Las palabras de Zacarías despiertan nuestra curiosidad. Predice con exactitud la futura misión de su hijo, que será el Profeta del Señor, destinado a preparar la llegada de Jesús, el Mesías. Juan asumirá la función de precursor, encarnando así al Mesías sacerdotal.
Se menciona que se refiere al Mesías real, aunque este aún no ha venido al mundo. Sería totalmente inconcebible que diera detalles sobre el embarazo de María, que entonces se encontraba en su tercer mes.
La plena luz del designio divino se manifiesta en el pensamiento de Zacarías y en su himno, inspirado por el Espíritu Santo. ¡Nos revela la totalidad del plan de Dios!
Con la información de María, Zacarías comprende que el plan divino se realiza ante sus ojos. Los dos personajes importantes esperados por el pueblo judío entran en la escena política: Juan, el Mesías sacerdotal, y Jesús, el Mesías real.
María comprende que forma parte integrante de este plan que se desarrolla perfectamente. Las profecías, que habían suscitado muchas esperanzas y parecían tardar en cumplirse, comienzan a realizarse. Según nuestro análisis, probablemente presencia este feliz acontecimiento junto con su familia, que había acudido al Templo para la fiesta de la Pascua.
María memoriza todas las palabras de Zacarías y se las comunica a Lucas. ¡Nadie podría olvidar un acontecimiento así!
Tras la muerte de sus padres, ya ancianos cuando él nació, Juan abandona el hogar paterno para llevar una vida de ermitaño en los desiertos de la región donde más adelante ejercerá su función de Mesías sacerdotal.
Este ministerio comenzará en abril del año 26, conforme a las indicaciones del profeta Daniel 9.26-27. Según nuestra interpretación, la excepcional notoriedad de Juan exige un ministerio de 3,5 años, también de acuerdo con la información de Daniel 9.24-27.
Volveremos a encontrarlo más adelante en el bautismo de Jesús, el Mesías.