El apóstol Juan, al comienzo de su relato, narra este episodio que los autores de los Evangelios sinópticos sitúan al final del ministerio de Jesús, el Mesías. Si Juan registró este episodio en ese momento, conociendo los escritos de sus amigos, eso significa sencillamente que Jesús, el Mesías, expulsó a los mercaderes del Templo en dos ocasiones, separadas por tres años.
En efecto, aunque hay semejanzas entre los dos hechos citados, observamos sobre todo diferencias incompatibles con la hipótesis de que describan el mismo acontecimiento.
La fase principal de renovación del Templo llevaba terminada unos tres años cuando Juan sitúa este acontecimiento; aun así, seguirían realizándose distintas obras menores hasta el año 63. Pero estas mejoras ya no impedirían las actividades relacionadas con el culto judío.
Los vendedores y los cambistas habían conseguido un espacio aún mayor bajo los pórticos de Salomón, con la autorización del sumo sacerdote Caifás y del .
Esta decisión disgusta a muchos judíos piadosos, por lo que Jesús, el Mesías, al oponerse valientemente a la instalación de estos mercaderes en la explanada del Templo, contaría con su apoyo en caso de problemas. Estos mercaderes judíos, conscientes de la situación explosiva, reaccionan con prudencia.
Durante las grandes fiestas, los vendedores llegaban hasta la explanada del Templo para atraer a los compradores. Este lugar de recogimiento y oración se transformaba en un mercado ensordecedor. Los olores y los ruidos de los animales, así como sus excrementos, acentuaban esta transformación. Muchos judíos no aceptaban esta decisión del .
Podría sorprendernos que el Maestro expulsara en dos ocasiones a los vendedores del Templo. Pensamos que, en realidad, habría tenido que desalojarlos todos los años, pues difícilmente un acto así cambiaría una práctica tan lucrativa.
Este acontecimiento recordó a los discípulos dos puntos importantes: el celo que animaba a su Maestro y el anuncio de su resurrección. Solo después de la muerte de Jesús, el Mesías, comprendieron muchas de sus palabras y de sus acciones.
La frase «Destruid este templo y en tres días lo levantaré» significa: «¡Matadme y al tercer día resucitaré!». Esto nos recuerda la alusión de San Mateo 12.40 a los tres días y tres noches de Jonás.
La primera Pascua que Jesús, el Mesías, celebró en Jerusalén durante su ministerio queda marcada por la purificación del templo. Ocurrirá lo mismo en la cuarta y última Pascua.
Desarrollamos este estudio en el anexo ANN075 : Los vendedores expulsados del Templo.