Examinamos el sermón del monte, dividido en 21 secciones.
Jesús el Mesías aborda aquí el principio de la fe.
Se trata, pues, de la fe, de esa confianza en que Dios satisface las necesidades materiales. Quien se dedica a la obra divina lo hace a costa de las ganancias de su propio trabajo. Esto ilustra el principio anterior: ¡no se puede servir a Dios y a Mamón al mismo tiempo!
Para quien sirve a Dios, Jesús el Mesías utiliza los pájaros y los lirios del campo como ejemplos para mostrar que Dios cuida de sus discípulos. Conociendo la naturaleza humana, Jesús repite tres veces que no se inquieten y menciona la inquietud una vez.
Este modo de vida puede parecer atípico, pero Jesús el Mesías asegura que el verdadero discípulo nunca pasará necesidad (Salmos 37.25). Además, Jesús el Mesías señala aquí que la inquietud refleja una fe insuficiente. Se lo reprochará en numerosas ocasiones a sus discípulos (San Mateo 8.26, San Mateo 14.31, San Mateo 16.8).
Este principio concuerda directamente con el tema anterior sobre el dinero, y el mensaje es claro: dedíquense con diligencia a promover el reino de Dios. Por consiguiente, no tendrán que preocuparse por sus propias necesidades, pues Dios promete satisfacerlas.
El Salvador Jesús no deja nada sin aclarar y aborda con determinación todas las implicaciones del compromiso de sus discípulos.
De ahora en adelante, el discípulo se apoya en la fe; por tanto, ya no tiene que preocuparse por otras cuestiones. Debe centrarse únicamente en su trabajo y dejar que su Maestro se ocupe del resto.
San Lucas 12.22-34 aborda este tema en otro momento del ministerio de Jesús el Mesías. Está claro que los apóstoles debieron de interrogar al Maestro detenidamente y con frecuencia sobre este asunto, pues estaban acostumbrados desde su juventud a satisfacer por sí mismos todas sus necesidades y ahora debían confiar esa responsabilidad a Dios.
Este cambio supone un desafío importante que puede generar ansiedad.