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El concubinato

Deseamos examinar con atención lo que dicen las Escrituras acerca del matrimonio, de la unión entre un hombre y una mujer, así como del concubinato...

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Introducción

Durante una visita al hospital, una enfermera nos preguntó acerca del concubinato. Basándose en diversas informaciones y en ciertas convicciones religiosas, consideraba que vivía en pecado. Esta conversación, centrada en lo que la Biblia enseña realmente sobre este tema, motivó la realización de este estudio.

Deseamos examinar con atención lo que dicen las Escrituras acerca del matrimonio, de la unión entre un hombre y una mujer, así como del concubinato. Puesto que la Biblia se presenta como la palabra de Dios (2 Timoteo 3.16), nos parece esencial buscar su enseñanza con seriedad, sin limitarnos a las tradiciones humanas ni a las opiniones personales.

El objetivo de este estudio es, por tanto, analizar los diferentes textos bíblicos relativos al matrimonio, al compromiso de la pareja y a la sexualidad, a fin de comprender cómo conciben los autores bíblicos la relación conyugal. Procuraremos también determinar si la noción moderna de concubinato corresponde o no al modelo presentado en las Escrituras.

Desde los primeros capítulos de la Biblia, la unión entre el hombre y la mujer aparece como una institución querida por Dios:

Génesis 2.24 (Reina-Valera 1909) :
Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.

Jesús mismo retoma este pasaje cuando enseña sobre el matrimonio:

San Mateo 19.5-6 (Reina-Valera 1909) :
Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne?Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.

El Nuevo Testamento menciona igualmente la necesidad de una conducta moral en las relaciones humanas y sexuales:

Hebreos 13.4 (Reina-Valera 1909) :
Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios.

Sin embargo, la Biblia presenta también situaciones familiares variadas y a veces complejas: poligamia, repudio, viudez, uniones irregulares o la ausencia de una ceremonia religiosa descrita explícitamente. Estos elementos requieren, pues, un estudio atento del contexto histórico, cultural y bíblico para evitar conclusiones precipitadas.

Nuestro propósito no es condenar a las personas, sino comprender fielmente la enseñanza bíblica en su conjunto, con humildad y equilibrio.

I. La unión de un hombre y una mujer según la Biblia

La expresión «la unión de un hombre y una mujer según la Biblia» remite principalmente a la concepción bíblica del matrimonio, tal como aparece progresivamente en las Escrituras, desde la creación en Génesis hasta las enseñanzas de Jesús y de los apóstoles.

1- El modelo original en el Génesis

La Biblia presenta la unión entre el hombre y la mujer como una institución querida por Dios desde la creación:

Génesis 2.24 (Reina-Valera 1909) :
Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.

Este versículo es fundamental. Contiene varias ideas importantes:

  • una separación del hogar paterno;
  • un apego duradero;
  • una unión profunda descrita como «una sola carne».

En este contexto, la unión conyugal no es únicamente sexual o social; posee también una dimensión espiritual y de alianza.

2- Jesús confirma este modelo

Jesús retoma directamente este texto cuando enseña sobre el matrimonio:

San Mateo 19.4-6 (Reina-Valera 1909) :
Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo,Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne?Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.

Insiste en:

  • el origen divino del matrimonio;
  • la unidad de la pareja;
  • el carácter duradero de esta unión.

Para Jesús, el modelo de referencia sigue siendo el de la creación.

3- El matrimonio en el contexto bíblico

En la Biblia, el matrimonio no siempre se describe mediante una ceremonia religiosa precisa como en las tradiciones modernas. Sin embargo, varios elementos se repiten con regularidad:

  • compromiso público;
  • alianza entre dos familias;
  • fidelidad;
  • vida en común;
  • relación sexual reservada al ámbito conyugal.

La sexualidad se presenta como vinculada a esta unión:

II. Concubinato y uniones fuera del matrimonio

Hebreos 13.4 (Reina-Valera 1909) :
Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios.

La noción moderna de «concubinato» no aparece directamente en los términos bíblicos contemporáneos. No obstante, las Escrituras condenan en general las relaciones sexuales fuera del marco reconocido de la unión conyugal (Hebreos 13.4; 1 Corintios 7.2; Efesios 5.3).

El Nuevo Testamento emplea con frecuencia el término griego porneia, traducido según las versiones por:

  • inmoralidad sexual;
  • impureza;
  • fornicación.

