Juan relata brevemente el discurso pronunciado por Jesús el miércoles 13 de octubre del año 32, durante Hoshana Rabbat, último día de la fiesta de (fiesta de las cabañas o de los tabernáculos). En esa ocasión, el Mesías Jesús declaró que era una de agua viva. Parece que cuanto más nos acercamos al final de su ministerio, más directas y precisas se vuelven sus palabras, aunque todavía no habían tenido lugar todos los acontecimientos históricos que permitieran una comprensión completa en ese momento.
A pesar de esta proclamación excepcional, la multitud sigue dividida: unos adhieren y comprenden que Jesús es en verdad el Mesías, mientras que otros siguen cuestionándose y buscan excusas para rechazar lo evidente.
Incluso los guardias que habían venido a arrestarlo desobedecieron, porque se daban cuenta de que vivían tiempos excepcionales.
Esa es la excusa que presentarán.
El bando de los parece hallarse en una situación difícil ante la evidencia que deben considerar.
Nicodemo asume el riesgo de intervenir:
La única explicación presentada por los fue la siguiente:
La argumentación parece muy ingenua y frágil, sobre todo porque el profeta Nahúm es originario de Elcos, en Galilea, y Jonás de Gat-hefer, también en Galilea, según algunas fuentes. Por otra parte, si el Mesías Jesús vivió en Galilea, nació en Judea, en Belén.
La situación escapa por completo al control de las autoridades religiosas, que caerán en una oposición fanática que conducirá a la muerte del Mesías Jesús.
Notamos que, entre la multitud de oyentes, muchos reconocieron en Jesús el Nazareno al Mesías anunciado por los profetas.
Juan muestra bien en sus relatos la oposición cada vez mayor de los ; describe bien el clima deletéreo que se instala y el odio que no hace más que crecer de las autoridades religiosas. La muerte del Mesías Jesús se convierte ahora en la única alternativa concebible para esos hombres.
El Mesías Jesús debe mostrar una gran prudencia para evitar que sus partidarios provoquen una sedición, lo que podría acarrear graves consecuencias dada la reacción potencialmente violenta de los soldados . Asimismo, las autoridades religiosas deben actuar con cautela para evitar cualquier agitación durante una eventual detención pública del Mesías Jesús. Así, ninguno de los actores implicados tiene interés en que se produzca un levantamiento en este contexto.
Esta situación permite comprender por qué el Mesías Jesús disponía de libertad de acción y de palabra en ese momento.