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La cronología de la vida del Mesías

El artículo explora la cronología de la vida de Jesús a través de una serie de estudios centrados en la profecía de Daniel. Cada estudio se articula en torno a datos bíblicos e históricos para proponer reconstrucciones precisas de acontecimientos importantes. Con una metodología original, el análisis cuestiona las fechas aceptadas por la investigación contemporánea, apoyándose en una exégesis atenta y rigurosa.

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Introducción

El conjunto de estos trabajos forma un análisis coherente que busca reconstruir, con la mayor precisión posible, el encadenamiento de los acontecimientos relatados en los Evangelios.

Esta serie reúne diferentes estudios dedicados a la cronología de la vida del Mesías Jesús. Los hemos agrupado en una misma categoría para facilitar la comprensión de nuestro planteamiento y de nuestros análisis. En efecto, varios elementos se tratan en estudios distintos pero complementarios. Su agrupación en la categoría titulada «Cronología de la vida de Jesús» permite así seguir con mayor claridad el desarrollo de nuestra argumentación y la lógica de nuestras conclusiones.

El lector podrá sorprenderse al encontrar, en diversos momentos de estos estudios, precisiones cronológicas que llegan a veces hasta el día exacto. Aunque se trata de hipótesis basadas en conversiones de calendarios y en reconstrucciones históricas, estas propuestas se apoyan, no obstante, en datos concretos, históricos y bíblicos, cuidadosamente examinados.

Hemos estudiado las principales tesis existentes sobre la cronología de la vida de Jesús, sin pretender reproducir íntegramente ninguna de ellas. El presente trabajo expone ante todo el resultado de nuestras propias investigaciones, fundadas en el análisis de los textos bíblicos, de los datos históricos y de los calendarios antiguos.

Este planteamiento nos ha llevado a veces a situar ciertos acontecimientos importantes en fechas distintas de las que acepta habitualmente una parte de la investigación contemporánea. Conscientes del carácter hipotético de algunas reconstrucciones cronológicas, hemos optado no obstante por seguir un enfoque que nos parece más coherente con el conjunto de los datos bíblicos disponibles. La génesis de este estudio se remonta en particular a las profecías del libro de Daniel (Daniel 9.24-27), redactadas en el siglo VI a. C. por un estadista y profeta que sirvió a varios soberanos.

Nuestro planteamiento parte del postulado de que las Escrituras no contienen ni contradicción ni error real. La dificultad reside, pues, principalmente en la correcta comprensión de los textos, del contexto histórico y de la intención de los autores bíblicos.

A lo largo de estos estudios, seremos llevados progresivamente a proponer fechas para los principales acontecimientos de la vida pública del Mesías Jesús: su nacimiento, su bautismo, el comienzo de su ministerio, su crucifixión, su resurrección y otros acontecimientos importantes anunciados por las profecías bíblicas (San Lucas 3.1-3; Juan 19.14-18; 1 Corintios 15.3-4). El lector podrá así seguir paso a paso el recorrido de la demostración y juzgar por sí mismo la coherencia y la pertinencia de las conclusiones propuestas.

Presentaremos ahora un resumen de los nueve estudios que componen esta categoría titulada: «Cronología de la vida de Jesús».

CHR001: El profeta Daniel

Quizá le sorprenda ver que, en un estudio dedicado a la cronología de la vida del Mesías Jesús, concedamos un lugar importante a los escritos de un hombre que vivió en el siglo VI a. C. Sin embargo, el estudio de las Escrituras pone de manifiesto una característica fundamental de la Biblia: la presencia de textos proféticos que anuncian acontecimientos futuros con una precisión a veces notable (Daniel 2.28; Amós 3.7; 2 Pedro 1.19-21). El libro de Daniel constituye, en este sentido, un ejemplo particularmente significativo, en especial por las visiones de los reinos sucesivos y la profecía de las setenta semanas (Daniel 2.31-45; Daniel 7.1-28; Daniel 9.24-27).

