ANN017

Los bautismos

El artículo examina los diferentes bautismos del Nuevo Testamento, desde Juan el Bautista hasta Jesús y Pablo. Muestra cómo cada bautismo marca una etapa clave en la formación de la Iglesia primitiva, integrando el arrepentimiento y la fe en Cristo.

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Introducción

Cuando leemos los Evangelios, observamos la existencia de tres bautismos distintos.

El primero lo practica Juan el Bautista, mientras que el segundo es el del Mesías Jesús durante su ministerio en Judea.

También conviene añadir un tercero, el del apóstol Pablo. Nos encontramos así con diversos bautismos, fuente de confusión. Incluso el apóstol Pablo preguntó a los cristianos de Éfeso qué tipo de bautismo habían recibido.
Podemos observar además el bautismo del Espíritu Santo, que ocurrió el 22 de mayo del 33 d. C. durante la .

Hechos 19.4-7 (Reina-Valera 1909)

Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es á saber, en Jesús el Cristo.

Oído que hubieron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Y eran en todos como unos doce hombres.

I. Les trois baptêmes d’eau

Constatamos tres bautismos diferentes, e incluso el apóstol Pablo preguntará a los cristianos de Éfeso:

Hechos 19.3 (Reina-Valera 1909)

Entonces dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

Podría haberse quedado ahí, pero el texto añade:

Actes 19.4–5 (S21)

Hechos 19.4-5 (Reina-Valera 1909)

Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es á saber, en Jesús el Cristo.

Oído que hubieron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

El apóstol Pablo juzgó necesario volver a bautizar a estas personas, demostrando así que el bautismo de Juan el Bautista era insuficiente. El nuevo bautismo en el nombre del Señor Jesús se convirtió en el único necesario, indispensable para marcar el compromiso con el Mesías Jesús, así como para el perdón de las faltas y de los pecados.

Hechos 18.24-25 (Reina-Valera 1909)

Llegó entonces á Efeso un Judío, llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.

Este era instruído en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñando solamente en el bautismo de Juan.

Constatamos que hubo un período de transición durante el cual algunos cristianos eran bautizados según el rito de Juan el Bautista, otros, en gran número, según el bautismo del Mesías Jesús, y por último, la mayoría según el bautismo del apóstol Pablo, en el nombre del Señor Jesús.

Es legítimo preguntarse: ¿cuál es el origen del bautismo de Juan? ¿Cuáles son las diferencias entre estos tres bautismos?

II. Le baptême de Jean le baptiste

Juan el Bautista va a instaurar una nueva señal para marcar el compromiso con una vida nueva: el bautismo. Este término quedará desde entonces unido a su nombre.

Es una revolución, pues este rito no existe en el judaísmo.

Marcos 1.4 (Reina-Valera 1909)

Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados.

Marcos precisa claramente aquí que se trata de un bautismo de arrepentimiento, pero añade: «para perdón de pecados». Por otra parte, Mateo indica que muchos y venían también a bautizarse.

San Mateo 3.7-9 (Reina-Valera 1909)

Y viendo él muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venían á su bautismo, decíales: Generación de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de la ira que vendrá?

Haced pues frutos dignos de arrepentimiento,

Y no penséis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.

Los son grandes defensores de la ley de Moisés; incluso se consideran garantes de su transmisión y de su interpretación. Sin embargo, aceptan este nuevo bautismo, y al parecer sin objeción.

¡Hay, sin embargo, un punto que los sorprende!

Juan 1.24-28 (Reina-Valera 1909)

Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos.

Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?

Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros ha estado á quien vosotros no conocéis.

Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí: del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.

Estas cosas acontecieron en Betábara, de la otra parte del Jordán, donde Juan bautizaba.

Al parecer, estos religiosos consideraban que solo el Mesías, Elías o el profeta tenían derecho a bautizar. Por tanto, no les sorprende el bautismo en sí, sino quien lo practicaba.

Conocen este tipo de práctica.

Levítico 14.8 (Reina-Valera 1909)

Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todos sus pelos, y se ha de lavar con agua, y será limpio: y después entrará en el real, y morará fuera de su tienda siete días.

Así pues, ni en el mensaje ni en las prácticas de Juan el Bautista hay una incitación a rechazar la ley de Moisés, todo lo contrario.

