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La promesa del Espíritu Santo

El artículo examina la promesa del Espíritu Santo hecha por Jesús en Juan 14.16-31. Jesús prepara a sus discípulos para su partida y promete el Espíritu de verdad como vínculo vivo entre Cristo y la Iglesia. Este texto ilustra la obediencia perfecta de Jesús al plan divino y su amor manifestado al enviar al Consolador.

15 min Espíritu Santo Jesús Juan 14 Paracleto discurso de despedida 22 versículos 6 libros

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Textos bíblicos

Mateo
San Mateo (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Marcos
Marcos (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Lucas
San Lucas (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Juan
Juan 14.16-31 (Reina-Valera 1909)

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros.

No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.

Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis; porque yo vivo, y vosotros también viviréis.

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á él.

Dícele Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de manifestar á nosotros, y no al mundo?

Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada.

El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió.

Estas cosas os he hablado estando con vosotros.

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo.

Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere, creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí.

Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dió el mandamiento, así hago. Levantaos, vamos de aquí.

Detalles técnicos

Año 33

Lugar: La ciudad de Jerusalén, la casa de María, madre de Juan Marcos

Fecha: el viernes 1 de abril, muy temprano por la mañana

Modo de proceder: Seguimos ahora a Juan

Nota sobre el procedimiento: Juan es el único que registra estas últimas enseñanzas del Maestro

Mapa de Jerusalén y su región
Gráfico de barras del viernes

El Mesías Jesús comienza ahora una serie de enseñanzas dirigidas a sus discípulos; la segunda trata sobre el Espíritu Santo.

Detalles cronológicos, según nuestras conclusiones:

_3 La casa es, según nosotros, la de María, la madre de Juan, apodado Marcos. Hechos 12.12.

_4 La cena de Pascua comienza el jueves por la noche, después de las 18 h. Para los judíos ya es viernes (Marcos 14.17, San Mateo 26.20, San Lucas 22.14-18). Por tanto, no es el Séder oficial, que se celebrará el viernes por la noche Juan 18.28.

_5 La cena termina el viernes por la mañana antes del amanecer, entre la medianoche y las 2 h 30.

_6 Judas Iscariote se fue antes del final de esta cena. Juan 13.30.

Puede consultar la cronología completa en el estudio ANN026 : La hora de la crucifixión.

Comentario:

Este pasaje de Juan 14.16-31 se sitúa en el corazón del discurso de despedida del Mesías Jesús, en el momento en que prepara a sus discípulos para su inminente partida. Jesús promete la venida del Espíritu Santo, llamado aquí el Paracleto (o Consolador, Defensor), para continuar su obra después de su partida (Juan 14.16-17).

Este texto está claramente vinculado a la partida del Mesías Jesús, quien anuncia que va a dejar a sus discípulos, pero les asegura que no los dejará «huérfanos» (Juan 14.18). El Espíritu Santo tomará el relevo, permaneciendo con ellos y en ellos, y esta promesa se extiende a todos los que creerán después de ellos: el Espíritu Santo se convierte en el vínculo vivo entre el Cristo glorificado y su Iglesia (Juan 7.39, Romanos 8.9-11).

Es probable que Juan no haya transcrito palabra por palabra las palabras de Jesús. Más bien sintetizó el pensamiento del Señor, recibido en diversos momentos, bajo la inspiración del Espíritu Santo (Juan 14.26), precisamente el que debía «recordar todo lo que Jesús había dicho». La fidelidad del testimonio de Juan descansa, pues, en la acción de este Espíritu prometido.

Este pasaje revela también la sensibilidad particular del apóstol Juan, capaz de contemplar la profundidad espiritual y afectiva del Mesías. Jesús aparece aquí no solo como el maestro y el profeta, sino como aquel que obedece a la voluntad del Padre, mostrando que nada ocurre al azar; todo se cumple según el plan divino (Juan 3.16-17, Juan 17.4-5).

El texto sigue una progresión clara: primero el Mesías Jesús anuncia su partida (Juan 14.16-20), luego promete el Espíritu de verdad para guiar a los creyentes (Juan 14.21-24), después ofrece su paz como remedio contra el miedo y la turbación interior (Juan 14.25-27), y por último evoca la obediencia perfecta que manifiesta el amor entre el Padre y el Hijo (Juan 14.28-31).

Cuando el Mesías Jesús concluye con «Levantaos, vamos de aquí» (Juan 14.31), esto no significa necesariamente que salgan de inmediato de la casa de María; se trata más bien de una transición literaria, un cambio de tono antes de los cuatro discursos siguientes relatados por Juan (Juan capítulos 15 a 17). Así, este versículo marca el paso de una fase de enseñanza a una fase de acción o de oración.

El corazón del mensaje de este pasaje reside en la continuidad entre el Mesías Jesús y el Espíritu Santo: uno se va, el otro viene, pero ambos cumplen la voluntad del Padre. La partida del Hijo y la venida del Espíritu Santo forman dos aspectos de un mismo designio: el de Dios permaneciendo junto a sus hijos.

Al ir a la cruz, el Mesías Jesús muestra que ama al Padre y que su obediencia perfecta es una revelación de ese amor (Juan 14.31). El Espíritu Santo prolongará esta obra, manteniendo viva la presencia y la palabra de Cristo en la vida de los creyentes. Juan 14.16-31 no es, pues, solo un discurso de despedida, sino también una promesa de presencia: la del Dios trino, que actúa en la historia y en el corazón de cada discípulo.