Este término aparece en numerosos pasajes importantes (San Mateo 15.19; Marcos 7.21; Hechos 15.20; 1 Corintios 5.1; Gálatas 5.19; Colosenses 3.5).

Por ejemplo:

1 Corintios 6.18 (Reina-Valera 1909) :
Huid la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.

o también:

1 Tesalonicenses 4.3 (Reina-Valera 1909) :
Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación;

Pablo añade igualmente:

1 Corintios 7.2 (Reina-Valera 1909) :
Mas á causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido.

El Nuevo Testamento recuerda también:

Hebreos 13.4 (Reina-Valera 1909) :
Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios.

Jesús mismo sitúa la unión conyugal en el marco del proyecto inicial de Dios:

San Mateo 19.5 (Reina-Valera 1909) :
Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne?

véase también:

Génesis 2.24 (Reina-Valera 1909) :
Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.

La dificultad reside a menudo en la definición exacta de lo que constituye bíblicamente un matrimonio válido:

  • ¿simple relación sexual? (1 Corintios 6.16)
  • ¿compromiso oficial?
  • ¿alianza pública? (Malaquías 2.14)
  • ¿reconocimiento social? (Juan 4.16-18)
  • ¿bendición religiosa?

En efecto, la Biblia presenta a veces el matrimonio como una verdadera alianza:

Malaquías 2.14 (Reina-Valera 1909) :
Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu mocedad, contra la cual tú has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.

Los relatos bíblicos muestran también que las uniones gozaban por lo general de un reconocimiento familiar o comunitario:

  • Isaac recibe oficialmente a Rebeca como esposa (Génesis 24.67);
  • Jacob sirve a Labán para obtener a Raquel (Génesis 29.18-28);
  • las suponen una celebración pública (Juan 2.1-2).

Sin embargo, los textos bíblicos no siempre responden de manera moderna o jurídica a estas preguntas, lo cual explica los debates entre las interpretaciones cristianas. Las formas del matrimonio variaron, por lo demás, según los períodos bíblicos y los contextos culturales (Deuteronomio 24.1-4; San Mateo 19.8).

Así, las Escrituras parecen insistir más bien en:

  • la fidelidad (Malaquías 2.14-15; Hebreos 13.4);
  • la estabilidad y la permanencia de la unión (Génesis 2.24; San Mateo 19.5-6);
  • el compromiso real y la alianza entre los esposos (Malaquías 2.14; Efesios 5.31);
  • la pureza moral (1 Tesalonicenses 4.3-4; 1 Corintios 6.18);
  • y la responsabilidad mutua en el seno de la pareja (Efesios 5.25-33; 1 Corintios 7.3-5),

que en la existencia de un procedimiento administrativo universal definido con precisión. En efecto, la Biblia nunca describe un modelo único y obligatorio de ceremonia o de registro legal aplicable a todas las épocas y a todas las culturas.

III. Una realidad más compleja en el Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento describe también situaciones familiares complejas:

  • la poligamia (Abraham: Génesis 16.1-4; Jacob: Génesis 29.23-30; David: 2 Samuel 5.13; Salomón: 1 Reyes 11.1-3);
  • las concubinas (Jueces 19.1-2; 2 Samuel 5.13);
  • el repudio (Deuteronomio 24.1-4);
  • los matrimonios concertados (Génesis 24.1-4; Génesis 24.50-51);
  • el levirato (Deuteronomio 25.5-10).

Sin embargo, la Biblia describe a veces estas prácticas sin aprobarlas necesariamente desde el punto de vista moral. Muchos relatos muestran incluso las tensiones, los conflictos y las dolorosas consecuencias que se derivan de estas situaciones:

  • rivalidad entre Sara y Agar (Génesis 16.4-6);
  • conflictos entre Lea y Raquel (Génesis 30.1-8);
  • dramas familiares en la casa de David (2 Samuel 13.1-29);
  • desviación del corazón de Salomón por sus numerosas mujeres extranjeras (1 Reyes 11.3-4).

Así, varias prácticas toleradas en la historia de Israel parecen responder más bien a una adaptación a la dureza del que al ideal inicial presentado en la creación (San Mateo 19.8).

