Las aproximaciones entre Daniel 3 y Apocalipsis 13 son lo bastante numerosas y precisas como para justificar una lectura comparativa.
En los dos textos aparecen un poder dominante, una imagen, una exigencia de adoración y una amenaza de muerte contra quienes se niegan a someterse.
El vocabulario imperial y la dimensión universal refuerzan todavía más esta correspondencia.
Sin embargo, es preciso respetar las diferencias. La estatua de Daniel no recibe vida, la música no se retoma en Apocalipsis 13, la marca de la bestia no tiene equivalente en Daniel 3 y los números 60 y 6 no deben transformarse artificialmente en 666.
Daniel 3 no es, pues, una descripción cifrada y detallada de Apocalipsis 13.
Constituye más bien un precedente histórico y teológico de la situación escatológica descrita por Juan: un poder humano traspasa el límite de su autoridad cuando exige la adoración, y los siervos de Dios deben entonces elegir la fidelidad, incluso cuando esa elección amenaza su existencia.
La relación entre los dos pasajes puede formularse así con precisión: la llanura de Dura proporciona el modelo narrativo de un conflicto que el Apocalipsis lleva a su dimensión escatológica. Lo que está en juego sigue siendo fundamentalmente lo mismo: la autoridad política puede reclamar la obediencia que le corresponde, pero se vuelve idólatra cuando reclama la adoración que pertenece solo a Dios.