Mesías. En cambio, la última semana se traslada al fin de los tiempos y pertenece al marco escatológico.

El cálculo de Anderson se basa, por tanto, principalmente en los 483 años anteriores a la interrupción del programa profético referente a Israel.

Este enfoque permite obtener una fecha relativamente cercana al período de la crucifixión. Más adelante, Harold Hoehner perfeccionaría aún más esta teoría al retener el año 444 a. C. en lugar del 445, para obtener una correspondencia más precisa con el año 33.

Límites y discusiones en torno a esta teoría

A pesar de la inmensa influencia ejercida por Sir Robert Anderson sobre la exégesis profética moderna, varias dificultades siguen discutiéndose entre los especialistas.

Este enfoque se basa en particular en varios presupuestos cronológicos y calendarios:

  • el uso de años proféticos de 360 días;
  • la elección del decreto de Nehemías como punto de partida;
  • la separación de la septuagésima semana;
  • cálculos complejos, a veces de difícil acceso para el lector no especializado.

Algunos investigadores consideran que estos ajustes sucesivos debilitan la aparente sencillez del texto de Daniel. Otros, por el contrario, ven en ellos un intento coherente de armonizar los datos históricos, proféticos y evangélicos.

Sea como sea, la influencia de esta teoría sigue siendo considerable. Numerosos autores evangélicos han retomado total o parcialmente las conclusiones de Anderson, a veces sin reexaminar el conjunto de los presupuestos históricos y matemáticos en los que se apoya su demostración.

III. La teoría de sir Edward Denney

Un enfoque en gran parte olvidado

Los trabajos de Edward Denney (1831-1919) son hoy mucho menos conocidos que los de Sir Robert Anderson. Sin embargo, varios investigadores consideran que su enfoque de las setenta semanas de Daniel presenta una gran sencillez metodológica y una notable coherencia cronológica.

A diferencia de Anderson, Denney toma como punto de partida el decreto concedido a Esdras durante el reinado de Artajerjes en el 458 a. C. (Esdras 7.11-26).

Según este enfoque, la suma de los 490 años proféticos —entendidos como años solares ordinarios— conduce de manera natural a la primavera del año 33, teniendo en cuenta la ausencia de año cero en el paso entre las fechas anteriores y posteriores a Jesucristo.

Una notable correspondencia cronológica

Cuando se toma como referencia el decreto fechado en la primavera del 458 a. C. y se le suman los 490 años anunciados por Daniel (Daniel 9.24-27), el cálculo llega a la primavera del año 33, período que corresponde a los acontecimientos de la pasión y la resurrección del Mesías Jesús.

Este enfoque presenta varias ventajas importantes. No requiere ni el uso de años proféticos de 360 días ni ninguna corrección cronológica compleja destinada a ajustar el resultado final.

El sistema se basa simplemente en los años solares ordinarios utilizados en el calendario histórico, lo que le confiere cierta claridad, así como una coherencia matemática inmediata.

Las principales objeciones

Contra esta interpretación se formulan generalmente dos objeciones principales.

El decreto de Esdras

La primera se refiere al decreto de Artajerjes transmitido a Esdras. A diferencia del texto de Nehemías (Nehemías 2.1-8), este decreto no menciona explícitamente la reconstrucción de las murallas de Jerusalén.

Sin embargo, varios elementos sugieren que esa autorización podía estar implícita en las decisiones reales concedidas a Esdras.

Esdras da gracias a Dios por haber permitido el levantamiento de Jerusalén (Esdras 9.9). Otros pasajes del libro de Esdras muestran también que la reconstrucción de la ciudad constituía en aquella época una preocupación política de primer orden (Esdras 4.12-16). Por último, las autoridades persas ordenarán más tarde la suspensión de las obras, prueba de que efectivamente se habían emprendido.

Estos elementos llevan a algunos investigadores a considerar que el decreto de Esdras tenía un alcance más amplio que el de una simple reforma religiosa.

La cuestión de la septuagésima semana

La segunda dificultad se refiere a la interpretación de la última semana profética mencionada por Daniel (Daniel 9.27).

Desde esta perspectiva interpretativa, la septuagésima semana tiene un primer cumplimiento histórico entre los años 26 y 33 con el ministerio de Juan el Bautista y luego el del Mesías Jesús (San Lucas 3.1-23).

El rechazo del Mesías se interpreta entonces como una interrupción del desarrollo profético referente a Israel. La última semana tendría después un cumplimiento escatológico futuro, marcado por la aparición de un personaje hostil a Dios, a menudo identificado con la figura del (2 Tesalonicenses 2.3-4 ; Apocalipsis 13.1-8).

Esta lectura permite explicar la estructura particular de Daniel 9.27 sin tener que separar por completo la última semana de las sesenta y nueve primeras.

Evaluación general

El enfoque atribuido a Denney se distingue principalmente por su aparente sencillez y por el uso directo de los años solares ordinarios. Evita varios ajustes cronológicos necesarios en el sistema de Anderson y propone una lectura continua de los 490 años anunciados por Daniel.

Aunque esta teoría sigue siendo minoritaria en la exégesis moderna, presenta una coherencia interna que explica el renovado interés que algunos investigadores le prestan hoy.

Conclusión

Durante mucho tiempo, la teoría de Anderson nos pareció la explicación más convincente de las setenta semanas de Daniel. Sin embargo, a pesar de su impresionante construcción intelectual, nos dejaba una impresión de artificialidad debido a los numerosos ajustes necesarios para llegar al resultado buscado.

El estudio a fondo de las propuestas de Edward Denney y el examen atento de los textos de Esdras nos han llevado poco a poco a reevaluar esta posición.

El enfoque basado en el decreto de Esdras presenta varias ventajas importantes:

  • utiliza los años solares ordinarios;
  • conserva los 490 años completos;
  • evita las correcciones matemáticas complejas;
  • conduce de manera natural al año 33.

Según esta interpretación, Daniel habría anunciado con varios siglos de antelación, con una precisión notable, el período correspondiente a la muerte y la resurrección del Mesías Jesús (Daniel 9.24-27).

Semejante precisión profética plantea inevitablemente una pregunta fundamental: ¿cómo habría podido un hombre que vivía en el siglo VI antes de nuestra era anunciar con tanta precisión acontecimientos cumplidos varios siglos después, si esta revelación no procediera de Dios mismo? (Isaías 41.21-23 ; Juan 13.19).

Este primer estudio sienta las bases cronológicas indispensables para comprender la vida pública del Mesías Jesús. No obstante, siguen pendientes varias cuestiones que exigen un examen más profundo de los datos históricos, calendarios y bíblicos. Los estudios siguientes irán completando así este análisis, abordando las distintas etapas del ministerio de Jesús, con el fin de proponer una reconstrucción coherente y armonizada de los acontecimientos relatados por los Evangelios.

Estudio siguiente ANN006 : La fecha exacta del decreto.

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