El artículo explora el enigma de los «tres días y tres noches» de Jesús y propone que la oscuridad ocurrida durante la crucifixión se considere la «tercera noche». Esto permitiría conciliar el relato evangélico con una lectura simbólica y teológica. El autor examina el relato de Jonás para comprender lo que significan esos días.
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Jesúscrucifixióntres días y tres nochesoscuridad
176 versículos
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¿Cómo debe entenderse la proclamación de Jesús en San Mateo 12.40? ¿Qué representan esos «tres días y tres noches» que el Señor mencionó en referencia al profeta Jonás?
Varios elementos invitan a considerar esta lectura:
Los Evangelios atestiguan un fenómeno de oscuridad total en pleno día, que cubrió tres horas en el corazón de la crucifixión. No es un eclipse ordinario ni un fenómeno meteorológico banal; es una señal divina, un milagro que aceptamos como dato histórico sin buscar una explicación racional, porque lo propio de un milagro es precisamente superar la racionalidad humana. (San Mateo 27.45)
En el uso bíblico, la «noche» evoca la oscuridad, el juicio, el velamiento de la luz. Las tinieblas del mediodía participan de este registro simbólico y teológico: manifiestan el duelo cósmico y el juicio divino en el momento en que el Hijo de Dios lleva el pecado del mundo. (Amós 8.9: «Acontecerá en aquel día, dice Jehová el Señor, que haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro».)
Proponemos que Dios envió esta noche excepcional, entre otras razones, para cubrir la desnudez de su Hijo en la cruz —acto de misericordia y de pudor divino— y que fue antes del fin de esta oscuridad cuando Jesús entregó el espíritu. Si la muerte ocurre durante esta «noche» prodigiosa, esta puede contarse legítimamente en el cómputo de las «tres noches».
El propio Jesús, en otras ocasiones, evoca una duración de «tres días» en relación con su muerte y su resurrección, en particular para «reedificar el templo» (Juan 2.19-21). La coherencia de su enseñanza invita a buscar una armonización que respete a la vez la letra de Mateo 12.40 y la cronología pascual.
Método y objetivos
En este estudio retomaremos:
1- Le texte de Jonas afin de bien comprendre à quoi correspondent les « trois jours et trois nuits » dans leur contexte originel. (Jonás 1.15-16,
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2- Los detalles que ofrece cada evangelista sobre la Pasión, la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesús. Nos esforzaremos por comprender el sentido exacto de sus palabras, teniendo presente que su propósito nunca fue definir una cronología estricta, sino explicar acontecimientos esenciales a sus ojos. (Mateo 27-28; Marcos 15-16; Lucas 23-24; Juan 19-20)
3- El alcance teológico y simbólico de las tinieblas del mediodía, y su eventual integración en el cómputo de las «tres noches».
Creemos, como hemos indicado a menudo en diversos estudios, que toda la información transmitida por los evangelistas es rigurosamente exacta. Cuando Mateo menciona «tinieblas sobre toda la tierra», lo aceptamos como un dato histórico, sin exigir una explicación natural. Es evidente que estas tinieblas no constituyen una noche cronológica normal en el sentido del calendario; sin embargo, ¿no podemos asimilarlas a una «noche» en el sentido del cómputo profético?
Esta es la hipótesis que someteremos a la prueba de los textos, procurando honrar a la vez el rigor exegético y la coherencia teológica del testimonio de las Escrituras.
Transición: El capítulo primero examinará el relato de Jonás, matriz tipológica de la «señal» anunciada por Jesús, a fin de precisar lo que abarca la expresión «tres días y tres noches» en su contexto veterotestamentario. (Jonás 1.15-16; San Mateo 12.40)
1.1. Contexto narrativo: la desobediencia y la huida de Jonás
I. Jonás: matriz tipológica de los «tres días y tres noches»
El ordena a Jonás ir a Nínive para proclamar allí un mensaje de juicio. (Jonás 1.1-2)
Jonás se niega y huye «de la presencia de », embarcándose en una nave rumbo a Tarsis. (Jonás 1.3)
Una tempestad violenta se abate sobre la nave; los marineros, asustados, arrojan a Jonás al mar después de que este reconoce su responsabilidad. (Jonás 1.4-15)
Punto de observación:
La huida de Jonás y su engullimiento por el mar prefiguran, en la lectura tipológica cristiana, el descenso de Cristo a la muerte —no por desobediencia, sino por obediencia perfecta al Padre. (Filipenses 2.8)
1.2. La permanencia en el vientre del pez: «tres días y tres noches»
Texto clave:
«El tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás, y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches». (Jonás 2.1; en algunas versiones: Jonás 2.1)
Análisis:
La expresión «tres días y tres noches» marca una duración significativa de permanencia en un lugar de muerte aparente: las entrañas del monstruo marino, en el fondo del mar.
Jonás mismo describe esta experiencia como un descenso a la morada de los muertos: «Desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste… Me echaste a lo profundo, en medio de los mares». (Jonás 2.3-4)
Los «cerrojos de la tierra» se cerraron sobre él «para siempre», dice, antes de que el hiciera subir su vida «del sepulcro». (Jonás 2.7)
Punto de observación:
El vientre del pez funciona como una tumba temporal: lugar de oscuridad, de separación del mundo de los vivos, pero también lugar donde la oración sube a Dios y donde se prepara la liberación.
1.3. La liberación: arrojado a tierra firme
Al cabo de los tres días y tres noches, «el mandó al pez, y este vomitó a Jonás en tierra». (
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Jonás, salido vivo del monstruo marino, recibe por segunda vez la orden de ir a Nínive. (Jonás 3.1-2)
Punto de observación:
La salida del pez es una figura de resurrección: el que había sido tragado, retenido en un lugar de muerte, es devuelto a la vida y a su misión profética.
1.4. Valor de la expresión «tres días y tres noches» en el contexto hebreo
En hebreo bíblico, la expresión «días y noches» (יָמִים וּשְׁלֹשָׁה לֵילוֹת) subraya la totalidad y la continuidad de un período, más que un cómputo horario estricto.
Un paralelo significativo se encuentra en el libro de Ester: la reina pide un ayuno de «tres días, noche y día», y sin embargo se presenta ante el rey «al tercer día». (Ester 4.16, Ester 5.1)
Este paralelo muestra la elasticidad de la fórmula: «tres días y tres noches» puede designar un período que abarca tres días sin exigir 72 horas completas.
Punto de observación:
El idioma semítico permite una lectura inclusiva: toda fracción de día puede contar como un «día», y la mención de las «noches» refuerza la idea de totalidad en lugar de imponer un cálculo rígido.
1.5. Jonás como «señal» profética
El propio Jesús establece el vínculo tipológico: «La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches». (San Mateo 12.39-40; cf. San Lucas 11.29-30)
La «señal de Jonás» es, pues, la muerte, la sepultura y la resurrección del Mesías, prefiguradas por el engullimiento y la liberación del profeta.
Punto de observación:
La función del paralelo es tipológica y profética: Jonás anuncia a Cristo; el vientre del pez prefigura el sepulcro; la salida con vida prefigura la resurrección.
1.6. Los «tres días y tres noches» de Jonás: ¿qué noches?
Si examinamos atentamente el relato de Jonás, surge la pregunta: ¿qué «noches» están comprendidas en esos tres días?
Jonás es arrojado al mar en plena tempestad, probablemente de día (los marineros intentaron remar hacia tierra, lo que supone visibilidad). (Jonás 1.13)
El texto no precisa la hora exacta del engullimiento ni la de la liberación.
La expresión «tres días y tres noches» funciona como un bloque idiomático que designa la totalidad de la permanencia, sin detallar el comienzo y el fin de cada noche.
Punto de observación:
El texto de Jonás no proporciona una cronología horaria; el énfasis recae en la realidad de la permanencia en un lugar de muerte aparente y en la liberación divina que le sigue.
1.7. Síntesis: Jonás como clave de lectura para Mateo 12.40
El relato de Jonás establece una figura: un hombre tragado en un lugar de muerte, retenido «tres días y tres noches» y devuelto vivo a su misión.
La expresión «tres días y tres noches» es un idioma de totalidad, no un cronómetro.
Jesús retoma esta figura para anunciar su propia muerte, su permanencia en el sepulcro y su resurrección.
La pregunta que se plantea para la Pasión de Cristo es, pues: ¿cómo permiten los Evangelios reencontrar este esquema de «tres días y tres noches», y qué papel pueden desempeñar las extraordinarias tinieblas de la crucifixión en este cómputo?
