Estamos ante una mujer excepcional, muy distinta de la imagen difundida de una adolescente algo ingenua y pasiva ante los acontecimientos. Escucha, comprende, sabe, se somete, cree, ve y permanece discreta, considerándose un simple instrumento en manos de la única Autoridad Suprema, Dios.
Ve a Dios como el señor de la Historia, la de la humanidad y, por consiguiente, la del pueblo judío, y reconoce que es él quien la guía y organiza para que sus planes se realicen. Ella se integra en ese designio.
El nombre «Magníficat» procede de las primeras palabras pronunciadas por María: «Mi alma engrandece». La elección de María para llevar al Mesías en su seno parece acertada. Posee todas las virtudes necesarias para cumplir esta misión. María es una mujer notable e incluso admirable, que después volverá a una vida normal.