PER357

La muerte del Mesías Jesús

La perícopa PER357 analiza la muerte de Jesús en la cruz en el Gólgota, el viernes 1 de abril del año 33, hacia las 15 h, a partir de los cuatro relatos evangélicos. Mateo y Marcos son muy cercanos; Lucas relata las últimas palabras de Jesús y la reacción del centurión; Juan, testigo directo, precisa los acontecimientos posteriores a la muerte y su cumplimiento profético. El artículo incluye una cronología precisa de los tres días y tres noches según el calendario judío.

20 min muerte de Jesús crucifixión Gólgota Pasión sinopsis 29 versículos 8 libros

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Textos bíblicos

Mateo
San Mateo 27.46-50 (Reina-Valera 1909)

Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama éste.

Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la hinchió de vinagre, y poniéndola en una caña, dábale de beber.

Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías á librarle.

Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu.

Marcos
Marcos 15.34-37 (Reina-Valera 1909)

Y á la hora de nona, exclamó Jesús á gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Y oyéndole unos de los que estaban allí, decían: He aquí, llama á Elías.

Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dió á beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías á quitarle.

Mas Jesús, dando una grande voz, espiró.

Lucas
San Lucas 23.46-48 (Reina-Valera 1909)

Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.

Y como el centurión vió lo que había acontecido, dió gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos.

Juan
Juan 19.28-30 (Reina-Valera 1909)

Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.

Y estaba allí un vaso lleno de vinagre: entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada á un hisopo, se la llegaron á la boca.

Y como Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, dió el espíritu.

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: El monte Gólgota

Fecha: el viernes 1 de abril, hacia las 15:00

Modo de proceder: Seguimos siempre a Lucas

Nota sobre el modo de proceder: Mateo y Marcos, y también Juan, confirman esta información

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras del viernes

Los discípulos presentes, protegidos por la noche, se acercaron y oyeron las últimas palabras de su Maestro.

Detalles cronológicos, según nuestras conclusiones:

_24 Todos estos miembros del pueden ahora participar en la fiesta familiar de la Pascua, con el ánimo sereno tras lo que consideran una magnífica victoria. ¡Pero los acontecimientos no van a desarrollarse como ellos imaginaban!

_25 Desde aproximadamente el mediodía hasta las 15 h, hay tinieblas sobre la región de Jerusalén. San Mateo 27.45 ; Marcos 15.33 ; San Lucas 23.44.

_26 La muerte en la cruz tiene lugar el viernes 1 de abril del año 33, hacia las 15 h, según los Evangelios. Ocurre antes del final de esta noche extraordinaria. Los tres días y tres noches comienzan con esta noche, como lo establece el calendario judío.

Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.

Comentario:

Los relatos de Mateo y de Marcos son muy cercanos y refieren sustancialmente los mismos acontecimientos (San Mateo 27.45-50; Marcos 15.33-37). Precisan, en particular, que Jesús acepta finalmente beber el vinagre que se le ofrece, aunque antes había rechazado la bebida mezclada con mirra destinada a mitigar el sufrimiento (San Mateo 27.34; Marcos 15.23). Juan, testigo directo de la escena, confirma también este detalle en su propio relato (Juan 19.28-30).

Lucas relata un testimonio globalmente conforme, poniendo el acento en ciertos elementos particulares. Cita otra palabra pronunciada por Jesús en el momento de su muerte: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (San Lucas 23.46). Destaca también la reacción del romano que, conmovido por los acontecimientos, reconoce la inocencia del crucificado: «Verdaderamente este hombre era justo» (San Lucas 23.47). Por último, Lucas añade que varios espectadores se marchan golpeándose el pecho, señal de pesar, de temor o de arrepentimiento (San Lucas 23.48).

Como suele ocurrir, es Juan quien aporta informaciones complementarias que los otros evangelistas pasan por alto. Su relato permite comprender mejor los acontecimientos que siguen inmediatamente a la muerte del Mesías Jesús.

Las autoridades religiosas judías quieren, en efecto, que los cuerpos no permanezcan expuestos en las cruces después de la puesta del sol. La fiesta que comienza esa tarde reviste un carácter particularmente solemne, pues el que sigue a la Pascua es calificado de «gran día» (Juan 19.31). Conforme a las prescripciones de la Ley (Deuteronomio 21.22-23), piden, por tanto, a Pilato que los condenados sean rematados con rapidez y que sus cuerpos sean retirados antes del comienzo de la fiesta.

Para acelerar su muerte, los soldados quiebran las piernas de los dos bandidos crucificados con Jesús (Juan 19.32). Esta práctica impedía a los condenados apoyarse para respirar y provocaba rápidamente la asfixia.

Sin embargo, cuando llegan junto a Jesús, comprueban con sorpresa que ya está muerto (Juan 19.33). No es, pues, necesario quebrarle las piernas. Para asegurarse de la realidad de su muerte, uno de los soldados le atraviesa, no obstante, el costado con una lanza, y de allí sale enseguida sangre y agua (Juan 19.34).

Juan concede una importancia particular a este detalle, pues ve en él el cumplimiento de varias profecías. Por una parte, ningún hueso del Mesías es quebrado, conforme a las prescripciones relativas al cordero pascual (Exodo 12.46; Números 9.12). Por otra parte, la lanzada recuerda la profecía de Zacarías: «Mirarán a mí, a quien traspasaron» (Zacarías 12.10; Juan 19.37).

Juan insiste, además, en el valor de su testimonio. Presente al pie de la cruz (Juan 19.25-27), relata lo que vio personalmente y afirma la veracidad de su relato (Juan 19.35). Esta escena dramática quedará grabada en su memoria hasta el final de su vida.

A diferencia de los otros evangelistas, no vuelve sobre las tinieblas que cubrieron el país durante varias horas. Su objetivo es otro: desea completar los relatos ya conocidos aportando detalles que juzga esenciales para la comprensión de los acontecimientos.

Según nuestra hipótesis, Jesús entrega su espíritu durante esta oscuridad sobrenatural o inmediatamente al terminar. Los testigos presentes disponen entonces de pocos elementos visuales para constatar lo que acaba de ocurrir, pues el país sigue sumido en las tinieblas (San Mateo 27.45; Marcos 15.33; San Lucas 23.44-45).

Cuando la luz reaparece poco a poco, los observadores no pueden sino constatar la realidad: el Mesías Jesús ha muerto. Aquel que había anunciado su propia muerte y su resurrección acaba de consumar su sacrificio. El silencio sucede entonces a los gritos, mientras comienzan los acontecimientos que conducirán a su sepultura.