• La relación personal del discípulo con su Señor

    La perícopa 116 explora la relación personal entre el discípulo y su Señor a partir de Mateo 11.25-30 y Lucas 10.21-24. Tras condenar a las ciudades incrédulas, Jesús se alegra de que los humildes comprendan su palabra allí donde los sabios fracasan. Afirma su filiación divina e invita a todos los cansados a acudir a él, prometiendo descanso y mansedumbre bajo su yugo compartido, en contraposición a las cargas impuestas por los fariseos.

    San Lucas 10.21-24 (Reina-Valera 1909) :
    En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.
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