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Jesús el Mesías, el Verbo encarnado, y Juan el Bautista, el Precursor

El artículo explora cómo el Evangelio de Juan afirma que Jesús es el Verbo encarnado y Dios, con Juan el Bautista como Precursor. El apóstol Juan pretende demostrar que Jesús, tanto Mesías rey como figura divina, satisface las expectativas mesiánicas judías.

4 min Mesías Verbo encarnado Juan el Bautista Precursor 2 versículos 1 libro

Consulta

Textos bíblicos

Mateo
San Mateo (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Marcos
Marcos (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Lucas
San Lucas (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Juan
Juan 1.1-18 (Reina-Valera 1909)

EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fué hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.

Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquél era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre:

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios.

Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Juan dió testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: El que viene tras mí, es antes de mí: porque es primero que yo.

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.

Porque la ley por Moisés fué dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fué hecha.

A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró.

Detalles técnicos

Lugar: Israel

¿Por qué y cómo escribió Lucas su Evangelio?

Todos los acontecimientos relatados en los Evangelios se consideran hechos que ocurrieron realmente y tuvieron lugar en lo que hoy se conoce como Israel.

Jesús y Juan el Bautista

Jesús y Juan el Bautista

Comentario

El prólogo de Juan se distingue claramente del de Lucas. Juan evoca sus recuerdos y también dispone de documentos. Es evidente que tomó notas sobre los momentos clave del ministerio de Jesús el Mesías. Conocía los relatos de Mateo, de Marcos e incluso de Lucas. Estamos ante un testimonio, pero también ante una argumentación destinada a demostrar que Jesús el Mesías es el Hijo de Dios, anunciado desde la fundación del mundo.

A diferencia de Lucas, Juan no se limita a relatar episodios de la vida de Jesús el Mesías; persigue un objetivo preciso: convencer de que este Jesús el Mesías, junto a quien vivió durante tres años y medio, es realmente el Hijo de Dios que vino a salvar a la humanidad. Su razonamiento va más allá y afirma categóricamente que Jesús el Mesías es Dios mismo. Por tanto, cabe esperar que este escrito defienda constantemente esa afirmación.

Juan afirma claramente que Jesús es el Verbo hecho carne, existente desde toda la eternidad, y presenta a Juan el Bautista como el precursor, quien proclama en el desierto la venida del Mesías. El autor, Juan, se esfuerza por distinguir bien los papeles: está la luz y está quien da testimonio de esa luz.

Cuando Juan escribe estas líneas, Jesús el Mesías y Juan el Bautista ya no están presentes. Es imposible ignorar las tensiones que existían entre los discípulos de Juan el Bautista y los de Jesús el Mesías (Juan 3.25-29). Al dirigirse a todos, incluidos los discípulos de Juan el Bautista, el apóstol Juan subraya que Juan fue un gran profeta, pero que Jesús es el Mesías rey y que, por tanto, es a él a quien se debe seguir.

Los manuscritos de Qumrán revelan que los judíos de la época esperaban dos figuras mesiánicas: un mesías sacerdote y un mesías rey. Las precisiones aportadas por Juan cobran así todo su sentido.