IV. El ejemplo de la samaritana

El encuentro entre el Mesías Jesús y la samaritana en el pozo de Sicar constituye un pasaje particularmente interesante en el marco de esta reflexión sobre el concubinato, las uniones irregulares y la concepción bíblica de la pareja (Juan 4.1-30).
Este diálogo muestra que Jesús distingue claramente una relación conyugal legítima de una simple vida en común o de una relación afectiva no reconocida.

1- El contexto del relato

Mientras atraviesa Samaria, Jesús se detiene junto al pozo de Jacob, cerca de la ciudad de Sicar (Juan 4.5-6). Una mujer samaritana viene a sacar agua, y Jesús entabla conversación con ella a pesar de las tensiones culturales existentes entre judíos y (Juan 4.7-9).

El diálogo adquiere rápidamente una dimensión espiritual, y luego Jesús revela un conocimiento preciso de la situación sentimental de esta mujer:

2- Una distinción importante entre matrimonio y unión libre

Juan 4.16-18 (Reina-Valera 1909) :
Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

Este pasaje es notable porque Jesús reconoce explícitamente dos realidades diferentes:

  • los cinco hombres anteriores son llamados «maridos»;
  • el hombre con quien vive actualmente «no es» su marido.

Dicho de otro modo, Jesús no considera automáticamente la simple cohabitación o la relación sexual como equivalente al matrimonio.

Esta precisión es importante en un estudio sobre el concubinato, pues muestra que a los ojos de Jesús:

  • vivir con alguien no basta para constituir una verdadera unión conyugal;
  • existe una diferencia entre una relación reconocida como matrimonio y una relación irregular.

El texto griego emplea aquí el término anêr («marido» o «esposo»), lo que muestra que Jesús habla efectivamente del estado conyugal y no simplemente de un compañero.

3- Jesús no condena bruscamente a la mujer

El relato muestra también la actitud notable de Jesús:

  • revela la verdad;
  • no trivializa la situación;
  • pero tampoco rechaza a esta mujer.

Al contrario, le ofrece una enseñanza espiritual profunda sobre «el agua viva» y la verdadera adoración (Juan 4.10-24).
Este enfoque ilustra el equilibrio bíblico entre:

  • verdad moral;
  • llamado al arrepentimiento;
  • gracia y misericordia.

4- Una situación probablemente compleja

El texto no precisa por qué esta mujer tuvo cinco maridos:

  • muertes sucesivas;
  • divorcios;
  • repudios;
  • o situaciones sociales difíciles.

En el mundo antiguo, una mujer dependía a menudo económicamente de un hombre. Ciertas situaciones podían, pues, ser sufridas más que elegidas.

Sin embargo, Jesús subraya a pesar de todo que su relación actual no corresponde a una verdadera unión conyugal reconocida.

5- Interés de este pasaje para un estudio sobre el concubinato

Este relato puede, pues, utilizarse para mostrar varios principios bíblicos importantes:

  1. El matrimonio posee un reconocimiento particular

La Biblia distingue claramente:

  • el matrimonio;
  • y las relaciones fuera de este marco.

(Génesis 2.24 ; San Mateo 19.4-6)

  1. Una simple vida en común no equivale automáticamente a un matrimonio

Jesús afirma explícitamente:

Juan 4.18 (Reina-Valera 1909) :
Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

Esta frase constituye probablemente uno de los pasajes más explícitos del Nuevo Testamento sobre esta cuestión.

  1. La gracia no anula la exigencia moral

Jesús acoge a esta mujer con compasión, pero sin redefinir su situación como legítima.

  1. La salvación sigue siendo accesible

La samaritana se convierte incluso después en testigo ante los habitantes de la ciudad:

Juan 4.29 (Reina-Valera 1909) :
Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?

Muchos creyeron entonces en Jesús gracias a su testimonio (Juan 4.39-42).

V. Una tensión de interpretación hoy

Hoy existen varios enfoques entre los creyentes:

  • algunos consideran que solo la unión civil o religiosa constituye un matrimonio;
  • otros estiman que un compromiso real y duradero ante Dios puede bastar;
  • algunos insisten sobre todo en la fidelidad y la estabilidad de la pareja;
  • otros ponen el acento en la conformidad con un marco eclesial preciso.

Por eso un estudio serio del tema requiere:

  • el examen de los textos en su contexto;
  • una distinción entre descripción y prescripción;
  • una reflexión sobre la evolución de las estructuras sociales entre el mundo bíblico y nuestra época.