Consideramos que Dios, que conoce el futuro y dirige la historia de las naciones, ha revelado en ciertos períodos informaciones destinadas no solo a los contemporáneos de los profetas, sino también a las generaciones futuras (Isaías 41.22-23; Isaías 46.9-10). Las profecías bíblicas no se limitan, pues, a simples exhortaciones espirituales; participan también en la demostración de la soberanía de Dios sobre el desarrollo de la historia humana (Daniel 4.20).

En este estudio analizamos varios pasajes del libro de Daniel para comprender mejor su alcance profético y su posible cumplimiento en la historia. Se presta una atención particular a la profecía de las setenta semanas, considerada a menudo uno de los textos cronológicos más importantes del Antiguo Testamento (Daniel 9.24-27). Según nuestra comprensión, esta profecía presenta correspondencias especialmente interesantes con los acontecimientos de la vida pública del Mesías Jesús, su muerte y las circunstancias históricas que rodeaban a Jerusalén.

Los resultados de este análisis resultan notables cuando se ponen en paralelo con los datos históricos, calendarios y evangélicos. Las profecías de Daniel presentan, en efecto, una coherencia cronológica y teológica que merece un estudio profundo, tanto en el plano histórico como en el bíblico.

Por ello hemos emprendido también un análisis completo del libro de Daniel, capítulo por capítulo, examinando el contexto histórico, los datos proféticos, los aspectos lingüísticos y las diferentes interpretaciones propuestas a lo largo de la historia. Podrá encontrar todo este trabajo en la categoría titulada: «La revelación de Daniel ».

II. El segundo estudio CHR002: La explicación de las 70 semanas de Daniel

CHR002: La explicación de las 70 semanas de Daniel

Con este estudio entramos con más detalle en el análisis del pasaje de Daniel 9.24-27, que anuncia un período profético de setenta semanas que se extiende entre un decreto que autoriza la reconstrucción de Jerusalén y la venida y posterior rechazo del Mesías. Esta profecía ocupa un lugar central en el estudio cronológico de las Escrituras, pues vincula acontecimientos históricos precisos con el cumplimiento del plan de Dios, revelado varios siglos antes.

Un anuncio así reviste una importancia considerable. En efecto, Daniel afirma transmitir una revelación recibida de Dios por medio del ángel Gabriel (Daniel 9.21-23). Desde entonces, el alcance de esta profecía sobrepasa con mucho la persona del propio profeta: lo que está en juego es la credibilidad de la revelación divina. Si esta palabra procede verdaderamente de Dios, su cumplimiento debe poder observarse de manera coherente y significativa en la historia (Isaías 41.21-23; Isaías 46.9-10).

En el transcurso de este estudio mostraremos que las palabras de Daniel presentan una notable coherencia cronológica e histórica. Los acontecimientos vinculados a la venida del Mesías Jesús parecen corresponder, en efecto, con precisión al marco profético anunciado varios siglos antes. El propio Jesús recordó a sus discípulos que las Escrituras anunciaban de antemano sus sufrimientos y su gloria futura (San Lucas 24.25-27; San Lucas 24.44). Asimismo, el Evangelio de Juan subraya que las Escrituras dan testimonio del Mesías (Juan 5.39).

Examinaremos también las dos grandes corrientes de interpretación relativas a esta profecía, presentando sus principales argumentos y sus implicaciones cronológicas. Se prestará una atención particular a la elección del decreto que sirve de punto de partida, a la duración exacta de los períodos mencionados por Daniel y a los métodos de cálculo utilizados para establecer las correspondencias históricas.

Por último, explicaremos las razones que nos llevan a privilegiar un enfoque particular, basado en el análisis conjunto de los textos bíblicos, del contexto histórico, de los datos calendarios y de los usos del calendario judío antiguo. Nuestro objetivo no es solo proponer una cronología teórica, sino examinar en qué medida las profecías de Daniel encuentran un cumplimiento coherente en la historia de la vida del Mesías Jesús (San Mateo 5.17).

