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Nuevo discurso de Pedro

El artículo explora el segundo gran discurso de Pedro, a continuación de Pentecostés. Pedro, acompañado de Juan, predica en Jerusalén tras la sanidad de un hombre cojo, subrayando la cristología, el arrepentimiento y las profecías del Mesías. El discurso impacta a la comunidad, pero encuentra la oposición de las autoridades religiosas.

19 min Pedro Jerusalén arrepentimiento Mesías conversión 26 versículos 7 libros

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Textos bíblicos

Hechos
Hechos 3.12-26 (Reina-Valera 1909)

Y viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ó ¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si con nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á éste?

El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado á su Hijo Jesús, al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando él que había de ser suelto.

Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un homicida;

Y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos; de lo que nosotros somos testigos.

Y en la fe de su nombre, á éste que vosotros veis y conocéis, ha confirmado su nombre: y la fe que por él es, ha dado á éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.

Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros príncipes.

Empero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor,

Y enviará á Jesucristo, que os fué antes anunciado:

Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo.

Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis en todas las cosas que os hablare.

Y será, que cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

Y todos los profetas desde Samuel y en adelante, todos los que han hablado, han anunciado estos días.

Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.

A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado á su Hijo, le envió para que os bendijese, á fin de que cada uno se convierta de su maldad.

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: La ciudad de Jerusalén

Fecha: Primavera del año 33

Modo de proceder: Seguimos a Lucas en su segunda obra

Nota sobre el modo de proceder: Esta información se encuentra únicamente en Lucas

Mapa de Jerusalén y su región

Aprovechando la multitud reunida por la curación del hombre cojo, Pedro toma la palabra para evangelizar a la gente. Este discurso constituye el segundo gran discurso del apóstol que Lucas relata en el libro de los Hechos.

1- Una nueva ocasión de anunciar el Evangelio

Pocos días después del gran discurso pronunciado en Pentecostés, el domingo 22 de mayo del año 33 (Hechos 2.14-40), Pedro y Juan se encuentran de nuevo en el Templo, esta vez ante una multitud considerable que ha acudido a ver la espectacular curación de un hombre cojo de nacimiento, bien conocido por los habitantes de Jerusalén (Hechos 3.1-10).

Como en Pentecostés, Pedro aprovecha este milagro como una nueva ocasión de anunciar el Evangelio y toma naturalmente la palabra para explicar a la multitud el significado de este acontecimiento extraordinario.

2- Un mensaje centrado en la persona de Cristo

El discurso de Pedro, particularmente vigoroso, recuerda en ciertos aspectos al de Juan el Bautista. Como el precursor, llama a sus oyentes al arrepentimiento y a la conversión (San Mateo 3.1-2; Hechos 3.19). Sin embargo, su mensaje se distingue por su carácter profundamente cristocéntrico.

Toda su argumentación converge hacia la persona del Mesías Jesús, su muerte, su resurrección y su glorificación junto al Padre (Hechos 3.13-15). Sin emplear el vocabulario teológico que se desarrollará más tarde en las epístolas, Pedro presenta ya los fundamentos de la redención cumplida por el sacrificio de Cristo. Aquel que había sido rechazado y entregado a la muerte por los hombres fue resucitado y exaltado por Dios (Hechos 3.15).

Es en adelante en su nombre como se realizan los milagros y como se ofrece a los hombres el perdón de los pecados (Hechos 3.16; Hechos 3.19).

3- El arrepentimiento y los tiempos de refrigerio

A diferencia del discurso de Pentecostés, Pedro no hace aquí ninguna mención explícita del bautismo en agua ni del don del Espíritu Santo. Su objetivo inmediato consiste ante todo en interpretar la y en demostrar que Jesús es verdaderamente el Mesías anunciado por Moisés y los profetas (Deuteronomio 18.15; Hechos 3.22-24).

Insiste también en la necesidad del arrepentimiento para que los pecados sean borrados y lleguen los tiempos de refrigerio anunciados por Dios (Hechos 3.19-21).