Estos tres principios constituyen una base importante para abordar honestamente la cuestión del matrimonio y del concubinato en las Escrituras. En efecto, ciertos pasajes bíblicos describen simplemente situaciones vividas por personajes, sin aprobar por ello todos sus comportamientos. Así, la presencia de la poligamia, de las concubinas o de ciertas uniones particulares en el Antiguo Testamento no significa necesariamente que estas prácticas representen el ideal querido por Dios (Génesis 16.1-4; 1 Reyes 11.1-4).

Es, pues, esencial distinguir:

  • lo que la Biblia relata históricamente;
  • y lo que presenta como modelo o enseñanza moral.

Esta distinción aparece claramente cuando Jesús remite a sus interlocutores al proyecto inicial de Dios en la creación:

Marcos 10.6 (Reina-Valera 1909) :
Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.

Cristo muestra así que ciertas prácticas toleradas en la historia de Israel resultaban a veces de la dureza del (San Mateo 19.8) y no correspondían plenamente al ideal original.

Por otra parte, conviene tener en cuenta la evolución de las estructuras sociales entre la época bíblica y nuestro mundo moderno. En las sociedades antiguas, el matrimonio se basaba a menudo en acuerdos familiares, compromisos comunitarios o alianzas reconocidas públicamente. Las ceremonias religiosas tal como las conocemos hoy no siempre se describían con precisión en los textos bíblicos.

Además, las nociones contemporáneas de:

  • matrimonio civil;
  • unión libre;
  • PACS ;
  • concubinato legal;
  • vida en común sin compromiso oficial;
    no existían en su forma actual en el mundo antiguo. Una simple transposición directa de las categorías modernas a los textos bíblicos puede, pues, conducir a conclusiones imprecisas.

El estudio debe entonces procurar identificar los grandes principios bíblicos que enmarcan la unión entre el hombre y la mujer:

  • fidelidad;
  • compromiso duradero;
  • responsabilidad mutua;
  • pureza moral;
  • respeto de la alianza;
  • protección de la familia.

El apóstol Pablo recuerda en particular que la relación conyugal posee una dimensión profunda y sagrada:

Efesios 5.32 (Reina-Valera 1909) :
Este misterio grande es: mas yo digo esto con respecto á Cristo y á la iglesia.

Así, más allá de los debates jurídicos o culturales, la Biblia parece presentar la unión conyugal como una alianza seria, pública y fiel, llamada a reflejar la relación entre Dios y su pueblo.

VI. ¿Convendría cualquier unión que respetara los principios bíblicos?

Esta es precisamente una de las cuestiones más delicadas del tema, pues la Biblia nunca ofrece una definición jurídica detallada del matrimonio comparable a nuestros sistemas modernos. Las Escrituras presentan sobre todo principios generales, mientras que las formas sociales del matrimonio han variado según las épocas y las culturas.

Por lo general existen dos grandes enfoques entre los lectores de la Biblia.

1- El enfoque que considera que una unión fiel puede constituir un matrimonio bíblico

Algunos estiman que el corazón del matrimonio bíblico reside principalmente en:

  • el compromiso duradero;
  • la fidelidad;
  • la vida en común;
  • la unión carnal («una sola carne»);
  • el reconocimiento social de la pareja.

Desde esta perspectiva, una pareja que vive junta de manera estable y fiel podría ser considerada casada ante Dios, aun sin ceremonia religiosa moderna ni documento administrativo contemporáneo.

Esta idea se apoya especialmente en el hecho de que:

  • la Biblia describe raramente ceremonias de boda detalladas;
  • Adán y Eva no tuvieron un rito oficial descrito (Génesis 2.24);
  • Isaac lleva a Rebeca a su tienda y ella se convierte en su mujer (Génesis 24.67);
  • la unión sexual se presenta como creadora de una forma de unidad profunda (1 Corintios 6.16).

Según esta lectura, el problema principal no sería la ausencia de un acto administrativo, sino más bien:

  • la ausencia de compromiso real;
  • la inestabilidad;
  • las relaciones múltiples;
  • o la negativa voluntaria a asumir públicamente su unión.

2- El enfoque que distingue claramente entre unión libre y matrimonio

Otros consideran, sin embargo, que el matrimonio bíblico implica necesariamente:

  • una alianza reconocida públicamente;
  • un compromiso explícito;
  • un reconocimiento familiar y social;
  • a veces una forma de autoridad civil o religiosa.