CHR003: El calendario judío

Hemos incluido este estudio en la categoría dedicada a la cronología, porque nos parece esencial comprender las sutilezas del calendario judío antiguo. En efecto, la manera en que los judíos calculaban los días, los meses y los años difiere sensiblemente de nuestras prácticas modernas. El día comenzaba al ponerse el sol (Génesis 1.5; Levítico 23.32), los meses empezaban con la aparición de la primera luna creciente, y los años se ajustaban para mantener las fiestas en su estación respectiva (Exodo 12.2; Deuteronomio 16.1).

Aunque los convertidores de fechas modernos permiten obtener correspondencias con nuestro calendario gregoriano o juliano, a veces resultan necesarias ciertas correcciones o ajustes para respetar lo mejor posible los usos y las limitaciones calendarias de la época. Estas herramientas se basan principalmente en cálculos astronómicos teóricos, mientras que el calendario antiguo dependía también de observaciones concretas, en especial de la visibilidad de la luna y del mantenimiento de la Pascua en primavera.

Debemos reconocer, sin embargo, que ninguna prueba histórica definitiva permite confirmar con certeza todas las propuestas cronológicas presentadas en este estudio. Nuestras reconstrucciones consisten ante todo en aplicar, de la manera más coherente posible, los principios enunciados en los textos bíblicos. Esto no significa, sin embargo, que podamos afirmar con certeza que las de esa época aplicaran sistemáticamente estas reglas exactamente como las entendemos hoy.

No obstante, esta hipótesis sigue siendo plausible si se tiene en cuenta la importancia que el pueblo judío concedía a la observancia de la Ley y al respeto de las prescripciones de la (Deuteronomio 4.1-2; Salmos 119.160). Las fiestas religiosas ocupaban un lugar central en la vida espiritual de Israel, lo que hace probable una atención particular a la gestión del calendario sagrado (Juan 7.2; San Lucas 22.1).

IV. El cuarto estudio CHR004: La fecha exacta del decreto

CHR004: La fecha exacta del decreto

En este estudio buscamos afinar nuestros resultados situando la fecha del 1 de Nisán en el contexto histórico y calendario de la época. Gracias a los convertidores de fechas modernos, hoy es posible establecer correspondencias entre los calendarios hebreo, juliano y gregoriano. Estas herramientas se basan principalmente en cálculos astronómicos precisos, en particular la observación teórica de las lunas nuevas y los ciclos lunares regulares establecidos por la ciencia moderna.

Sin embargo, conviene recordar que el calendario utilizado en la Antigüedad no se basaba únicamente en cálculos matemáticos abstractos. El comienzo de los meses dependía de la observación efectiva de la primera luna creciente visible (Génesis 1.14), mientras que la eventual adición de un mes intercalar tenía por objeto mantener la celebración de la Pascua en primavera, conforme a las prescripciones de la Ley (Exodo 12.2; Deuteronomio 16.1). Este desfase entre el año lunar y el año solar exigía, pues, en ciertos períodos, la adición de un decimotercer mes para evitar una deriva progresiva de las fiestas bíblicas.

Parece, pues, probable que en el año 458 a. C. las autoridades babilónicas o los responsables judíos en el exilio añadieran un mes suplementario para realinear el calendario lunar con el ciclo solar. Tal decisión permitía, en particular, garantizar que el mes de Nisán permaneciera después del equinoccio de primavera, condición esencial para la celebración de la Pascua en su marco estacional tradicional (Exodo 13.4; Ester 3.7).

Este dato reviste una importancia particular en el estudio cronológico de las profecías de Daniel (Daniel 9.24-27), pues una simple variación de un mes en el calendario antiguo puede modificar de manera significativa las correspondencias establecidas con nuestros calendarios modernos.

V. El quinto estudio CHR005: Cálculo de las fechas relativas a la vida del Mesías Jesús

CHR005: Cálculo de las fechas relativas a la vida del Mesías Jesús

En este estudio buscamos determinar las fechas más precisas posibles de los grandes acontecimientos que marcaron la vida del Mesías Jesús. Para ello examinamos el conjunto de los pasajes evangélicos que contienen indicaciones cronológicas, en particular los de Lucas, que sitúa con frecuencia los acontecimientos en su contexto histórico (San Lucas 1.5; San Lucas 2.1-2; San Lucas 3.1-2). Tendremos en cuenta también las precisiones proporcionadas por Mateo, Marcos y Juan, cuyos relatos aportan elementos complementarios indispensables para una reconstrucción coherente de la cronología evangélica.