Transición: El capítulo 2 examinará los anuncios de Jesús sobre su muerte y su resurrección, así como las diferentes formulaciones («al tercer día», «después de tres días», «tres días y tres noches»), a fin de precisar su articulación y su alcance. (San Mateo 12.40; San Mateo 16.21; Marcos 8.31; Juan 2.19-21)
2.1. Los primeros anuncios de la Pasión
II. Los anuncios de Jesús: «al tercer día», «después de tres días» y «tres días y tres noches»
En varias ocasiones, Jesús anuncia a sus discípulos que será muerto y que luego resucitará.
Entre las formulaciones más conocidas figuran:
«Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día». (San Mateo 16.21)
«Es necesario que el Hijo del Hombre padezca mucho, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite después de tres días». (Marcos 8.31)
«El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero al tercer día resucitará». (San Mateo 17.22-23; San Lucas 9.22)
Observación:
Los evangelistas refieren a veces las palabras de Jesús bajo la forma «al tercer día» y a veces bajo la forma «después de tres días». Sin embargo, todos describen el mismo acontecimiento histórico: la resurrección del Mesías Jesús.
2.2. «Al tercer día» y «después de tres días»
Algunos críticos consideran que estas dos expresiones serían incompatibles.
En realidad, pertenecen al modo de expresión semítico corriente del siglo primero.
Así:
«al tercer día» (San Mateo 16.21; San Lucas 24.7);
«después de tres días» (Marcos 8.31; Marcos 9.31);
designan el mismo período.
Esta equivalencia aparece claramente durante el juicio de Jesús.
Los falsos testigos declaran:
«Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo». (San Mateo 26.61)
Mientras que Juan relata:
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». (Juan 2.19)
Unos versículos más adelante, Juan precisa que Jesús hablaba del templo de su cuerpo (Juan 2.21).
Del mismo modo, los jefes religiosos piden a Pilato:
«Aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré». (San Mateo 27.63)
Reclaman entonces la vigilancia del sepulcro:
«hasta el tercer día» (San Mateo 27.64)
Observación:
En un mismo contexto, las utilizan indistintamente «después de tres días» y «hasta el tercer día», prueba de que entendían estas expresiones como equivalentes.
2.3. El testimonio unánime de los evangelistas
Los relatos de la resurrección sitúan todos el acontecimiento en el primer día de la semana.
(San Mateo 28.1-6)
(Marcos 16.1-6)
(San Lucas 24.1-7)
(Juan 20.1-18)
Los discípulos de Emaús declaran ese mismo día:
«Hoy es ya el tercer día desde que esto ha acontecido». (San Lucas 24.21)
Esta afirmación es particularmente importante.
Como los acontecimientos comenzaron el viernes, los dos discípulos consideran el domingo como «el tercer día»:
1- Viernes: primer día;
2- Sábado: segundo día;
3- Domingo: tercer día.
Observación:
Esta manera de contar corresponde perfectamente al cómputo inclusivo judío, según el cual cualquier parte de una jornada puede contarse como un día entero.
2.4. Una dificultad particular: las «tres noches»
Si las expresiones «al tercer día» y «después de tres días» se armonizan naturalmente, la fórmula de San Mateo 12.40 sigue siendo más específica:
«Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches».
En la hipótesis tradicional de una crucifixión el viernes por la tarde y de una resurrección el domingo por la mañana, podemos identificar:
una parte del viernes;
la totalidad del ;
una parte del domingo.
El cómputo de los tres días no plantea, pues, ninguna dificultad.
En cambio, solo parecen aparecer dos noches de calendario:
la noche del viernes al sábado;
la noche del sábado al domingo.
La pregunta resulta entonces legítima:
¿Cómo entender la mención explícita de las «tres noches»?
2.5. Una expresión única en las palabras de Jesús
Conviene señalar que Jesús emplea una sola vez la expresión completa «tres días y tres noches» en relación con su resurrección: (San Mateo 12.40).
En todos los demás anuncios, utiliza formulaciones más sencillas:
«al tercer día»;
«después de tres días»;
«en tres días».
Esta singularidad merece atención.
Mateo probablemente no pretende ofrecer un cálculo cronológico detallado. Su objetivo principal es poner en paralelo la experiencia de Jonás y la de Cristo.
El centro de la señal reside en la muerte seguida de una liberación milagrosa, tal como Jonás fue devuelto con vida tras su permanencia en las profundidades.
Observación:
El carácter tipológico del pasaje debe tenerse en cuenta antes de cualquier intento de cálculo horario riguroso.
2.6. Una primera pista de reflexión
Los Evangelios relatan que, antes de la muerte de Jesús, una oscuridad sobrenatural cubrió la tierra durante tres horas:
«Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena». (San Mateo 27.45)
(Marcos 15.33)
(San Lucas 23.44-45)
Esta oscuridad sobreviene inmediatamente antes de la muerte de Cristo.
Ahora bien, en el pensamiento bíblico, la noche se define ante todo por la ausencia de luz (Génesis 1.5). Las tinieblas constituyen además un símbolo frecuente del juicio divino (Exodo 10.21-23; Amós 8.9).
Sin pretender que se trate de una noche ordinaria de calendario, cabe preguntarse si este período excepcional de tinieblas no participa, de una manera particular, en la «señal de Jonás» anunciada por Jesús.
Esta hipótesis merece, pues, ser examinada a la luz de los relatos de la Pasión.
Síntesis del capítulo 2
Las expresiones «al tercer día», «después de tres días» y «en tres días» se utilizan de manera intercambiable en los Evangelios.
El cómputo inclusivo judío explica naturalmente la resurrección el domingo tras una crucifixión el viernes.
La principal dificultad concierne a la mención de las «tres noches» en San Mateo 12.40.
Esta fórmula aparece en un contexto tipológico fundado en la señal de Jonás.
Las tinieblas sobrenaturales de la crucifixión constituyen un elemento particular que merece ser estudiado en el marco de esta cuestión.
Transición: El capítulo 3 examinará en detalle los relatos de la crucifixión a fin de establecer con precisión la cronología de los acontecimientos, desde las tinieblas de la hora sexta hasta la sepultura del Mesías Jesús (San Mateo 27.45-61; Marcos 15.33-47; San Lucas 23.44-56; Juan 19.28-42).
III. Las tinieblas de la crucifixión y la cronología de la Pasión
Tras haber examinado los diferentes anuncios de Jesús sobre su muerte y su resurrección, conviene ahora estudiar los acontecimientos de la crucifixión misma. Los cuatro Evangelios relatan que una oscuridad excepcional cubrió la tierra durante varias horas antes de la muerte de Cristo. Este dato, considerado a menudo solo bajo su aspecto teológico, podría desempeñar también un papel importante en la comprensión de la expresión «tres días y tres noches» (San Mateo 12.40).
7.1. Lo que los Evangelios afirman con certeza
3.1. El testimonio convergente de los Evangelios
Tres evangelistas mencionan explícitamente las tinieblas que acompañaron la crucifixión.
Mateo escribe:
«Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena». (San Mateo 27.45)
Marcos relata el mismo hecho:
«Llegada la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena». (Marcos 15.33)
Lucas añade un detalle suplementario:
«Era ya como la hora sexta, y hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. El sol se oscureció». (San Lucas 23.44-45)
Observación:
Los tres relatos son independientes pero perfectamente convergentes. Ningún evangelista presenta esta oscuridad como un fenómeno ordinario. Todos la describen como un acontecimiento excepcional que sobreviene en el momento mismo en que Jesús cumple su sacrificio.
3.2. Una oscuridad sobrenatural
Se han propuesto diversos intentos para explicar estas tinieblas:
un eclipse solar;
un fenómeno meteorológico;
una tormenta de arena;
una fuerte cobertura de nubes.
Sin embargo, varios elementos hacen poco convincentes estas hipótesis.
En primer lugar, la Pascua judía se celebra en luna llena (Exodo 12.6; Levítico 23.5). Un eclipse solar natural es entonces imposible, puesto que este requiere luna nueva.
En segundo lugar, los Evangelios no presentan este acontecimiento como un fenómeno natural, sino como una señal divina asociada a la muerte del Mesías.
En tercer lugar, la duración mencionada es particularmente notable: unas tres horas.
Observación:
Desde la perspectiva bíblica, no es necesario buscar una explicación natural de este acontecimiento. Los autores inspirados lo presentan como una intervención divina que acompaña un momento único de la historia de la salvación.
3.3. Las tinieblas en el Antiguo Testamento
La asociación entre tinieblas y juicio divino aparece con frecuencia en las Escrituras.