4- El impacto del discurso

Lucas no relata con la misma precisión los resultados inmediatos de esta segunda predicación que los del discurso de Pentecostés. Es, además, posible que una parte importante del auditorio ya hubiera oído a Pedro unos días antes y se hubiera unido ya a la joven comunidad cristiana (Hechos 2.41).

Sin embargo, la rápida reacción de las autoridades religiosas, que hacen arrestar a Pedro y a Juan (Hechos 4.1-3), muestra que este nuevo discurso tuvo un impacto considerable. En efecto, Lucas precisa que «muchos de los que habían oído la palabra creyeron» y que el número total de los creyentes alcanzaba entonces unos cinco mil hombres (Hechos 4.4).

Es, pues, verosímil que esta segunda predicación contribuyera de manera significativa al crecimiento de la Iglesia de Jerusalén, sin que sea posible determinar con precisión cuántos nuevos creyentes se añadieron en esta ocasión.

5- Pedro y Juan, dos colaboradores inseparables

Juan acompaña a Pedro a lo largo de todos estos acontecimientos, pero Lucas no relata ninguna palabra suya. Este silencio no significa, sin embargo, que permanezca inactivo. Las consideran claramente a Pedro y a Juan como protagonistas inseparables de esta obra misionera y los harán comparecer juntos ante el (Hechos 4.13).

Desde los Evangelios, estos dos discípulos aparecen con frecuencia asociados (San Lucas 22.8; Juan 20.2-8), y el libro de los Hechos confirma esta estrecha colaboración.

Lucas no precisa más dónde se encuentran los demás apóstoles ni los ciento veinte discípulos mencionados anteriormente (Hechos 1.15). El relato se concentra esencialmente en Pedro y Juan, sin excluir por ello la presencia de otros creyentes en las cercanías. Este enfoque literario permite a Lucas poner de relieve el papel particular desempeñado por estos dos hombres en los primeros tiempos de la Iglesia.

6- Milagros al servicio de la predicación

Los relatos de Lucas muestran que los milagros se convierten regularmente en ocasiones para proclamar el Evangelio. Nunca constituyen un fin en sí mismos, sino que atraen la atención de las multitudes para conducirlas hacia el Mesías Jesús.

Pedro aparece naturalmente como el principal portavoz del grupo apostólico, papel que ya desempeñaba durante el ministerio terrenal del Señor (San Mateo 16.16; Juan 6.68-69).

7- Una continuidad con la predicación de los profetas

El llamado al arrepentimiento no tenía nada de nuevo para los oyentes judíos. Esta noción pertenecía desde hacía mucho tiempo a la espiritualidad de Israel y ocupaba un lugar importante en la enseñanza de los profetas (Isaías 55.7; Joel 2.12-13). El mismo Juan el Bautista había retomado este tema al comienzo de su ministerio (San Mateo 3.1-2).

Los oyentes de Pedro no se sorprendían, pues, en absoluto de oír este llamado a volverse hacia Dios. La verdadera novedad residía en otra parte: el fundamento de la salvación ya no se buscaba en los sacrificios del Templo, sino en la persona misma de Jesucristo.

Pedro presenta en adelante al Mesías crucificado y resucitado como el cumplimiento de las promesas hechas a los patriarcas y a los profetas (Hechos 3.25-26). Así, la predicación apostólica se inscribe en la continuidad del judaísmo bíblico e inaugura al mismo tiempo una etapa nueva en la historia de la salvación, centrada en la persona y la obra redentora del Señor Jesucristo.

8- Un auditorio esencialmente judío

El segundo discurso de Pedro se dirige manifiestamente a un auditorio esencialmente judío. Pronunciado en el recinto del Templo, se apoya enteramente en las Escrituras de Israel y recurre a referencias familiares para los judíos del siglo primero.

Pedro se dirige a sus compatriotas como a los herederos de las promesas hechas a Abraham y a los profetas. Su objetivo no es hacerles descubrir al Dios de Israel, a quien ya conocen, sino demostrarles que Jesús de Nazaret es el Mesías anunciado desde hacía mucho tiempo y que es en él donde las promesas del pacto encuentran en adelante su cumplimiento (Hechos 3.25-26).


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