Nuestro planteamiento consiste en mostrar que estas informaciones, lejos de ser aproximadas o contradictorias, presentan una coherencia histórica y cronológica creíble cuando se estudian en su contexto bíblico, histórico y calendario. Partiendo de la fecha supuesta de la muerte del Mesías Jesús (San Mateo 27.62; Juan 19.31), remontaremos progresivamente el curso de los acontecimientos para examinar la fecha de su bautismo, el comienzo del ministerio de Juan el Bautista y, después, las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jesús (San Lucas 3.23; San Mateo 2.1).

Este estudio no se basa ni en una opinión personal ni en una supuesta revelación particular. Consiste ante todo en un análisis metódico de los textos bíblicos, confrontados con los datos históricos, astronómicos y calendarios disponibles. Nuestro objetivo es comprender cómo situaron los autores de los Evangelios los acontecimientos que relatan y en qué medida estas indicaciones permiten establecer una cronología coherente.

Algunos lectores quizá se sorprendan por la precisión de los resultados propuestos. Sin embargo, el examen detallado de los textos muestra que no se trata de especulaciones arbitrarias, sino de conclusiones fruto de un trabajo de investigación basado en el estudio atento de las Escrituras, de las prácticas calendarias judías y del contexto histórico del siglo I (San Lucas 1.1-4). Aunque ciertas incertidumbres siguen siendo inevitables debido a la antigüedad de las fuentes, las convergencias observadas parecen lo bastante numerosas para justificar un estudio profundo de esta cronología.

VI. El sexto estudio CHR006: Los «días siguientes» anotados por Juan

CHR006; Los «días siguientes» anotados por Juan

En nuestra investigación para establecer una cronología lo más precisa posible de la vida del Mesías Jesús, hemos prestado una atención particular a las informaciones transmitidas por el apóstol Juan. En efecto, su Evangelio completa a menudo los relatos sinópticos aportando precisiones cronológicas, geográficas y contextuales que Mateo, Marcos y Lucas no siempre consideraron útil desarrollar. El ministerio de Jesús en Judea constituye, en este sentido, un ejemplo particularmente significativo (Juan 3.22-24; Juan 4.1-3).

Hemos estudiado en particular el desarrollo de los acontecimientos inmediatamente después del bautismo del Mesías Jesús. En los primeros capítulos de su Evangelio, Juan utiliza en varias ocasiones indicaciones temporales precisas como «el día siguiente» (Juan 1.29; Juan 1.35; Juan 1.43) y luego «al tercer día» (Juan 2.1). Estas referencias cronológicas presentan un interés particular, pues permiten seguir la sucesión de los acontecimientos que marcaron el comienzo del ministerio público de Jesús.

El análisis atento de estas indicaciones, confrontadas con los relatos de los Evangelios sinópticos, permite proponer una cronología coherente e históricamente plausible de los hechos ocurridos después del bautismo de Jesús, en particular el período de tentación en el desierto, los primeros testimonios de Juan el Bautista, el llamamiento de los primeros discípulos y las (San Mateo 4.1-11; Marcos 1.12-13; San Lucas 4.1-13; Juan 2.1-11).

Algunos lectores quizá se sorprendan al comprobar que es posible, a partir de estos diferentes datos, reconstruir una secuencia cronológica relativamente detallada. Sin embargo, este planteamiento se basa únicamente en el estudio de los textos bíblicos y en la búsqueda de una armonización coherente entre los distintos testimonios evangélicos.

Por supuesto, no pretendemos disponer de pruebas absolutas que confirmen cada detalle de esta reconstrucción. Algunas etapas siguen siendo necesariamente hipotéticas debido al carácter a veces sintético de los relatos evangélicos. Sin embargo, el examen atento de los textos muestra que es posible comprender el desarrollo general de los acontecimientos sin concluir que haya contradicciones entre los Evangelios. Al contrario, las diferencias observadas aparecen a menudo como complementos de información que reflejan los objetivos particulares de cada autor inspirado (San Lucas 1.1-4; Juan 20.30-31).