En la novena plaga de Egipto:
«El dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto». (Exodo 10.21)
El profeta Amós anuncia:
«Acontecerá en aquel día, dice el Señor, el , que haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro». (Amós 8.9)
Isaías también utiliza las tinieblas como símbolo del juicio de Dios:
«La tierra quedará sumida en tinieblas». (Isaías 5.30)
Observación:
Para los lectores judíos del siglo primero, una oscuridad sobrenatural en pleno mediodía evocaba de inmediato una intervención divina, un juicio o una manifestación particular de Dios.
3.4. Las tinieblas en el momento en que Cristo lleva el pecado
Según la teología del Nuevo Testamento, Jesús lleva entonces los pecados del mundo.
«He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». (Juan 1.29)
«Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado». (2 Corintios 5.21)
«Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero». (1 Pedro 2.24)
No es, pues, sorprendente que la creación misma parezca reaccionar ante este acontecimiento.
Algunos comentaristas han visto en estas tinieblas la expresión visible del juicio que Cristo sufre en lugar de los hombres.
Otros ven en ellas una señal de duelo cósmico ante la muerte del Hijo de Dios.
Estas interpretaciones no son incompatibles.
3.5. ¿Una noche en pleno día?
La Biblia define la noche como el tiempo en que desaparece la luz:
«Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche». (Génesis 1.5)
Naturalmente, las tinieblas de la crucifixión no constituyen una noche ordinaria en sentido astronómico.
Sin embargo, poseen varias características habitualmente asociadas a la noche:
desaparición de la luz;
interrupción del curso normal del día;
atmósfera de juicio;
separación simbólica.
Durante tres horas, la tierra queda sumida en una oscuridad anormal en medio mismo de la jornada.
Observación:
Nuestra hipótesis no afirma que se tratara de una noche de calendario. Sugiere simplemente que esta oscuridad excepcional podría considerarse una «noche» particular en el marco de la señal profética anunciada por Jesús.
3.6. El momento de la muerte de Jesús
Los Evangelios indican que Jesús muere hacia la hora novena, es decir, aproximadamente hacia las quince horas.
(San Mateo 27.46-50)
(Marcos 15.34-37)
(San Lucas 23.46)
Su muerte ocurre, pues, inmediatamente después de este período de tinieblas.
La sucesión de los acontecimientos es notable:
1- Las tinieblas cubren la tierra.
2- Jesús pronuncia sus últimas palabras.
3- Jesús entrega el espíritu.
4- El velo del Templo se rasga.
5- Se producen diversas señales extraordinarias. (San Mateo 27.51-54)
Así, la muerte de Cristo se sitúa directamente en la prolongación de esta oscuridad sobrenatural.
3.7. Una hipótesis que examinar
Si se admite una crucifixión el viernes 1 de abril del año 33, obtenemos:
Primera noche posible:
las tinieblas sobrenaturales de la hora sexta a la hora novena.
Segunda noche:
de la tarde del viernes a la mañana del sábado.
Tercera noche:
de la tarde del sábado a la mañana del domingo.
Esta propuesta no pretende constituir una demostración absoluta.
Presenta, sin embargo, varias ventajas:
conserva la crucifixión del viernes;
respeta las declaraciones repetidas de Jesús sobre el tercer día;
mantiene la importancia de la señal de Jonás;
da un lugar particular a un fenómeno que los tres evangelistas juzgan lo bastante importante como para referirlo.
3.8. Síntesis del capítulo 3
Las tinieblas de la crucifixión están atestiguadas por Mateo, Marcos y Lucas.
No pueden explicarse simplemente por un eclipse solar ordinario.
En la Biblia, las tinieblas se asocian con frecuencia al juicio divino.
Jesús muere inmediatamente después de este período de oscuridad.
Estas tinieblas podrían constituir un elemento importante para la comprensión de la expresión «tres días y tres noches» de (San Mateo 12.40).
Transición: El capítulo 4 examinará los relatos de la sepultura y de la resurrección a fin de establecer con precisión cuántos días y noches mencionan explícitamente los evangelistas entre la muerte del Mesías Jesús y el descubrimiento del sepulcro vacío.
IV. La sepultura, el sepulcro y el cómputo de los días y las noches
Tras haber estudiado las tinieblas de la crucifixión, conviene ahora examinar los acontecimientos que siguen inmediatamente a la muerte de Jesús. Los relatos de la sepultura y de la resurrección proporcionan varias indicaciones cronológicas valiosas que permiten comprender cómo contaban los primeros discípulos los días que separaban la muerte del Mesías de su resurrección.
4.1. La muerte de Jesús antes del comienzo del sábado
Los cuatro Evangelios indican que Jesús muere el día de la preparación.
Mateo relata:
«Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José». (San Mateo 27.57)
Marcos precisa:
«Como era la preparación, esto es, la víspera del …» (Marcos 15.42)
Lucas añade:
«Era día de la preparación, y estaba para comenzar el ». (San Lucas 23.54)
Juan confirma:
«Era la preparación de la Pascua». (Juan 19.14)
Observación:
Los evangelistas coinciden en situar la muerte de Jesús en la víspera del . La sepultura debe, pues, realizarse con rapidez antes de la puesta del sol.
4.2. La sepultura en el sepulcro de José
José de Arimatea pide a Pilato el cuerpo de Jesús.
(San Mateo 27.58)
(Marcos 15.43-45)
(San Lucas 23.52-53)
(Juan 19.38)
Nicodemo trae después una mezcla de mirra y áloes.
(Juan 19.39)
El cuerpo es envuelto en una sábana y depositado en un sepulcro nuevo.
(San Mateo 27.59-60)
(Juan 19.40-42)
Se hace rodar una piedra ante la entrada.
(San Mateo 27.60)
(Marcos 15.46)
Observación:
La permanencia de Jesús en el sepulcro comienza antes de la puesta del sol del viernes. En el calendario judío, el día siguiente comienza al ponerse el sol (Génesis 1.5).
4.3. Las mujeres observan la sepultura
Las mujeres que habían seguido a Jesús asisten a la colocación en el sepulcro.
(San Mateo 27.61)
(Marcos 15.47)
(San Lucas 23.55)
Lucas precisa:
«Vueltas ellas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el , conforme al mandamiento». (San Lucas 23.56)
Observación:
Las mujeres saben perfectamente dónde fue depositado el cuerpo. Los relatos excluyen, pues, toda hipótesis de error de sepulcro.
4.4. El sábado: una jornada de silencio
El día siguiente a la crucifixión corresponde al .
Mateo relata un acontecimiento único:
«Al día siguiente, que es el día después de la preparación, los principales sacerdotes y los se reunieron ante Pilato». (San Mateo 27.62)
Piden una guardia militar:
«Señor, nos acordamos de que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré». (San Mateo 27.63)
El sepulcro queda entonces:
sellado;
puesto bajo vigilancia;
custodiado por soldados .
(San Mateo 27.65-66)
Observación:
Hecho notable: los enemigos de Jesús recuerdan su anuncio de resurrección, mientras que los discípulos parecen aún no comprender todo su alcance.
4.5. El primer día de la semana
Todos los Evangelios sitúan el descubrimiento del sepulcro vacío en el primer día de la semana.
(San Mateo 28.1)
(Marcos 16.2)
(San Lucas 24.1)
(Juan 20.1)
El sepulcro ya está vacío cuando llegan las mujeres.
Ningún Evangelio describe explícitamente el momento exacto en que Jesús sale del sepulcro.
Los evangelistas afirman solamente que, en el momento de su llegada:
la piedra ya está removida;
el sepulcro está vacío;
Jesús ya ha resucitado.
Observación:
Los textos nunca dicen que Jesús resucita al alba del domingo. Indican solamente que el sepulcro se encuentra vacío en ese momento.
4.6. ¿Cuántos días se pueden contar?
En la hipótesis tradicional:
Primer día:
viernes (día de la crucifixión y de la sepultura).
Segundo día:
sábado (día del ).
Tercer día:
domingo (día del descubrimiento del sepulcro vacío).
Esta manera de contar corresponde exactamente a las declaraciones:
«al tercer día» (San Mateo 16.21);
«hoy es el tercer día» (San Lucas 24.21);
«resucitará al tercer día» (San Lucas 18.33).
Observación:
Los propios discípulos utilizan este modo de cálculo inclusivo. Esto constituye un argumento particularmente fuerte a favor de una crucifixión el viernes.
4.7. ¿Cuántas noches se pueden identificar?
Si retenemos únicamente las noches de calendario, obtenemos:
Primera noche:
de la tarde del viernes a la mañana del sábado.
Segunda noche:
de la tarde del sábado a la mañana del domingo.
La dificultad subsiste, pues, respecto a la tercera noche mencionada en (San Mateo 12.40).
