Debemos tener presentes las motivaciones de estos hombres que interrogaban al Mesías Jesús. Su objetivo no era comprender, sino encontrar un motivo de acusación para presentarlo ante el tribunal del .
Le preguntaron:
Su intención era clara: provocar una declaración que les permitiera acusar a Jesús de blasfemia, un delito castigado con la muerte según Levítico 24.16.
El podía dictar un veredicto, pero no tenía el poder de ejecutar una sentencia capital. Sin embargo, seguía siendo posible un linchamiento popular espontáneo, un acto de turba incontrolada que los habrían tolerado como un simple desbordamiento.
El Mesías Jesús se encuentra entonces en el templo de Jerusalén, durante la fiesta de la Dedicación (Janucá). En este contexto los judíos lo rodean y le piden que proclame abiertamente si es verdaderamente el Mesías.
El Mesías Jesús responde que ya lo ha dicho, pero ellos se niegan a creer. Los remite a sus obras, sus curaciones, sus milagros y su enseñanza, que atestiguan que actúa en nombre del Padre. Las señales que realiza son otras tantas pruebas visibles de su identidad mesiánica.
El Mesías Jesús establece una distinción entre quienes lo escuchan y quienes lo rechazan. Sus ovejas: escuchan su voz, lo siguen con confianza y son conocidas personalmente por él. Hay aquí una relación íntima y espiritual entre el Pastor y su rebaño, una marca de pertenencia auténtica.
El Mesías Jesús promete a sus discípulos vida eterna y una protección inviolable. Nadie puede arrebatarlos de su mano, ni de la del Padre, «mayor que todos». Esta doble afirmación pone de relieve la fidelidad de Dios y la seguridad absoluta de los creyentes en su plan de salvación.
Con estas palabras, el Mesías Jesús revela una unidad perfecta con Dios el Padre, no en persona, sino en naturaleza, voluntad y acción. Esta declaración, de una profundidad teológica mayor, lleva enseguida a algunos a acusarlo de blasfemia y a querer apedrearlo (Juan 10.31).
En resumen
El Mesías Jesús nunca ocultó su identidad: es el Mesías, el Hijo de Dios, el buen pastor. Ofrece a sus discípulos: una relación personal fundada en la escucha y la confianza, la vida eterna prometida y una seguridad absoluta en sus manos y en las del Padre.
Por último, manifiesta su profunda unidad con Dios, fundamento esencial de la fe cristiana: Dios y el Hijo obran juntos, unidos en el amor y la salvación.
La o de la Dedicación
¿Las fiestas de peregrinación?