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Tres mil personas se convierten

El artículo trata de la conversión de tres mil personas tras el discurso de Pedro. Subraya los desafíos de la joven iglesia, la importancia de la obra del Espíritu Santo y el significado renovado del bautismo cristiano.

15 min conversión predicación Pedro bautismo 21 versículos 7 libros

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Textos bíblicos

Hechos
Hechos 2.41-47 (Reina-Valera 1909)

Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas á ellos aquel día como tres mil personas.

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.

Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes;

Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester.

Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón,

Alabando á Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos.

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: La ciudad de Jerusalén

Fecha: Domingo 22 de mayo

Modo de proceder: Seguimos a Lucas en su segunda obra

Nota sobre el modo de proceder: Esta información se encuentra únicamente en Lucas

Mapa de Jerusalén y su región

El discurso de Pedro tuvo consecuencias de una magnitud inesperada.

1- Un discurso más largo que el referido por Lucas

Lucas mismo precisa que solo ha referido una parte del discurso pronunciado por Pedro. Añade, en efecto: «Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación» (Hechos 2.40). Esta observación da a entender que el apóstol desarrolló aún más ampliamente su argumentación en favor de la condición mesiánica de Jesús y llamó a sus oyentes al arrepentimiento y a la fe.

2- El impacto de la predicación de Pedro

El efecto de esta predicación fue considerable. Los oyentes, profundamente conmovidos por las palabras de Pedro, respondieron favorablemente a su llamado y pidieron recibir el bautismo (Hechos 2.37-41). Esta reacción muestra que el discurso apostólico había alcanzado su objetivo.

Los peregrinos judíos presentes en Jerusalén, ya familiarizados con las Escrituras y nutridos de la esperanza mesiánica, eran particularmente receptivos a una demostración fundada en la Ley, los Salmos y los profetas (Hechos 2.14-36).

3- Un crecimiento inesperado

La afluencia repentina de nuevos creyentes debió de impresionar profundamente a los apóstoles y a los demás discípulos. Privados ya de la presencia física de su Maestro, no podían volverse hacia él para recibir directamente sus instrucciones. Hacerse cargo de una comunidad que acababa de crecer en unas tres mil personas representaba un desafío considerable y marcaba el comienzo de una nueva etapa en la historia de la Iglesia (Hechos 2.41).

En este contexto, la venida del Espíritu Santo se revelaba de inmediato indispensable para guiar espiritualmente a esta asamblea naciente y permitir a los apóstoles cumplir la misión que el Mesías les había confiado (Hechos 1.8 ; Juan 14.26 ; Juan 16.13).

4- Los primeros bautismos cristianos

Parece probable que el grupo de los ciento veinte discípulos se organizara rápidamente para hacer frente a este crecimiento inesperado (Hechos 1.15). Los bautismos administrados aquel día se inscribían en la continuidad de los que practicaba antes Juan el Bautista (Marcos 1.4-5), así como los discípulos de Jesús al comienzo de su ministerio (Juan 3.22 ; Juan 4.1-2).

El bautismo aparece en adelante como la señal visible de la adhesión al mensaje del Evangelio y como la puerta de entrada a esta comunidad nueva.

5- Un nuevo significado del bautismo

La inmersión en sí no tenía nada de inusual para aquellos judíos piadosos. Desde hacía mucho tiempo, las prescripciones del judaísmo preveían diversas abluciones rituales destinadas a simbolizar la purificación (Levítico 15.5-13 ; Marcos 7.3-4). Los numerosos estanques de purificación situados en los alrededores del Templo facilitaban, además, la práctica de estas inmersiones.

Sin embargo, el bautismo cristiano recibía en adelante un significado nuevo. Ya no expresaba solamente una purificación simbólica o una preparación para la venida del Mesías, como en la predicación de Juan el Bautista, sino que estaba asociado al arrepentimiento, al perdón de los pecados y a la obra redentora cumplida por Jesús en su muerte y su resurrección (Hechos 2.38 ; Romanos 6.3-4).

La redención obtenida por el sacrificio de Cristo constituía así el fundamento mismo de este bautismo, una dimensión ausente del ministerio de Juan, que solo preparaba los corazones para la venida del Salvador (San Lucas 3.3-6 ; Juan 1.29).

6- Una Iglesia conducida por el Espíritu Santo

Es verosímil que una parte importante de improvisación caracterizara aquella jornada excepcional. Probablemente nadie, entre los discípulos, había previsto un resultado de tal magnitud. Es precisamente en este contexto donde la acción del Espíritu Santo aparece como esencial.

Todos habían sido llenos del Espíritu Santo al comienzo de aquella jornada extraordinaria (Hechos 2.1-4), y esta presencia divina permitió a toda la comunidad, hombres y mujeres, actuar con sabiduría y con el orden necesario para acoger y acompañar a aquella multitud de nuevos creyentes.

Así, desde sus primeros instantes, la Iglesia manifestó que no descansaba en las solas capacidades humanas, sino en la acción soberana del Espíritu Santo, conforme a la promesa del Señor resucitado (Hechos 1.4-5 ; Zacarías 4.6).

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