Se han propuesto varias soluciones:
una crucifixión el miércoles;
una crucifixión el jueves;
una lectura idiomática completa de la expresión;
o la integración de las tinieblas sobrenaturales de la crucifixión en el cómputo.
Cada hipótesis presenta ventajas y dificultades.
4.8. La importancia del testimonio de los discípulos de Emaús
El relato de los discípulos de Emaús constituye uno de los elementos más importantes del expediente.
El mismo domingo de la resurrección, declaran:
«Hoy es ya el tercer día desde que esto ha acontecido». (San Lucas 24.21)
Esta afirmación es pronunciada:
por contemporáneos de los acontecimientos;
el mismo día;
según los usos judíos de su época.
Observación:
Si Jesús hubiera sido crucificado el miércoles o el jueves, sería difícil explicar por qué estos discípulos hablan todavía del «tercer día».
Su testimonio confirma que la cronología tradicional viernes–domingo corresponde a su manera de contar el tiempo.
4.9. Síntesis del capítulo 4
Jesús es sepultado antes del comienzo del .
Su cuerpo permanece en el sepulcro durante el .
El sepulcro se encuentra vacío en el primer día de la semana.
Los discípulos consideran este domingo como «el tercer día».
La dificultad no concierne, pues, a los tres días, sino únicamente a las tres noches de (San Mateo 12.40).
Las tinieblas sobrenaturales que precedieron la muerte de Jesús siguen siendo un elemento capaz de iluminar esta cuestión.
Transición: El capítulo 5 examinará con más detalle el significado bíblico de la noche, las tinieblas y la oscuridad en la Escritura, a fin de determinar si las tres horas de tinieblas de la crucifixión pueden asimilarse legítimamente a una forma particular de «noche» en el marco de la señal de Jonás.
5.1. La primera definición bíblica de la noche
V. El significado bíblico de la noche y las tinieblas
La primera mención de la noche aparece ya en el relato de la creación:
«Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche». (Génesis 1.5)
Esta definición fundamental merece atención.
El texto no define la noche en primer lugar por una posición astronómica del sol ni por una hora precisa. La asocia ante todo con la presencia de las tinieblas, mientras que el día se asocia con la luz.
Observación:
Desde el primer capítulo de la Biblia, la distinción fundamental descansa en la oposición luz/tinieblas.
5.2. Las tinieblas como símbolo del juicio divino
En numerosos pasajes bíblicos, las tinieblas aparecen como una manifestación directa del juicio de Dios.
En las plagas de Egipto:
«Hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto por tres días». (Exodo 10.22)
El profeta Joel anuncia:
«Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de entenebrecimiento». (Joel 2.2)
Sofonías evoca:
«Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tinieblas y de oscuridad». (Sofonías 1.15)
Observación:
En el pensamiento bíblico, las tinieblas extraordinarias se asocian con frecuencia a una intervención particular de Dios en la historia humana.
5.3. Las tinieblas y el juicio del Mesías
La crucifixión constituye el momento en que Cristo lleva los pecados del mundo.
(Juan 1.29)
(2 Corintios 5.21)
(1 Pedro 2.24)
En este contexto, las tinieblas del mediodía resultan particularmente significativas.
El acontecimiento no se presenta como un simple fenómeno cósmico, sino como una señal que acompaña la obra redentora cumplida en la cruz.
El paralelo con los juicios divinos del Antiguo Testamento resulta entonces evidente.
Observación:
Si las tinieblas de Egipto manifestaban el juicio de Dios sobre Faraón, las de la crucifixión podrían manifestar el juicio ejecutado sobre el pecado en el momento en que el Mesías se ofrece en sacrificio.
5.4. Las tinieblas anunciadas por los profetas
Varias profecías parecen encontrar un eco particular en los acontecimientos de la Pasión.
Amós declara:
«Acontecerá en aquel día, dice el Señor, el , que haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro». (Amós 8.9)
Esta formulación es notable.
El profeta no describe una oscuridad nocturna normal, sino un oscurecimiento del día mismo.
La imagen corresponde precisamente a lo que relatan Mateo, Marcos y Lucas:
las tinieblas sobrevienen en pleno medio de la jornada;
interrumpen el desarrollo normal del día;
preceden inmediatamente la muerte del Mesías.
Observación:
Sin afirmar que Amós profetice directamente la crucifixión, el paralelo sigue siendo particularmente llamativo.
5.5. Una noche sobrenatural en pleno día
La cuestión central de este estudio puede formularse ahora así: las tinieblas que cubrieron la tierra durante la crucifixión, ¿deben considerarse un simple fenómeno espectacular o una verdadera noche sobrenatural?
Desde un punto de vista astronómico, evidentemente no se trata de una noche ordinaria. El sol prosigue su curso normal y el acontecimiento se produce en medio de la jornada.
Sin embargo, desde el punto de vista de quienes presencian la escena, la luz desaparece totalmente y deja lugar a la oscuridad. Ahora bien, según la primera definición bíblica, Dios «a las tinieblas llamó Noche» (Génesis 1.5).
Los Evangelios describen precisamente una situación en la que las tinieblas reemplazan a la luz en pleno día (San Mateo 27.45; Marcos 15.33; San Lucas 23.44-45).
Proponemos, pues, considerar esta oscuridad como una noche excepcional y milagrosa, introducida por Dios en el desarrollo normal del día de la crucifixión.
5.6. ¿Murió Jesús durante esta noche?
Los relatos evangélicos indican que las tinieblas comienzan a la hora sexta y terminan a la hora novena.
Durante este período, Jesús permanece vivo en la cruz.
Luego, al final de esta oscuridad, da un gran clamor y entrega el espíritu (San Mateo 27.46-50; Marcos 15.34-37; San Lucas 23.46).
Los textos no permiten determinar con precisión absoluta si Jesús muere unos instantes antes de la desaparición completa de las tinieblas o exactamente en el momento en que vuelve la luz. No obstante, los acontecimientos aparecen estrechamente ligados.
Desde esta perspectiva, proponemos que Jesús haya muerto durante esta noche sobrenatural o inmediatamente al término de ella, y que su muerte solo se haya constatado una vez vuelta la luz.
El paso de la noche al día marcaría entonces simbólicamente la entrada del Mesías en la muerte.
5.7. Una propuesta de cómputo de los tres días y las tres noches
Si se acepta esta hipótesis, el cómputo podría entenderse de la manera siguiente:
Primera noche:
las tinieblas sobrenaturales que cubren la tierra durante la crucifixión (San Mateo 27.45).
Primer día:
el regreso de la luz tras la muerte del Mesías.
Segunda noche:
la noche del viernes al sábado.
Segundo día:
el .
Tercera noche:
la noche del sábado al domingo.
Tercer día:
el primer día de la semana, día de la resurrección (San Mateo 28.1; Marcos 16.2; San Lucas 24.1; Juan 20.1).
Esta propuesta conserva el conjunto de los datos cronológicos de los Evangelios y da al mismo tiempo un sentido particular a la mención de los «tres días y tres noches» de (San Mateo 12.40).
5.8. Los límites de la hipótesis
Conviene, sin embargo, mantenerse prudente.
Ningún texto bíblico afirma explícitamente:
«Las tinieblas del mediodía constituyen la primera de las tres noches».
Estamos, pues, en el ámbito de la interpretación y no de la afirmación dogmática.
Esta hipótesis debe evaluarse según varios criterios:
su coherencia con el conjunto de las Escrituras;
su capacidad de armonizar los textos;
su respeto de la cronología evangélica;
su ausencia de contradicción con las demás declaraciones de Jesús.
Observación:
Una hipótesis puede ser plausible sin ser demostrable de manera absoluta. El objetivo no es imponer una conclusión, sino examinar honestamente los datos bíblicos.
5.9. Síntesis del capítulo 5
La Biblia asocia fundamentalmente la noche con las tinieblas (Génesis 1.5).
Las tinieblas sobrenaturales están a menudo ligadas al juicio divino (Exodo 10.22; Joel 2.2; Sofonías 1.15).
Las tres horas de oscuridad de la crucifixión constituyen un acontecimiento excepcional reconocido por varios evangelistas.
Esta oscuridad sobreviene precisamente en el momento en que Jesús lleva el pecado del mundo.
Es, pues, concebible que participe en el simbolismo de las «tres noches» de la señal de Jonás.
No obstante, esta interpretación sigue siendo una hipótesis exegética que debe confrontarse con el conjunto de los datos bíblicos.
Transición: El capítulo 6 examinará las principales soluciones propuestas a lo largo de la historia de la interpretación para resolver la cuestión de los «tres días y tres noches», a fin de comparar sus fortalezas y sus límites con la hipótesis desarrollada en este estudio.
