Lucas relata aquí la primera crisis interna importante que conoció la Iglesia de Jerusalén, así como las medidas adoptadas por los apóstoles para remediarla. El nombramiento de los Siete constituye una etapa importante en la organización de la comunidad cristiana naciente y en la preservación de su unidad.
El rápido crecimiento del número de discípulos acarreaba inevitablemente la aparición de nuevas dificultades. Tras haberse enfrentado a la oposición de las autoridades religiosas (Hechos 4.1-3; Hechos 5.17-18), la Iglesia debía ahora afrontar tensiones procedentes de su propio seno. Estas dificultades no se debían a divergencias doctrinales, sino a una cuestión práctica relacionada con la distribución diaria destinada a las viudas (Hechos 6.1).
En la perspectiva de Lucas, esta crisis no pone en cuestión la unidad de la Iglesia, sino que revela los desafíos que plantea su rápido desarrollo. Así, el crecimiento espectacular de la comunidad exigía una organización más adaptada a sus necesidades.
2- La prioridad del ministerio de la Palabra
Los Doce comprendieron que no era deseable ni conveniente descuidar el ministerio de la Palabra para dedicarse ellos mismos a la administración de esta asistencia material (Hechos 6.2). Esta declaración no traduce desprecio alguno hacia esas tareas, sino que subraya la necesidad de un reparto de responsabilidades en el seno de la Iglesia.
Los apóstoles querían perseverar en la oración y en el ministerio de la Palabra (Hechos 6.4). Esta doble prioridad recuerda la importancia concedida desde los comienzos de la Iglesia a la enseñanza apostólica (Hechos 2.42). En la perspectiva de Lucas, la proclamación de la Palabra sigue siendo una de las misiones esenciales confiadas a los apóstoles.
Lejos de oponer el servicio espiritual al servicio material, el relato muestra, por el contrario, su complementariedad. El buen funcionamiento de la comunidad exigía que cada uno pudiera ejercer el ministerio que le había sido confiado.
3- Las cualidades requeridas de los Siete
Los hombres elegidos debían responder a criterios particularmente exigentes. Debían gozar de buena reputación, estar llenos del Espíritu Santo y dar prueba de sabiduría (Hechos 6.3).
Es notable que Lucas ponga más el acento en las cualidades espirituales que en las competencias administrativas. A los ojos de los apóstoles, el servicio a los más necesitados constituía también un verdadero ministerio que requería la acción del Espíritu Santo.
El hecho de que estos hombres sean reconocidos como llenos del Espíritu muestra que esta realidad producía efectos visibles en su conducta, su sabiduría y su testimonio. Así, en la Iglesia primitiva, las responsabilidades prácticas no eran en modo alguno consideradas secundarias ni puramente materiales.
4- Los Siete y los Doce
Al igual que había hecho con los Doce (Hechos 1.13), Lucas se preocupa de conservar los nombres de los siete hombres designados por la asamblea (Hechos 6.5). Esta precisión testimonia probablemente la importancia que concedía a estos hombres llamados a desempeñar un papel de primer orden en los primeros desarrollos de la Iglesia.
Es interesante constatar que José Barsabás, propuesto junto con Matías en el momento de reemplazar a Judas Iscariote (Hechos 1.23), no figura en esta lista. Esta ausencia se explica verosímilmente porque los criterios de selección no eran los mismos y porque las responsabilidades confiadas a los Siete diferían de las del ministerio apostólico.
Por otra parte, el libro de los Hechos mostrará enseguida que algunos de ellos, en particular Esteban y Felipe, ejercerán también un importante ministerio de predicación y de evangelización (Hechos 6.8-10 ; Hechos 8.5-6). El relato sugiere así que su actividad no se limitaba a la sola administración de la asistencia a las viudas.
5- Una nueva fase de crecimiento
Lucas concluye esta sección mencionando una nueva fase de crecimiento de la Iglesia. La Palabra de Dios seguía extendiéndose y el número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén (Hechos 6.7).
El autor añade que una gran obedecía también a la fe (Hechos 6.7). Esta observación es particularmente significativa. Mientras que los sumos sacerdotes y los se esforzaban por hacer callar a los apóstoles (Hechos 4.1-3 ; Hechos 5.17-18), numerosos sacerdotes, familiarizados con el Templo y con las Escrituras, reconocían en Jesús al Mesías anunciado por los profetas.
Lucas no establece explícitamente un vínculo de causalidad entre la resolución de la crisis evocada en los versículos anteriores y este nuevo avance del cristianismo. Es, no obstante, notable que, en su relato, las dificultades que encuentra la Iglesia nunca parecen comprometer de manera duradera su desarrollo. Al contrario, las oposiciones exteriores, al igual que las tensiones internas, aparecen regularmente seguidas de nuevos progresos de la Palabra de Dios (Hechos 2.47 ; Hechos 5.14 ; Hechos 6.7 ; Hechos 12.24 ; Hechos 19.20).
En la perspectiva de Lucas, este progreso constante manifiesta la fidelidad de Dios hacia su pueblo y el cumplimiento del programa anunciado por Cristo antes de su ascensión (Hechos 1.8). Así, uno de los temas principales del libro de los Hechos aparece una vez más: a pesar de las oposiciones y los obstáculos, la Palabra de Dios prosigue su avance conforme al designio divino.
(Hechos 1.8) ; (Hechos 2.47) ; (Hechos 5.14) ; (Hechos 6.7) ; (Hechos 12.24) ; (Hechos 19.20) – El avance del Evangelio
(Hechos 1.13) ; (Hechos 6.5) – Los Doce y los Siete
(Hechos 1.23) – José Barsabás y Matías
(Hechos 2.42) ; (Hechos 6.4) – La oración y el ministerio de la Palabra
(Hechos 4.1-3) ; (Hechos 5.17-18) – La oposición de las autoridades religiosas
(Hechos 6.1) – La queja de los helenistas
(Hechos 6.2) – El reparto de las responsabilidades
(Hechos 6.3) – Las cualidades requeridas de los Siete
(Hechos 6.5) – El nombramiento de los Siete
(Hechos 6.7) – El crecimiento de la Iglesia y la conversión de los sacerdotes
(Hechos 6.8-10) ; (Hechos 8.5-6) – El ministerio de Esteban y de Felipe
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