VII. El séptimo estudio CHR007: La fecha del nacimiento de Jesús

CHR007: La fecha del nacimiento de Jesús

Todo el mundo conoce tradicionalmente la fecha del nacimiento de Jesús, puesto que este acontecimiento se sigue celebrando cada año el 25 de diciembre. Sin embargo, esta fecha se basa ante todo en una tradición eclesiástica tardía y no en una indicación explícita de los Evangelios. Los textos bíblicos no dan, en efecto, ninguna fecha precisa para el nacimiento del Mesías Jesús (San Mateo 1.18-25; San Lucas 2.1-7).

El año del nacimiento de Jesús plantea también varias dificultades históricas. Numerosos investigadores estiman que no nació en el año 1 de nuestro calendario, sino varios años antes, a menudo entre el 6 y el 4 a. C., principalmente por la fecha que se acepta tradicionalmente para la muerte de Herodes el Grande (San Mateo 2.1). Esta situación conduce con frecuencia a la afirmación paradójica de que Jesús habría «nacido antes de Jesucristo».

Este estudio es el resultado de análisis profundos de los datos bíblicos, históricos y calendarios. Las conclusiones a las que llegamos nos llevan a reexaminar varias ideas comúnmente admitidas sobre la cronología del nacimiento del Mesías. Remontaremos progresivamente el curso de los acontecimientos para comprender lo que realmente sucedió, confrontando las indicaciones de los Evangelios con las informaciones históricas disponibles.

Nuestro planteamiento se basa ante todo en la búsqueda de una coherencia global entre los textos bíblicos y los acontecimientos históricos. Las precisiones dadas por Lucas sobre las autoridades políticas de la época (San Lucas 1.5; San Lucas 2.1-2; San Lucas 3.1-2), las informaciones relativas al reinado de Herodes (San Mateo 2.1) y los elementos cronológicos vinculados a la profecía de Daniel (Daniel 9.24-27) constituyen referencias importantes para este estudio.

Este trabajo lleva así a cuestionar ciertas fechas presentadas a menudo como certezas históricas, cuando en realidad se basan en hipótesis discutidas desde hace mucho tiempo por historiadores y exegetas. Otros enfoques, a veces menos conocidos, merecen también ser examinados con atención cuando su coherencia con los datos bíblicos resulta significativa.

Las conclusiones propuestas en este estudio podrán sorprender a algunos lectores. Sin embargo, invitamos a cada uno a examinar atentamente la argumentación desarrollada, así como la coherencia de las informaciones transmitidas por los Evangelios. Nuestro objetivo no es defender a toda costa una teoría original, sino buscar la comprensión más coherente posible de los acontecimientos a partir de los propios textos bíblicos.

En este planteamiento, concedemos una importancia particular a los testimonios de los autores bíblicos, en especial Lucas y Daniel, que presentan sus relatos como fundados en investigaciones serias y en revelaciones inspiradas (San Lucas 1.1-4; Daniel 7.28). Buscamos así comprender la historia a la luz de las Escrituras, y no adaptar sistemáticamente las Escrituras a las reconstrucciones históricas modernas.

VIII. El octavo estudio CHR008: La muerte del rey Herodes el Grande

CHR008: La muerte del rey Herodes el Grande

Durante mucho tiempo consideramos una referencia histórica incuestionable la afirmación de que el rey Herodes el Grande habría muerto en el año 4 a. C. Esta fecha es hoy ampliamente aceptada en numerosas obras históricas y exegéticas. Durante mucho tiempo, por tanto, la aceptamos sin cuestionarla realmente. Sin embargo, al confrontar esta cronología con las indicaciones proporcionadas por los Evangelios, en particular las de Lucas, y con los datos proféticos del libro de Daniel, aparecieron varias dificultades (San Lucas 1.5; San Lucas 2.1-2; Daniel 9.24-27).