VI. Las principales interpretaciones de los «tres días y tres noches»
Desde los primeros siglos del cristianismo, los exegetas han procurado comprender cómo armonizar la declaración de Jesús en (San Mateo 12.40) con los relatos de la Pasión y de la resurrección. Se han propuesto varias soluciones. Cada una presenta puntos fuertes y dificultades. Antes de evaluar nuestra propia hipótesis, conviene, pues, examinarlas.
6.1. La solución tradicional: el cómputo inclusivo judío
La posición más antigua y más extendida afirma que Jesús fue crucificado el viernes y resucitó el domingo.
Esta interpretación se basa en el principio del cómputo inclusivo utilizado en el mundo judío.
Según este método:
toda parte de un día cuenta como un día entero;
el día de la crucifixión cuenta como el primer día;
el constituye el segundo día;
el domingo es el tercer día.
Este enfoque se apoya en varios textos:
(San Mateo 16.21)
(San Lucas 24.7)
(San Lucas 24.21)
(1 Corintios 15.4)
También cuenta con el paralelo de Ester:
«Ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día». (Ester 4.16)
Luego:
«Aconteció que al tercer día Ester se puso sus vestidos reales». (Ester 5.1)
Observación:
Esta solución explica perfectamente las expresiones «al tercer día» y «después de tres días». En cambio, algunos estiman que responde menos directamente a la mención explícita de las «tres noches» de (San Mateo 12.40).
6.2. La hipótesis de una crucifixión el jueves
Algunos autores proponen que Jesús murió el jueves.
El esquema es entonces el siguiente:
jueves: crucifixión;
viernes: primer día completo;
sábado: segundo día completo;
domingo: tercer día.
Esta propuesta permite obtener:
tres días;
tres noches de calendario.
Sin embargo, aparecen varias dificultades.
Los discípulos de Emaús declaran el domingo:
«Hoy es ya el tercer día desde que esto ha acontecido». (San Lucas 24.21)
Ahora bien, si la crucifixión hubiera tenido lugar el jueves, el domingo correspondería más bien al cuarto día según el modo de cálculo habitual.
Observación:
Esta hipótesis resuelve la cuestión de las noches, pero complica varias declaraciones explícitas de los Evangelios.
6.3. La hipótesis de una crucifixión el miércoles
Otra teoría sitúa la crucifixión el miércoles.
Sus defensores consideran generalmente que los «tres días y tres noches» deben entenderse como setenta y dos horas exactas.
El esquema propuesto es entonces:
miércoles por la tarde: muerte de Jesús;
jueves: primer día;
viernes: segundo día;
sábado: tercer día;
resurrección al final del .
Esta teoría permite efectivamente obtener tres días y tres noches completos.
Sin embargo, encuentra varias dificultades:
obliga con frecuencia a distinguir varios sábados sucesivos;
complica el relato de las mujeres;
se concilia difícilmente con (San Lucas 24.21);
supone a veces que Jesús resucitó varias horas antes del descubrimiento del sepulcro vacío.
Observación:
Esta hipótesis privilegia una lectura literal de Mateo 12.40, pero exige numerosas reconstrucciones cronológicas adicionales.
6.4. La interpretación puramente idiomática
Otros comentaristas consideran que la expresión «tres días y tres noches» es simplemente una fórmula semítica equivalente a «tres días».
Según este enfoque:
no existe ninguna dificultad real;
Mateo 12.40 debe interpretarse como Ester 4,16–5.1;
las «tres noches» no tienen ningún valor cronológico independiente.
Esta solución tiene la ventaja de la simplicidad.
Sin embargo, algunos lectores estiman que no da plena cuenta del hecho de que Jesús menciona explícitamente las noches cuando habría podido hablar simplemente de «tres días».
Observación:
Queda entonces por saber por qué Mateo conserva esta formulación más desarrollada.
6.5. La interpretación tipológica
Otro enfoque insiste en la naturaleza de la señal de Jonás.
Según esta lectura:
el énfasis no se pone en el cálculo del tiempo;
lo esencial reside en el paralelo entre Jonás y Jesús;
la permanencia en el pez prefigura la permanencia en el sepulcro;
la liberación de Jonás prefigura la resurrección.
Esta comprensión se apoya en el contexto inmediato de (San Mateo 12.39-40).
Observación:
La señal de Jonás es ante todo una señal profética y cristológica. Su objetivo primero quizá no sea proporcionar una medida cronológica precisa.
6.6. La hipótesis desarrollada en este estudio
La interpretación propuesta en este estudio procura conservar las ventajas de la posición tradicional y, al mismo tiempo, tomar en serio la mención de los «tres días y tres noches».
Se basa en varias constataciones:
1- Los Evangelios sitúan claramente la resurrección al tercer día.
2- Los propios discípulos hablan del domingo como del tercer día (San Lucas 24.21).
3- Las tinieblas del mediodía constituyen un acontecimiento excepcional referido por varios testigos independientes.
4- Jesús entrega el espíritu durante esta oscuridad sobrenatural o inmediatamente al término de ella (San Mateo 27.45-50; Marcos 15.33-37; San Lucas 23.44-46).
5- La Biblia asocia fundamentalmente la noche con las tinieblas (Génesis 1.5).
Proponemos, pues, que las tinieblas que cubren la tierra de la hora sexta a la hora novena constituyen una noche excepcional introducida por Dios en el corazón mismo del día de la crucifixión. Jesús entraría entonces en la muerte durante esta noche sobrenatural, mientras que el regreso de la luz marcaría simbólicamente el primer día del cómputo.
Desde esta perspectiva, las tres noches podrían entenderse como:
la noche sobrenatural de la crucifixión;
la noche del viernes al sábado;
la noche del sábado al domingo.
Los tres días serían entonces:
el regreso de la luz tras la muerte del Mesías;
el sábado;
el primer día de la semana, día de la resurrección.
Observación:
Esta propuesta conserva íntegramente la cronología tradicional de los Evangelios y da al mismo tiempo un significado particular a las tinieblas de la crucifixión y a la mención de los «tres días y tres noches» de la señal de Jonás (San Mateo 12.40).
6.7. ¿Qué solución parece la más coherente?
Todo intento de armonización debe respetar varios criterios:
el conjunto de los datos bíblicos;
las declaraciones de Jesús;
los relatos de los evangelistas;
el testimonio de los discípulos de Emaús;
los usos cronológicos judíos del siglo primero.
La solución adoptada debe también evitar crear más dificultades de las que resuelve.
Ahora bien, varias hipótesis alternativas requieren reconstrucciones complejas que nunca se mencionan explícitamente en los Evangelios.
A la inversa, la cronología tradicional se apoya directamente en las afirmaciones más explícitas de los textos.
6.8. Síntesis del capítulo 6
La posición tradicional viernes–domingo sigue siendo la más antigua y la más ampliamente atestiguada.
Las hipótesis del miércoles o del jueves resuelven algunas dificultades, pero crean otras.
La interpretación idiomática explica bien el lenguaje semítico de Mateo 12.40.
El enfoque tipológico recuerda que la señal de Jonás no es únicamente cronológica.
La hipótesis desarrollada en este estudio considera que Jesús entra en la muerte durante una noche sobrenatural provocada por las tinieblas de la crucifixión. Esta noche particular podría constituir la primera de las tres noches mencionadas en la señal de Jonás, preservando al mismo tiempo la cronología tradicional de la Pasión.
Transición: El capítulo 7 propondrá una síntesis general de los datos estudiados y evaluará si la hipótesis de las tinieblas como «tercera noche» permite realmente armonizar el conjunto de los textos relativos a la señal de Jonás y a la resurrección del Mesías Jesús.
VII. Síntesis general y evaluación de la hipótesis
Varios puntos aparecen claramente establecidos por los textos:
Jesús murió el día de la preparación, en la víspera del sábado (Marcos 15.42; San Lucas 23.54).
Su cuerpo fue colocado en el sepulcro antes de la puesta del sol (Juan 19.42).
El sepulcro fue hallado vacío el primer día de la semana (San Mateo 28.1; Juan 20.1).
Los discípulos consideraban este domingo como «el tercer día» (San Lucas 24.21).
Jesús había anunciado en varias ocasiones que resucitaría «al tercer día» (San Mateo 16.21; San Lucas 9.22).
Observación:
Estas afirmaciones constituyen el fundamento más sólido de la cronología evangélica y deben seguir siendo prioritarias en todo intento de interpretación.