Él propugna un retorno a las fuentes del judaísmo, a Dios mismo. Esta postura explica por qué muchos y se adhirieron a sus enseñanzas, considerando que Juan el Bautista se inscribía plenamente en la tradición judía.

Para comprender mejor el significado de este bautismo, examinemos el pasaje en el que Juan el Bautista reprende a los religiosos que también desean recibir el bautismo.

San Mateo 3.8-9 (Reina-Valera 1909)

Haced pues frutos dignos de arrepentimiento,

Y no penséis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.

Para muchos, el simple hecho de ser judío se considera suficiente para obtener la redención cumpliendo los ritos de la ley de Moisés.

Sin embargo, la noción de arrepentimiento se ha perdido; están anclados en una tradición rutinaria, mientras que la relación personal con Dios se ha desvanecido.

San Lucas 18.10-14 (Reina-Valera 1909)

Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano.

El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;

Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.

Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador.

Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

La actitud de este fariseo, en esta citada por Lucas, es sintomática.

Un judío que cumple la ley, y por tanto religioso, está en armonía con Dios. ¡Eso es lo que piensa, pero también lo que cree! A este planteamiento le falta un punto capital: el arrepentimiento.

Esta es la base misma del mensaje de Juan el Bautista, que propone como señal de compromiso con este camino el llamado bautismo de arrepentimiento. Por tanto, no es posible la redención únicamente en este bautismo, sino que sigue hallándose en los sacrificios del templo.

San Mateo 3.2 (Reina-Valera 1909)

Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.

Esta nota de Mateo: «Cambien de actitud», que a veces se traduce por «arrepiéntanse», resume muy bien este bautismo de Juan.

Juan el Bautista es consciente de las limitaciones de su bautismo, que no incluye la redención:

San Mateo 3.11-12 (Reina-Valera 1909)

Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego.

Su aventador en su mano está, y aventará su era: y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

Marcos 1.7-8 (Reina-Valera 1909)

Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.

Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo.

Luc 3.16–17 (S21)

San Lucas 3.16-17 (Reina-Valera 1909)

Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego;

Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.

Juan 1.26-27 (Reina-Valera 1909)

Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros ha estado á quien vosotros no conocéis.

Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí: del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.

Los cuatro autores de los Evangelios relatan las palabras de Juan el Bautista, quien anuncia claramente la venida inminente de alguien mucho más grande que él. Predice la llegada del Mesías, que ofrecerá un bautismo revolucionario.

III. Le baptême du Messie Jésus

Juan 3.26 (Reina-Valera 1909)

Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí bautiza, y todos vienen á él.

Con el relato de Juan descubrimos el comienzo del ministerio del Mesías Jesús en Judea.

Juan 3.22-24 (Reina-Valera 1909)

Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos á la tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba.

Y bautizaba también Juan en Enón junto á Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.

Porque Juan no había sido aún puesto en la carcel.

Juan 4.2 (Reina-Valera 1909)

(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),

Durante un breve período después de su bautismo, el Mesías Jesús, acompañado de numerosos discípulos, practicó en la misma región, como Juan el Bautista.

Sin embargo, no era él quien bautizaba, sino sus discípulos. Pero ¿a qué bautismo se refiere aquí? Estamos en el año 29 d. C., y el bautismo del apóstol Pablo, basado en la muerte del Mesías Jesús, aún no existe. Parece que aquí se habla del bautismo de arrepentimiento, el que practicaba Juan el Bautista.

Solo después de la muerte del Mesías Jesús empezará a difundirse el nuevo bautismo, el que propugna el apóstol Pablo. Cabe señalar que no hay otras alusiones en los Evangelios al bautismo practicado por los discípulos de Jesús, aparte de este pasaje de Juan.

Parece que el Mesías Jesús, seguido de sus discípulos, adoptó una práctica similar a la de Juan el Bautista al comienzo mismo de su ministerio en Judea.

San Mateo 28.19-20 (Reina-Valera 1909)

Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:

Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Marcos 16.15-18 (Reina-Valera 1909)

Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

Y estas señales seguirán á los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

Quitarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

En estas palabras del Mesías Jesús, después de su resurrección, se alude evidentemente al nuevo bautismo, el que anunció y practicó el apóstol Pablo.

IV. Le baptême de l’Apôtre Paul

No vamos a estudiar aquí en detalle la doctrina del bautismo cristiano, sino simplemente recordar algunos de sus aspectos para aclarar la diferencia con el de Juan el Bautista. Este bautismo tiene su origen en la muerte del Mesías Jesús, que es la base de una redención permanente.

