• El regreso de los 70 discípulos

    El regreso de los setenta discípulos (Lucas 10.17-24) ilustra su asombro tras su misión. Jesús los reorienta hacia lo esencial: alegrarse de que sus nombres estén inscritos en los cielos. Proclama la soberanía divina en la revelación, concedida a los humildes más que a los sabios. La declaración del versículo 22 afirma la intimidad única del Padre y del Hijo, y hace de Jesús el único mediador del conocimiento divino. Lucas subraya así la continuidad de la obra evangélica.

    San Lucas 10.17-24 (Reina-Valera 1909) :
    Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo.He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.
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