El texto de Mateo aborda una enseñanza sobre los espíritus impuros y parece recopilar varios discursos pronunciados por el Mesías Jesús en diversas ocasiones. Los Evangelios relatan varios episodios en los que el Mesías Jesús expulsa demonios de las personas (San Mateo 8.24-34, Marcos 1.23-26, Marcos 5.1-20, San Lucas 8.2 y San Lucas 4.41).
Estos actos, realizados en público, parecían ser bien recibidos por los testigos que presenciaban estas liberaciones milagrosas. El Mesías Jesús aborda la cuestión de estas liberaciones e indica que los demonios no son aniquilados y buscan regresar.
Es posible concluir que el estado de estas personas mejora temporalmente, pero se deteriora después con el regreso de estos demonios. Así lo relatan Mateo y Lucas al citar las palabras del Mesías Jesús.
Aunque los textos mencionados no proporcionan explícitamente la conclusión ni los pasos que deben seguir estas personas, ambas cosas se desprenden de ellos de forma natural. Por tanto, es imprescindible que ya no haya lugar para acoger a estos demonios o que un poder más fuerte se oponga a su intento de regresar.
Por tanto, lo más importante no es simplemente la liberación, aunque sea espectacular, sino la presencia de ese poder invisible, que sigue siendo fundamental. Aquí se trata de la conversión.
El Mesías Jesús contrapone la religión tradicional, que se limita a mantener una apariencia de pureza, a la verdadera conversión. Así pues, podemos concluir que la presencia del Espíritu Santo en la vida de una persona la protege de toda influencia maligna.
Mateo concluye declarando: «Así sucederá también con esta generación malvada». Estas personas han elegido permanecer en la incredulidad y rechazar así el plan de salvación ofrecido por el Mesías Jesús. En consecuencia, se las califica de malvadas y no gozan de la protección del Espíritu Santo.