Es la muerte expiatoria del Mesías Jesús la que ofrece a todos los hombres, en todas las épocas, la redención o el perdón de sus pecados. Así, este nuevo bautismo reemplaza los sacrificios de animales en el templo. Comprendemos también por qué el apóstol Pablo anima a los efesios a recibir este nuevo bautismo, en el nombre del Señor Jesús, como él precisa.

Hechos 19.4-5 (Reina-Valera 1909)

Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es á saber, en Jesús el Cristo.

Oído que hubieron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

Pedro define el vínculo directo entre la muerte del Mesías Jesús y este nuevo bautismo.

1 Pedro 3.21-22 (Reina-Valera 1909)

A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo:

El cual está á la diestra de Dios, habiendo subido al cielo; estando á él sujetos los ángeles, y las potestades, y virtudes.

Nos precisa claramente que la purificación de los pecados proviene de la fe en la muerte del Mesías Jesús, y que el bautismo es la señal del compromiso de una buena conciencia con Dios.

El principio es, pues, el mismo que en el antiguo pacto: es la muerte de un sacrificio inocente lo que permite la purificación de las faltas. La muerte del Mesías Jesús constituye en adelante un sacrificio perpetuo. Eso es también lo que nos dice Pablo.

1 Timoteo 2.5-6 (Reina-Valera 1909)

Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre;

El cual se dió á sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos:

Constatamos, pues, una diferencia fundamental entre el bautismo de Juan el Bautista y el del apóstol Pablo. Este último tiene ahora en cuenta el perdón de los pecados y, por tanto, la redención, y es también un compromiso con Dios.

V. Le baptême du Saint-Esprit

En sus palabras, Juan el Bautista anuncia la venida del Mesías y precisa que bautizará con el Espíritu Santo y fuego.

San Mateo 3.11 (Reina-Valera 1909)

Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego.

Marcos 1.7-8 (Reina-Valera 1909)

Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.

Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo.

San Lucas 3.16 (Reina-Valera 1909)

Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego;

¿Qué significa este nuevo bautismo?

Encontramos elementos de respuesta en el acontecimiento que tuvo lugar el 22 de mayo del 33 d. C., citado en el segundo libro de Lucas:

Hechos 2.1-4 (Reina-Valera 1909)

Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos;

Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;

Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.

Lucas describe la reacción de los testigos:

Hechos 2.5-13 (Reina-Valera 1909)

Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.

Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua.

Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son Galileos todos estos que hablan?

¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?

Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos,

Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto?

Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.

Es en ese momento cuando Pedro toma la palabra para explicar este acontecimiento extraordinario, pero no se apoya en las palabras de Juan el Bautista, sino en las del profeta Joel.

Hechos 2.14-21 (Reina-Valera 1909)

Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.

Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día;

Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:

Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños:

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo:

El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto;

Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Desarrollamos la argumentación de este discurso en el anexo ANN36: El discurso del apóstol Pedro.

Conclusión

Podemos considerar que, en realidad, solo existen dos bautismos, y que son fundamentalmente diferentes, aunque la práctica, la inmersión, sea similar, pues ese es el significado de esta palabra. Por una parte, está el bautismo de Juan el Bautista, también practicado por los discípulos del Mesías Jesús al comienzo de su ministerio en Judea, y por otra, el del apóstol Pablo. Aunque el arrepentimiento es común a ambos, la gran diferencia reside en la redención. Juan el Bautista solo ofreció la primera etapa; era necesario que el Mesías Jesús sacrificara su vida para realizar la segunda etapa.

Si consideramos la historia del mundo, podemos admirar el desarrollo de estos acontecimientos, pues en el año 70 d. C. el templo judío sería destruido, poniendo fin a los sacrificios de animales. Así, el bautismo de Juan el Bautista era solo una prefiguración de este nuevo bautismo, en el nombre del Señor Jesús.

También es importante señalar que, conforme a las palabras del profeta Joel y a las de Juan el Bautista, se instauró un nuevo bautismo el día de Pentecostés.

En el seno de la Iglesia, identificamos únicamente dos bautismos: el primero, el «bautismo de agua», es el del apóstol Pablo; el segundo, el «bautismo del Espíritu Santo», el de Pentecostés.