7.2. Lo que Mateo 12.40 añade al debate
La dificultad proviene esencialmente de un solo texto:
«Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches». (San Mateo 12.40)
Esta declaración plantea una dificultad cronológica bien conocida: si Jesús fue crucificado un viernes por la tarde y el sepulcro fue hallado vacío al alba del domingo, ¿cómo contabilizar «tres días y tres noches»? El cómputo inclusivo semítico —en el que toda fracción de día cuenta como un día— resuelve fácilmente la cuestión de los «tres días». Pero ¿qué ocurre con las «tres noches»? En la hipótesis de una crucifixión el viernes, solo dos noches de calendario separan la sepultura de la resurrección: la noche del viernes al sábado y la noche del sábado al domingo. Faltaría, pues, en apariencia, una noche.
Fundamentos de la hipótesis
Esta formulación es única en los Evangelios.
En todos los demás lugares, Jesús habla simplemente:
del tercer día;
de tres días;
o de una resurrección después de tres días.
El problema no concierne, pues, al conjunto de los anuncios de Jesús, sino a una expresión particular insertada en el contexto de la señal de Jonás.
7.3. El papel del relato de Jonás
El estudio del libro de Jonás ha mostrado varios elementos importantes:
la expresión «tres días y tres noches» pertenece a un lenguaje semítico;
el relato no proporciona ningún cálculo horario preciso;
el énfasis se pone en la permanencia en un lugar de muerte aparente y luego en la liberación divina;
Jesús utiliza a Jonás como una figura profética que anuncia su propia resurrección.
Observación:
La señal de Jonás aparece más bien como un paralelo teológico que como un cálculo cronométrico destinado a medir exactamente la duración de la permanencia en el sepulcro.
7.4. El lugar particular de las tinieblas de la crucifixión
Las tinieblas referidas por Mateo, Marcos y Lucas siguen siendo uno de los fenómenos más notables de la Pasión.
Durante tres horas:
la luz desaparece;
la tierra queda sumida en la oscuridad;
el sacrificio del Mesías alcanza su cumplimiento.
(San Mateo 27.45 ; Marcos 15.33 ; San Lucas 23.44-45)
Ahora bien, la Biblia asocia con frecuencia:
las tinieblas a la noche;
las tinieblas al juicio;
las tinieblas a la intervención directa de Dios.
(Génesis 1.5 ; Exodo 10.22 ; Amós 8.9)
Observación:
No es, pues, descabellado preguntarse por el significado particular de esta oscuridad en el marco de la señal profética anunciada por Jesús.
7.5. Una hipótesis coherente pero no demostrable
La hipótesis propuesta en este estudio puede resumirse así:
los tres días se explican naturalmente por el cómputo inclusivo judío;
las dos últimas noches corresponden a las noches del viernes al sábado y del sábado al domingo;
las tinieblas sobrenaturales de la crucifixión constituyen una noche excepcional durante la cual Jesús entra en la muerte;
el regreso de la luz marca simbólicamente el primer día del cómputo.
Esta propuesta presenta varias ventajas:
conserva la cronología tradicional de la Pasión;
respeta las declaraciones repetidas de Jesús que anuncian su resurrección al tercer día;
sigue siendo compatible con el testimonio de los discípulos de Emaús (San Lucas 24.21);
concede un lugar particular a las tinieblas de la crucifixión, acontecimiento subrayado por tres evangelistas;
evita las reconstrucciones complejas que requieren una crucifixión el miércoles o el jueves.
No obstante, debemos reconocer con honestidad que ningún texto bíblico afirma explícitamente que esta oscuridad constituya la primera noche de la señal de Jonás.
Estamos, pues, en el ámbito de la hipótesis exegética y no de la certeza doctrinal.
7.6. Lo que este estudio no pretende demostrar
Es importante precisar que nuestro objetivo no es afirmar que esta solución sea la única posible.
Otros enfoques pueden defenderse con seriedad, en particular:
la interpretación idiomática de la expresión;
el énfasis puesto en la tipología de Jonás;
ciertas variantes cronológicas.
Nuestro planteamiento consiste simplemente en examinar si las tinieblas de la crucifixión pueden aportar una luz adicional sobre una dificultad que se plantea a menudo.
7.7. Síntesis final
Los datos bíblicos permiten afirmar con seguridad:
que Jesús murió el viernes;
que fue sepultado antes del sábado;
que resucitó al tercer día;
que los Evangelios son coherentes en esta cronología.
La cuestión de los «tres días y tres noches» sigue siendo principalmente una cuestión de interpretación de (San Mateo 12.40) y no una contradicción entre los relatos.
La hipótesis examinada en este estudio ofrece una pista de reflexión que merece consideración, sin pretender agotar el tema.
Conclusión
La declaración de Jesús sobre los «tres días y tres noches» ha suscitado numerosos debates a lo largo de la historia del cristianismo. Para algunos, esta expresión constituiría una dificultad insalvable para la cronología tradicional de la Pasión. Sin embargo, el examen atento de las Escrituras conduce a una conclusión muy distinta.
Los Evangelios afirman unánimemente que Jesús resucitó al tercer día (San Mateo 16.21; San Lucas 24.7; 1 Corintios 15.4). Los propios discípulos testimonian que el domingo de la resurrección correspondía al «tercer día» desde la crucifixión (San Lucas 24.21). Estos datos constituyen informaciones históricas mayores que no deben ponerse en duda.
El estudio del libro de Jonás ha mostrado que la expresión «tres días y tres noches» pertenece al lenguaje semítico y se inscribe en un contexto tipológico. Jesús no busca únicamente anunciar una duración, sino sobre todo presentar su muerte y su resurrección como el cumplimiento de la señal profética anunciada por Jonás (San Mateo 12.39-40).
Por otra parte, las extraordinarias tinieblas que cubrieron la tierra durante la crucifixión constituyen un acontecimiento excepcional, referido por varios testigos independientes (San Mateo 27.45; Marcos 15.33; San Lucas 23.44-45). Según la hipótesis examinada en este estudio, esta oscuridad no representaría solamente una señal divina que acompaña la muerte del Mesías. Podría constituir también una noche sobrenatural durante la cual Jesús entra en la muerte. El regreso de la luz marcaría entonces simbólicamente el primer día del cómputo, lo que permitiría comprender cómo la señal de Jonás puede asociar tres días y tres noches conservando la cronología tradicional de la Pasión.
Al término de este estudio, constatamos que los textos bíblicos no presentan ninguna contradicción real. Las diversas declaraciones relativas a la muerte, la sepultura y la resurrección del Mesías Jesús se armonizan de manera coherente cuando se las sitúa en su contexto histórico, cultural y teológico.
Más aún, este análisis recuerda que el objetivo primero de los evangelistas no era ofrecer un tratado de cronología, sino dar testimonio de un acontecimiento único: la victoria del Mesías sobre la muerte. La verdadera señal de Jonás no es un cálculo de horas o de días. Reside en el hecho de que aquel que entró en la muerte salió vivo del sepulcro, cumpliendo así las Escrituras y confirmando su identidad de Hijo de Dios (Romanos 1.4; Hechos 2.24-32).
La hipótesis propuesta en este estudio no pretende resolver definitivamente todas las cuestiones cronológicas. Ofrece, sin embargo, una explicación posible de la mención de los «tres días y tres noches» que respeta a la vez la cronología tradicional de la Pasión, el lenguaje bíblico relativo a las tinieblas y la coherencia general del testimonio evangélico. Así, lejos de debilitar la confianza en las Escrituras, esta reflexión pone una vez más de relieve la profundidad y la armonía de los relatos inspirados.
Un título, un personaje, un lugar, una referencia («Lucas 15»)…
Referencia bíblica
INF380
Nota informativa
INF380 - Las autoridades judías
Las autoridades judías
Les autorités qui ordonnent l'arrestation de Pierre et Jean en Hechos 4.1-3 constituent un ensemble de responsables religieux particulièrement influents. Luc mentionne trois groupes distincts : les sacrificateurs, le commandant du Temple et les sadducéens. Leur intervention permet de mieux comprendre les rapports de force qui existaient à Jérusalem au début de l'Église.
1- Los sacerdotes
Les « sacrificateurs » désignent les prêtres qui assuraient le culte quotidien du Temple. Certains appartenaient aux familles sacerdotales les plus influentes et plusieurs siégeaient au Sanhédrin. Leur fonction leur conférait une autorité considérable sur la vie religieuse du peuple.
El Templo constituía el centro de la vida judía. Ver a dos galileos enseñar públicamente en sus recintos, atraer a las multitudes y realizar milagros podía percibirse como un cuestionamiento de su autoridad. Los jefes sacerdotales habían desempeñado ya un papel determinante en el juicio de Jesús (Juan 11.47-53; Juan 18.13-14) y ahora se encontraban frente a sus discípulos.
