Según la ley mosaica (Levítico 12.3), la pareja debía circuncidar al niño el octavo día después de nacer. Treinta y tres días después de la circuncisión, es decir, el cuadragésimo día tras el nacimiento, conforme a la ley prescrita en Levítico 12.1-8, presentaban a su primogénito en el Templo y ofrecían un sacrificio para la purificación de María.
Como su modesta situación económica no les permitía ofrecer un cordero, ofrecieron el sacrificio autorizado para los más pobres: dos tórtolas o dos pichones.
Esta modesta ofrenda indica que el hecho tuvo lugar antes de la visita de los Magos, que trajeron regalos de gran valor. Así, la familia permaneció en Belén al menos un mes y medio. Ante estos gastos adicionales, es plausible que José debiera buscar trabajo allí, quizá con sus propias herramientas, para mantener a su familia. Los dones de los Magos sin duda aliviaron después su situación económica.