Se propusieron entonces diversos ajustes cronológicos para resolver estas tensiones: hipótesis sobre las fechas de reinado, correinados imperiales, ajustes calendarios o interpretaciones simbólicas de ciertos períodos proféticos. Sin embargo, a pesar de estos intentos, subsistían numerosas incoherencias. Las diferentes piezas del rompecabezas cronológico parecían encajar con dificultad de manera satisfactoria.

Comprobamos que, al retirar temporalmente la restricción impuesta por la fecha tradicional de la muerte de Herodes, varias informaciones bíblicas recobraban una coherencia notable. El principal punto de bloqueo seguía siendo, por tanto, esa famosa fecha del 4 a. C.

Emprendimos entonces un examen más atento de las fuentes históricas en que se origina esta afirmación. La primera sorpresa fue comprobar que esta datación no se basa en una inscripción oficial ni en una prueba arqueológica directa, sino principalmente en una interpretación de los escritos del historiador judío Flavio Josefo. La fecha del 4 a. C. se deduce de varios elementos cronológicos presentes en sus obras, en particular los acontecimientos que rodearon la muerte de Herodes y el eclipse lunar mencionado poco antes de su fallecimiento.

Parece, pues, que esta cronología, aunque ampliamente admitida, sigue siendo ante todo una reconstrucción histórica. Ahora bien, algunos investigadores han propuesto también otra posibilidad: una muerte de Herodes en el año 1 a. C. Con esta hipótesis, varias dificultades cronológicas parecen atenuarse, y las indicaciones dadas por Lucas, así como ciertas interpretaciones de la profecía de Daniel, recobran una coherencia más natural (San Lucas 3.1-3; San Lucas 3.23).

Este estudio presenta, pues, el resumen de nuestras investigaciones sobre esta cuestión. Nuestro objetivo no es imponer una certeza absoluta, sino mostrar que también puede considerarse, a partir de los textos de Flavio Josefo, una datación de la a. C. Esta hipótesis nos parece especialmente interesante, porque permite armonizar con mayor facilidad los datos históricos con las indicaciones bíblicas relativas al nacimiento y al ministerio del Mesías Jesús.

Queremos precisar también que nuestro planteamiento no consiste ni en forzar los textos ni en modificar artificialmente las informaciones históricas disponibles. Reconocemos de buen grado que la hipótesis de una a. C. suscita todavía varias cuestiones debatidas entre los historiadores. Sin embargo, conviene recordar también que la datación tradicional del 4 a. C. presenta asimismo dificultades y requiere ciertas interpretaciones o suposiciones para mantenerse.

Así, este estudio no pretende cerrar el debate, sino simplemente invitar a reexaminar con atención los datos históricos y bíblicos disponibles, con el deseo de buscar una cronología coherente y respetuosa con los textos.

IX. El noveno estudio CHR009: La fecha de la muerte de Jesús

CHR009: La fecha de la muerte de Jesús

La fecha de la muerte del Mesías Jesús es objeto de numerosos debates entre los historiadores y los especialistas en los Evangelios. Las indicaciones cronológicas proporcionadas por los textos bíblicos llevan generalmente a retener dos posibilidades principales: el viernes 7 de abril del año 30 o el viernes 1 de abril del año 33. Ambas fechas corresponden, en efecto, a una crucifixión ocurrida un viernes, víspera de un especialmente importante ligado a la fiesta de la Pascua (Juan 19.14; Juan 19.31; Marcos 15.42).

Los Evangelios precisan que Jesús murió el día de la preparación, antes del comienzo del (San Mateo 27.62; San Lucas 23.54). Además, la crucifixión tiene lugar durante el período de la Pascua judía (Juan 18.28; Juan 19.14). Teniendo en cuenta los datos calendarios y astronómicos relativos al calendario judío antiguo, pocas fechas responden a estos criterios en el período correspondiente al gobierno de Poncio Pilato (San Lucas 3.1).

Nos encontramos, pues, ante dos posibilidades principales, que conviene examinar con atención. Es necesario entonces no solo justificar la elección que se hace, sino también comprender las razones que llevan a otros investigadores a privilegiar una solución diferente.