2- El comandante del Templo
Luc mentionne également « le commandant du Temple » (Hechos 4.1). Il s'agissait probablement du chef de la garde du Temple, personnage très important dans la hiérarchie juive. Selon les sources juives, notamment la Mishna, ce responsable supervisait les lévites chargés de la sécurité et du maintien de l'ordre dans l'enceinte sacrée.
Il ne s'agissait pas d'un officier romain, mais d'un responsable juif. Sa fonction consistait à prévenir tout désordre susceptible d'attirer l'intervention des autorités romaines. Son rang était particulièrement élevé, immédiatement après celui du souverain sacrificateur.
El arresto de Pedro y de Juan no fue, pues, una iniciativa improvisada, sino una operación oficial llevada a cabo por las autoridades reconocidas del Templo.
3- Los saduceos
Luc souligne surtout la présence des sadducéens (Hechos 4.1-2). Ce groupe était composé en grande partie des familles sacerdotales les plus riches et les plus influentes. Ils entretenaient généralement de bonnes relations avec les autorités romaines afin de préserver leur position privilégiée.
Contrairement aux pharisiens, les sadducéens rejetaient plusieurs doctrines importantes :
la resurrección de los muertos (San Mateo 22.23);
la existencia de los ángeles y de los espíritus (Hechos 23.8);
certaines traditions orales développées par les pharisiens.
La predicación apostólica chocaba directamente con sus convicciones. Anunciar que Jesús había resucitado equivalía a confirmar la doctrina misma que combatían. No es, pues, sorprendente que Lucas insista en su irritación (Hechos 4.2).
4- Una oposición que Jesús ya había encontrado
Es llamativo comprobar que los mismos grupos que habían contribuido a la condena de Jesús se encuentran ahora frente a sus discípulos. En cierto sentido, Pedro y Juan prosiguen el ministerio de su Maestro y se topan con los mismos adversarios.
Esta continuidad aparece claramente en el relato de los Evangelios. Los jefes religiosos habían procurado reducir a Jesús al silencio (Marcos 14.53-65); ahora intentan acallar a sus testigos.
5- El Sanedrín al fondo
Bien que le Sanhédrin ne soit pas encore mentionné explicitement en Hechos 4.1-3, il se profile déjà derrière cette arrestation. Le lendemain, Pierre et Jean seront effectivement conduits devant cette assemblée suprême (Hechos 4.5-6).
Le Sanhédrin était composé d'environ soixante-dix membres, parmi lesquels se trouvaient :
el sumo sacerdote;
los ancianos del pueblo;
los principales sacerdotes;
los escribas y doctores de la Ley;
representantes de los partidos saduceo y fariseo.
Bajo la dominación romana, esta institución conservaba una amplia autoridad religiosa y judicial, aunque el poder de ejecutar una condena capital estaba fuertemente limitado.
6- Una inquietud más que una simple hostilidad doctrinal
La oposición de las autoridades judías no se explica únicamente por divergencias teológicas. Varios elementos debían inquietarlas:
el rápido crecimiento del movimiento cristiano (Hechos 2.41);
la creciente influencia de los apóstoles sobre la población;
los milagros realizados públicamente (Hechos 4.16);
el riesgo de agitación popular capaz de provocar una intervención romana;
el cuestionamiento implícito de su propia autoridad religiosa.
Unas semanas antes, probablemente habían pensado que la crucifixión de Jesús pondría un fin definitivo a su movimiento. Pero descubren con sorpresa que sus discípulos continúan su obra con una seguridad nueva.
7- Una primera confrontación destinada a repetirse
Cette arrestation inaugure une longue série d'affrontements entre les autorités juives et les apôtres. Pierre et Jean comparaîtront plusieurs fois devant le Sanhédrin (Hechos 4.5-22 ; Hechos 5.27-40), Étienne sera condamné à mort (Hechos 7.54-60), et Saul de Tarse deviendra l'un des principaux persécuteurs de l'Église avant sa conversion (Hechos 8.1-3).
Paradójicamente, esta oposición no hará sino contribuir a la difusión del cristianismo, conforme al programa anunciado por el Señor: «Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1.8).
8- Una observación interesante
Luc ne mentionne pas ici les pharisiens. Ce silence est probablement significatif. Les principaux adversaires des apôtres dans les premiers chapitres des Actes semblent être les sadducéens et les familles sacerdotales qui contrôlaient le Temple. Les pharisiens, bien qu'opposés au mouvement chrétien sur plusieurs points, apparaissent parfois plus modérés, comme le montrera plus tard l'intervention de Gamaliel (Hechos 5.34-39). Cette nuance est importante pour comprendre la diversité du judaïsme du premier siècle.
INF002
Nota informativa
INF002 - Les pharisiens
Los fariseos
Les Pharisiens étaient un groupe religieux et social important dans le judaïsme antique, particulièrement pendant la période du Second Temple. Voici quelques points clés à leur sujet :
Origines et Histoire
Origines : Les Pharisiens ont émergé comme un groupe distinct après la révolte des Maccabées, vers 165-160 av. J.-C. Ils étaient souvent considérés comme les descendants spirituels des Hasidéens.
Période : Ils ont prospéré jusqu'à la destruction du Second Temple en 70 ap. J.-C. Après cette date, leurs enseignements ont formé la base de ce qui est devenu le judaïsme rabbinique.
Croyances et Pratiques
Textes Sacrés : Contrairement aux Sadducéens, qui se concentraient uniquement sur la loi écrite (le Pentateuque), les Pharisiens croyaient en une loi écrite et une loi orale (la Torah orale). Résurrection : Les Pharisiens croyaient en la résurrection des morts et en l'immortalité de l'âme. Rites et Lois : Ils insistaient sur l'importance des traditions orales et des interprétations adaptées aux circonstances contemporaines.
Influence et Héritage Influence : Les Pharisiens ont eu une grande influence sur la liturgie et la pratique religieuse juive. Leurs enseignements ont été incorporés dans la Mishna, une compilation de la tradition orale juive, vers 200 ap. J.-C. Héritage : Après la destruction du Second Temple, les enseignements des Pharisiens ont formé la base du judaïsme rabbinique, qui continue d'influencer le judaïsme moderne.
Les Pharisiens sont souvent mentionnés dans le Nouveau Testament, notamment dans les Évangiles et les Actes des Apôtres, où ils sont souvent en conflit avec Jésus et les autres figures religieuses de l'époque.
Les Pharisiens dans la Bible
Ils constituent le groupe le plus représentatif du judaïsme. Ses membres, originaires du peuple, s’opposent aux compromis, avec l’envahisseur Romain, mais aussi avec l’hellénisme. Nous les voyons plus proches de la population que les sadducéens.
Ils sont cités à cent trois reprises dans le Nouveau Testament, quatre vint treize fois dans les Évangiles, neuf fois dans les Actes des apôtres et une fois dans l’épître aux Philippiens.
Leurs rapports avec le Messie Jésus apparaissent fréquemment tendus, conflictuels. Il les reprendra à certains moments avec des termes violents, comme, « malheur à vous », « hypocrites » ce qui démontre bien cette opposition. Ils n’ont pas accès aux postes de hautes responsabilités, contrôlés par les Romains, et donc réservés aux sadducéens sympathisants, mais forment le groupe le plus important du Sanhédrin.
Ils se considèrent comme les grands défenseurs de la loi de Moïse qu’ils commentent. Leur interprétation devient la règle à suivre pour le peuple. Le Messie Jésus condamnera ces dérives à diverses occasions (San Mateo 23.13-29).
Ils sont souvent en désaccord avec leurs collègues sadducéens sur des points de doctrine tels que la vie éternelle ou les anges. Ils ont ajouté à la Loi écrite de Moïse, des principes oraux, qui leur permettent de contourner ses prescriptions. Jésus ne manquera pas de le signaler (San Mateo 23.23).
Nicodème et Joseph d’Arimathée appartenaient à ce groupe politico-religieux ce qui ne les a pas empêchés de se convertir au christianisme.
INF231
Nota informativa
INF231 - De la part ?
De la part de Jean, de la part de Dieu, de la part des 7 esprits, de la part de Jésus Christ ?
Apocalipsis 1.4-5 : « De la part de Jean aux sept Églises… que la grâce et la paix vous soient données de la part de celui qui est, qui était et qui vient, de la part des sept esprits qui sont devant son trône, et de la part de Jésus-Christ… »
Qui écrit ?
Jean est bien l’auteur humain : il rédige la lettre, il signe son nom, il s’adresse directement aux Églises.
Mais il se présente comme messager : il transmet une révélation qui ne vient pas de lui.
