Estudios 1 a 2
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PER225
La parábola del amigo inoportuno
La parábola del amigo importuno (Lucas 11.5-13), exclusiva del evangelio de Lucas, sigue a la enseñanza del Padrenuestro. En ella, Jesús enseña la perseverancia en la oración: si un amigo acaba cediendo ante la insistencia, cuánto más generosamente dará Dios a quienes le oran con fe, ofreciendo incluso el Espíritu Santo a quienes se lo piden.
San Lucas 11.5-13 (Reina-Valera 1909) :Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo qué ponerle delante;Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él?Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org -
PER239
La parábola de la torre
La parábola de la torre (Lucas 14.28-30), transmitida únicamente por Lucas, se inscribe en un discurso de Jesús sobre el costo del discipulado. Con la imagen de un constructor que calcula sus recursos antes de edificar, Jesús invita a sus discípulos a un compromiso reflexivo, lúcido y perseverante, y advierte contra una fe superficial o emocional, sin madurez espiritual.
San Lucas 14.25-35 (Reina-Valera 1909) :Y muchas gentes iban con él; y volviéndose les dijo:Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo.Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él,Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil?De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada.Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará?Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene oídos para oir, oiga.Santa Biblia Reina-Valera 1909, dominio público — texto: eBible.org