Subrayan que, en la Biblia, las uniones son generalmente conocidas y reconocidas por la comunidad. El matrimonio no se presenta como una simple cohabitación privada.

Este enfoque insiste también en los textos que llaman a evitar «la inmoralidad sexual» (1 Corintios 7.2; Hebreos 13.4) y considera que la unión sexual encuentra su lugar normal en un marco oficialmente asumido.

En esta lectura, el concubinato moderno plantea a veces un problema porque puede reflejar:

  • una ausencia de compromiso definitivo;
  • una voluntad de dejarse una puerta de salida;
  • o un rechazo consciente de la alianza matrimonial.

3- Una dificultad importante: nuestras categorías modernas

El problema viene también de que nuestra noción moderna de «unión libre» abarca realidades muy diferentes:

  • pareja estable desde hace 40 años con hijos;
  • relación provisional sin compromiso;
  • vida en común equivalente a un matrimonio;
  • simple cohabitación afectiva.

Ahora bien, la Biblia no trata directamente estas categorías contemporáneas.

4- Lo que parece central en las Escrituras

Cuando se reúnen los diferentes textos bíblicos, varios elementos aparecen como esenciales:

  • fidelidad;
  • exclusividad;
  • compromiso duradero;
  • responsabilidad mutua;
  • reconocimiento de la unión;
  • sinceridad ante Dios.

Así, muchos debates versan menos sobre la ceremonia misma que sobre la realidad del compromiso.

5- Una conclusión prudente

Parece, pues, difícil afirmar de manera absoluta:

  • ya sea que toda unión libre es automáticamente un pecado;
  • ya sea que equivale siempre plenamente al matrimonio bíblico.

Todo depende probablemente de lo que abarque realmente esta unión:

  • simple cohabitación sin compromiso;
  • o verdadera alianza de vida fiel y asumida.

La Biblia pone el acento sobre todo en la verdad del corazón, la fidelidad y la responsabilidad moral, más que en la sola conformidad con un procedimiento administrativo moderno. No obstante, valora también con fuerza las alianzas públicas y estables, lo que explica por qué muchos creyentes consideran el matrimonio oficialmente reconocido como la forma más conforme al espíritu de las Escrituras.

VII. Si una pareja respeta las prescripciones bíblicas, ¿se la considera casada según Dios?

Es una posibilidad defendida por algunos creyentes y teólogos, pero hay que reconocer que la Biblia nunca formula explícitamente esta conclusión de manera directa. Nos vemos, pues, obligados a razonar a partir de los principios bíblicos más que a partir de una definición jurídica precisa del matrimonio.

1- La obligación de someterse a las leyes

Sin embargo, se prescribe someterse a las leyes —se sobreentiende las de su país—:

«Toda persona esté sujeta a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.»
— Romanos 13.1

«Por causa del Señor, estad sujetos a toda institución humana.»
— 1 Pedro 2.13

En este ámbito, el matrimonio forma parte de la ley y se remonta, además, a muchas décadas. Celebra, sin confusión posible, una alianza entre un hombre y una mujer, conforme al designio original:

«Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.»
— Génesis 2.24

«¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?»
— San Mateo 19.4-5

El matrimonio muestra así claramente los principios que hemos señalado: compromiso público, fidelidad exclusiva, unión duradera entre un hombre y una mujer.

2- El matrimonio: la única alianza plenamente comprometedora

En consecuencia, aunque otros dispositivos legislativos y administrativos pudieran parecer convenientes, resulta claro que el matrimonio es la única alianza que compromete plenamente a la pareja: ante Dios, ante los hombres y ante la ley.

El apóstol Pablo recuerda además la importancia del compromiso formal y de la buena reputación:

«Procuramos hacer las cosas honradamente, no solo delante del Señor, sino también delante de los hombres.»
— 2 Corintios 8.21

3- Las otras formas de unión

Las demás formas reconocidas por la ley francesa —unión libre, concubinato, PACS— siguen siendo adaptaciones destinadas a encuadrar otros modos de alianza que se alejan de las prescripciones bíblicas. No incluyen ni el compromiso solemne ni la dimensión de alianza exclusiva y definitiva que la Biblia asocia al matrimonio.