C’est pourquoi il dit : “de la part de…” → il se met en position de relais, pas de source.
Les trois “de la part de”
De la part de Dieu : “celui qui est, qui était et qui vient” → Dieu éternel, présent dans tout le temps.
De la part des sept esprits : image symbolique de la plénitude de l’Esprit de Dieu (le chiffre 7 = totalité). Cela signifie que l’Esprit agit pleinement devant le trône.
De la part de Jésus-Christ : présenté comme témoin fidèle, premier ressuscité, chef des rois.
Ces trois “de la part de” forment une salutation trinitaire : Dieu, l’Esprit, et Jésus-Christ. Jean écrit, mais il situe son message dans cette source divine.
En resumen
Oui, c’est Jean qui écrit.
Mais il insiste : le contenu vient de Dieu, par l’Esprit, et par Jésus-Christ.
Sa formule “de la part de…” est une manière de dire : je vous écris, mais ce n’est pas mon message, c’est celui que j’ai reçu et que je transmets.
Cela donne à l’Apocalypse son autorité : ce n’est pas une opinion personnelle de Jean, mais une révélation qu’il relaie fidèlement.
INF004
Nota informativa
INF004 - Les romains
Los romanos
En l’an -63 av. J.-C. le général romain Pompée, envahi le territoire d’Israël et prend Jérusalem. Le judaïsme grâce à Jule César devient en l’an -45 av. J.-C. une religion légale.
Cinq ans plus tard, en -40 av. J.-C. L’empereur Auguste met un terme à la dynastie hasmonéenne et nomme Hérode le Grand, un Iduméen, donc, pas de lignée royale, roi des Juifs.
Quelques années, après la mort d’Hérode le Grand, en l’an 6, Rome change le statut de la Judée ainsi que de la Samarie et de l’Idumée (l’Edom biblique) pour le transformer en provinces romaines placées sous la responsabilité de procurateurs romains.
Les fils du monarque Hérode seront promus par l’autorité romaine, tétrarques, et gouverneront ces différentes provinces sous l’égide de ces procurateurs.
Nous sommes par conséquent, pendant le ministère du Messie Jésus avec un préfet, Ponce Pilate et un tétrarque, Hérode Antipas qui se partagent le pouvoir. Les deux hommes se haïssent jusqu’au jour de la condamnation du Messie Jésus (San Lucas 23.12).
Quarante ans après la crucifixion du Messie Jésus, l’insurrection des Juifs, commencée en 66, est jugulée, Titus détruit le temple de Jérusalem en l’an 70 et tout se termine avec la chute de Massada le 2 mai 73.
D’autres révoltes suivront jusqu’en 135.
En 130, l’empereur Hadrien change de nouveau le statut du pays d’Israël, en créant une nouvelle colonie romaine, le nom de Jérusalem est remplacé par Aelia Capitolina.
Le Messie Jésus exercera son ministère dans un territoire occupé par les Romains, avec un gouverneur désigné par Rome.
Trois hommes se partagent donc à ce moment de l’histoire, la direction du pays d’Israël :
Ponce Pilate, le préfet romain, il détient tous les pouvoirs en particulier sur la Judée.
Hérode Antipas, règne sur la Galilée et la Pérée.
Le Souverain Sacrificateur, Caïphe, responsable des problèmes religieux.
INF089
Nota informativa
INF089 - Le sabbat
El sábado
Le sabbat est un jour de repos et de sanctification dans la tradition juive, observé du vendredi soir au samedi soir. Voici quelques éléments importants à connaître sur le sabbat :
Origines et Signification
Commandement Biblique : Le sabbat est l'un des Dix Commandements donnés par Dieu à Moïse sur le mont Sinaï. Il est mentionné à plusieurs reprises dans la Torah, notamment dans Exode 20.8-11 et Deutéronome 5.12-15. Création : Le sabbat commémore le jour de repos de Dieu après les six jours de la création, tel que décrit dans Genèse 2.2-3. Libération d'Égypte : En plus de la création, le sabbat est aussi un rappel de la libération des Israélites de l'esclavage en Égypte, symbolisant la liberté et la sanctification.
Observance et Pratiques
Repos : Le sabbat est un jour de repos complet où les travaux créatifs (appelés "melakhot") sont interdits. Cela inclut des activités comme cuisiner, écrire, allumer un feu, et plus encore. Célébration : Le sabbat commence le vendredi soir avec un repas festif, souvent précédé par l'allumage des bougies du sabbat. Des prières spéciales, comme le Kiddouch (sanctification), sont récitées. Services Religieux : Les juifs pratiquants assistent aux services religieux dans les synagogues, où des lectures spéciales de la Torah et des prières sont effectuées.
Temps en Famille et Spiritualité : Le sabbat est aussi un moment de rassemblement familial, d'étude de la Torah, et de réflexion spirituelle.
Importance Spirituelle
Lien avec Dieu : Le sabbat est un temps consacré à la spiritualité et au renforcement du lien avec Dieu, un temps de repos physique et spirituel. Communauté : Le sabbat encourage le rassemblement communautaire et familial, renforçant les liens sociaux et religieux.
Signification du Sabbat pour les Juifs
Pour les Juifs, le sabbat est bien plus qu'un simple jour de repos. Il est un rappel hebdomadaire de la création du monde et un symbole du pacte entre Dieu et le peuple d'Israël. Le sabbat est un temps sacré dédié à la prière, à la réflexion spirituelle, et à la communion familiale et communautaire.
L'observation du sabbat implique l'abstention de tout travail, la participation à des services religieux à la synagogue, la préparation de repas spéciaux et la célébration en famille. C'est un moment pour se détacher des préoccupations matérielles et se concentrer sur le spirituel, renforçant ainsi les liens avec Dieu et avec les proches.
Application du Sabbat au Temps de Jésus
Au temps de Jésus, le sabbat avait une grande importance religieuse et sociale. Les lois du sabbat étaient scrupuleusement observées, et les pharisiens, ainsi que les scribes, étaient particulièrement vigilants quant au respect strict de ces lois. Ils avaient élaboré un ensemble détaillé de règles pour déterminer ce qui était considéré comme un "travail" interdit le jour du sabbat.
Jésus, cependant, a souvent défié ces interprétations rigides des lois du sabbat. Par exemple, il a guéri des malades le jour du sabbat, ce qui a provoqué des controverses avec les autorités religieuses de son temps. Jésus a enseigné que le sabbat a été fait pour l'homme, et non l'homme pour le sabbat (Marc 2.27), soulignant ainsi l'importance de la compassion et de l'humanité par rapport aux règles strictes.
L'approche de Jésus vis-à-vis du sabbat mettait en lumière l'idée que les lois religieuses devaient servir le bien-être des gens, plutôt que devenir des fardeaux oppressifs. Cette perspective a contribué à des tensions entre lui et les autorités religieuses, et a joué un rôle dans les conflits qui ont finalement conduit à sa crucifixion.
Le sabbat est une institution centrale du judaïsme, symbolisant le repos, la sanctification, et le lien avec Dieu. Il joue un rôle essentiel dans la vie religieuse et sociale des juifs, offrant une pause hebdomadaire dédiée à la réflexion, à la prière, et à la communion avec les proches.
INF038
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INF038 - YHWH
YHWH
Le tétragramme YHWH est le nom propre de Dieu utilisé dans la Bible hébraïque. Voici quelques informations clés :
Signification et Origine
Nom de Dieu : YHWH est considéré comme le nom le plus sacré de Dieu dans le judaïsme. Il est souvent traduit par "L'Éternel" ou "Jehovah" en français.
Origine : Le terme "tétragramme" signifie "quatre lettres" en grec, se référant aux quatre lettres hébraïques יהוה (yod, hé, waw, hé).
Prononciation
Inconnue : La prononciation exacte du tétragramme est inconnue car, dans la tradition juive, il était interdit de prononcer ce nom pour éviter de le profaner.
Substituts : En lieu et place, des substituts comme "Adonaï" (Seigneur) ou "HaShem" (Le Nom) sont utilisés.
Usage
Texte Sacré :Le tétragramme apparaît fréquemment dans la Torah et d'autres écrits de la Bible hébraïque. Rituel et Prières : Dans les prières et les rituels, les Juifs utilisent généralement "Adonaï" pour remplacer YHWH lorsqu'ils lisent les textes sacrés à haute voix.
Importance Théologique
Monothéisme :YHWH souligne l'unicité et l'exclusivité de Dieu dans la foi juive. Relation Divine :Il exprime la relation personnelle entre Dieu et le peuple d'Israël, marquant une révélation divine et une alliance.
Le tétragramme est donc un élément central et sacré dans la théologie et la pratique religieuse juive.