En este estudio exponemos con detalle los elementos que nos llevan a privilegiar el año 33 para la crucifixión del Mesías Jesús. Presentamos en particular los argumentos tomados de los Evangelios, de la cronología del ministerio de Juan el Bautista (San Lucas 3.1-3), de las diferentes Pascuas mencionadas en el Evangelio de Juan (Juan 2.13; Juan 6.4; Juan 11.55), así como de la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9.24-27).

Sin embargo, explicamos también las razones que llevan a algunos investigadores a retener el año 30. Varios elementos históricos y cronológicos se interpretan, en efecto, de manera distinta según los enfoques adoptados, en particular en lo que se refiere a la fecha de la muerte del rey Herodes el Grande. La elección de una muerte de Herodes en el 4 a. C. o en el 1 a. C. influye directamente en la cronología del nacimiento de Jesús y, por consiguiente, en toda la cronología de su ministerio público.

En este estudio nos esforzamos por presentar los argumentos de la manera más honesta y rigurosa posible. Nuestro planteamiento no consiste en forzar la interpretación de los textos para defender una teoría preestablecida, sino en examinar atentamente las informaciones que proporcionan las Escrituras. Buscamos primero comprender los datos bíblicos en su propio contexto y después ver cómo pueden integrarse de manera coherente en la historia secular.

En efecto, consideramos que no existen dos historias distintas —la de la Biblia y la del mundo—, sino una sola realidad histórica. Los acontecimientos relatados en las Escrituras deben, pues, poder encontrar su lugar en el marco general de la historia humana (San Lucas 1.1-4).

Conclusión

Quizá algunos lectores consideren que vamos demasiado lejos en nuestras investigaciones cronológicas, o que un cierto misterio debería rodear necesariamente los relatos bíblicos. Por nuestra parte, hemos elegido otro enfoque, más exigente, que consiste en considerar los relatos de los Evangelios como testimonios arraigados en una realidad histórica (San Lucas 1.1-4; Juan 19.35).

Según nuestra comprensión, los autores bíblicos describen acontecimientos reales vividos por hombres y mujeres que se movieron en un contexto histórico preciso. Los desplazamientos, la duración de los viajes, las fiestas religiosas, las estaciones y las limitaciones geográficas formaban parte integrante de su vida cotidiana. Así, María y José tuvieron que recorrer varios días de camino para ir de Nazaret a Belén (San Lucas 2.1-5). Este viaje se desarrolló en las condiciones normales de la época, con las dificultades y limitaciones propias de los desplazamientos del siglo I.

El tiempo transcurría entonces como hoy, en una sucesión real de días, meses y años. Los Evangelios proporcionan además varias referencias cronológicas que permiten seguir el desarrollo del ministerio público del Mesías Jesús. El Evangelio de Juan menciona en particular varias fiestas de la Pascua (Juan 2.13; Juan 6.4; Juan 11.55), lo que permite estimar la duración del ministerio de Jesús y situar ciertos acontecimientos en una cronología más precisa.

Nuestro planteamiento consiste, pues, en reunir el conjunto de las informaciones dispersas en los Evangelios para situarlas en un marco coherente, a la manera de las piezas de un rompecabezas. Esta reconstrucción exige a veces proponer períodos intermedios que los textos no detallan explícitamente. Sin embargo, estas propuestas no pretenden modificar el relato bíblico, sino respetar la lógica humana, las limitaciones de tiempo, los desplazamientos y el encadenamiento natural de los acontecimientos.

Reconocemos, por supuesto, que algunas etapas de esta cronología siguen siendo hipotéticas y que varias cuestiones continúan debatiéndose. No obstante, pensamos que el estudio atento de los textos bíblicos permite poner de manifiesto una notable coherencia entre los relatos evangélicos, los datos históricos y las indicaciones proféticas (Daniel 9.24-27; San Lucas 24.27).

Nuestro objetivo no es, pues, suprimir toda parte de fe o de espiritualidad, sino mostrar que el mensaje bíblico se inscribe también en la historia real de los hombres. Los Evangelios no presentan un relato mitológico desligado del tiempo, sino acontecimientos que sus propios autores consideraban históricos (2 Pedro 1.16; 1 Juan 1.1-3).