Conclusión

Este estudio muestra que la Biblia insiste ante todo en la realidad del compromiso entre el hombre y la mujer, más que en una forma administrativa única y universal. Las estructuras jurídicas modernas —matrimonio civil, PACS, concubinato— no existían en su forma actual en la época bíblica. La manera de oficializar una unión ha evolucionado, además, considerablemente a lo largo de los siglos y sigue variando según las culturas y las legislaciones.

1- Los principios bíblicos fundamentales

En estas condiciones, la cuestión esencial reside menos en el estatuto administrativo en sí que en el respeto de los principios bíblicos fundamentales:

  • Fidelidad y exclusividad — un compromiso reservado a una sola persona;
  • Durabilidad — una alianza concebida para toda la vida;
  • Responsabilidad mutua — un apoyo recíproco en todos los aspectos de la existencia;
  • Sinceridad ante Dios — un corazón recto y una intención pura;
  • Reconocimiento público — una unión asumida ante los hombres.

Las Escrituras ponen el acento en la verdad del corazón y en la fidelidad a la alianza (Génesis 2.24; San Mateo 19.5-6). Jesús mismo reprochó a los jefes religiosos de su época haber multiplicado las reglas humanas en detrimento del espíritu de la Ley (Marcos 7.6-13).

2- El matrimonio: la forma de unión más conforme a las Escrituras

Sin embargo, conviene reconocer que el matrimonio sigue siendo hoy la forma de unión más clara, la más reconocida públicamente y la que menos se presta a confusión.

El término «concubinato» abarca realidades muy diversas: relaciones inestables, arreglos provisionales, pero también compromisos sinceros y duraderos. Esta ambigüedad lo hace difícilmente compatible con la exigencia bíblica de claridad y de testimonio público. Asimismo, el PACS constituye ante todo un marco jurídico civil, concebido inicialmente para situaciones distintas del matrimonio tradicional, y no garantiza el respeto de los principios bíblicos.

3- La obediencia a las leyes: un imperativo bíblico

La Biblia nos incita explícitamente a respetar las leyes establecidas por las autoridades:

«Toda persona esté sujeta a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios.»
— Romanos 13.1

«Por causa del Señor, estad sujetos a toda institución humana.»
— 1 Pedro 2.13

En Francia, el matrimonio es la institución legal que consagra oficialmente la unión de un hombre y una mujer en un marco público, solemne y comprometedor. Las demás formas de unión —unión libre, concubinato, PACS— fueron concebidas para responder a otras situaciones y se dirigen a otras categorías de personas. Se alejan de los objetivos fijados por las Escrituras: una alianza exclusiva, definitiva y pública entre un hombre y una mujer (Génesis 2.24; Hebreos 13.4).

4- El matrimonio: el camino que se debe privilegiar

Así, teniendo en cuenta este doble imperativo —respetar los principios divinos y someterse a las leyes del país—, el matrimonio aparece como la única opción que corresponde plenamente a los criterios bíblicos.

Por eso animamos encarecidamente a las parejas cristianas a elegir el camino del matrimonio. No por legalismo ni por conformismo social, sino porque esta alianza refleja mejor el designio de Dios para el hombre y la mujer. El matrimonio ofrece un marco claro, público y solemne que honra a Dios, protege a la pareja y da testimonio ante los hombres de la belleza del compromiso fiel.

El apóstol Pablo eleva además el matrimonio al rango de misterio sagrado, imagen de la unión entre Cristo y la Iglesia:

«Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; pero yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.»
— Efesios 5.31-32

Al elegir el matrimonio, la pareja cristiana no se contenta con cumplir una formalidad: realiza un acto de fe, un testimonio visible de su compromiso ante Dios y ante los hombres.

5- Una invitación bondadosa

Este estudio no pretende condenar a quienes viven situaciones diferentes, ni zanjar definitivamente un tema sobre el cual las opiniones siguen divididas en el mundo cristiano. Cada trayectoria es única, y Dios conoce los corazones.

Sin embargo, para quienes buscan honrar a Dios en su vida de pareja, el matrimonio sigue siendo el camino más seguro, más claro y más conforme a las Escrituras. Es un camino de bendición que animamos a emprender con alegría y confianza.

Porque, más allá de los marcos jurídicos, Dios mira ante todo el corazón: la sinceridad, la fidelidad y la verdad del compromiso humano (1 Samuel 16.7).