Un relato similar se recoge en Marcos 10.46-52 y San Lucas 18.35-43, sobre la curación del ciego Bartimeo cerca de Jericó. Por otra parte, San Mateo 20.29-34 también menciona esta curación, aunque sin nombrar al ciego y precisando que eran dos individuos, algo que ni Marcos ni Lucas habían indicado.
La curación en cuestión tiene lugar en Cafarnaún, lo que descarta toda confusión con la de Bartimeo, situada cerca de Jericó. Es la primera vez que Mateo relata la curación de un ciego. También mencionará otras curaciones, entre ellas las de ciegos, en el marco de su respuesta a Juan el Bautista (San Mateo 11.5, PER113 y PER114).
Parece, pues, esencial para Mateo relatar esta curación para confirmar la a la pregunta de Juan el Bautista.
Dos ciegos siguen a Jesús gritando: «¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!». Llegan a la casa donde se encuentra Jesús. Jesús les pregunta si creen que puede sanarlos, y ellos responden afirmativamente. Toca sus ojos y dice: «Conforme a vuestra fe os sea hecho». Su vista es restablecida al instante. Jesús les encarga estrictamente que no se lo digan a nadie, pero ellos divulgan la noticia por toda la región.
Este pasaje destaca varios elementos importantes:
Reconocimiento de Jesús como Mesías: Al llamar a Jesús «Hijo de David», los ciegos reconocen su título mesiánico, afirmando su creencia de que es el Salvador prometido.
Fe y curación: Jesús insiste en la fe de los ciegos como condición de su curación. Su restablecimiento inmediato confirma el poder de la fe en Jesús.
Obediencia y difusión: A pesar de la orden de Jesús de no decir nada, los hombres sanados no pueden contener su alegría y difunden la noticia, lo que ilustra la dificultad de contener un milagro tan poderoso.
¿Cómo interpretar las palabras del Mesías Jesús cuando pide a los dos ciegos curados que no divulguen este milagro? Parece pertinente considerar que el Mesías Jesús quería evitar que las multitudes acudieran a él únicamente para obtener curaciones físicas.
Su intención era más bien incitar a las personas a descubrir el reino de Dios. Queda claro que Jesús no buscaba gloria personal ni fama como sanador, sino que pretendía ante todo anunciar la salvación del alma.
Aunque la curación de estos ciegos sea una liberación notable, sigue siendo temporal y limitada a la duración de la vida de los individuos afectados. En cambio, la salvación que ofrece el Mesías Jesús se refiere a la vida eterna, que era el corazón de su mensaje. Ofrecía una salvación cuyo valor supera con mucho el de cualquier curación física, incluso el de la resurrección.
El Mesías Jesús quería que las personas que lo rodeaban se concentraran en el objetivo principal, que es el reino de los cielos.