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Daniel 3 y Daniel 6: dos relatos complementarios de fidelidad bajo coacción

Daniel 3 appartient au règne de Nebucadnetsar. Daniel 6 se déroule sous un pouvoir différent et met Daniel lui-même au premier plan. Malgré cette différence…

21 min 17 versículos 1 libro

1. Dos relatos en correspondencia

Daniel 3 pertenece al reinado de Nabucodonosor.

Daniel 6 se desarrolla bajo un poder diferente y pone en primer plano al propio Daniel.

A pesar de esta diferencia histórica, los dos relatos presentan numerosos elementos comunes.

En Daniel 3, los tres compañeros de Daniel son amenazados porque se niegan a una práctica religiosa.

En Daniel 6, Daniel es amenazado porque mantiene una práctica religiosa.

El primer relato trata, pues, de la obligación de realizar un acto prohibido por la fidelidad a Dios.

El segundo trata de la prohibición de realizar un acto exigido por esa misma fidelidad.

De este modo quedan representadas las dos formas principales de la coacción religiosa.

2. Daniel 3: la orden de adorar

Nabucodonosor ordena a los funcionarios reunidos en la llanura de Dura que se postren ante la estatua que ha erigido (Daniel 3.4-6).

Sadrac, Mesac y Abed-nego no cuestionan el conjunto de la autoridad real.

Se niegan a un mandato determinado: adorar la estatua y servir a dioses extranjeros (Daniel 3.12, 18).

El conflicto nace, pues, de una orden positiva:

«Haced esto».

Los tres hombres responden que no lo harán.

3. Daniel 6: la orden de no orar más

En Daniel 6 la situación es la inversa.

Unos funcionarios procuran encontrar a Daniel en falta, pero reconocen que no podrán hallar ningún motivo de acusación en su administración. Deciden entonces aprovechar su fidelidad religiosa.

Se obtiene un decreto que prohíbe, durante un período determinado, dirigir una petición a cualquier dios o a cualquier hombre que no sea el rey.

Daniel ya no recibe, pues, la orden de realizar un acto idólatra. Recibe la prohibición de continuar una práctica fiel.

El conflicto adopta la forma:

«No hagas más esto».

Daniel sigue no obstante orando a su Dios como antes.

4. Dos límites complementarios de la autoridad política

La comparación permite extraer un principio esencial.

Una autoridad humana puede traspasar los límites de su competencia religiosa de dos maneras.

Puede ordenar lo que Dios prohíbe.

Es la situación de Daniel 3.

También puede prohibir lo que la fidelidad a Dios exige.

Es la situación de Daniel 6.

En ambos casos, la obediencia al soberano encuentra un límite.

Este límite no procede de una voluntad general de desobedecer, sino de una obligación superior.

5. Siervos leales antes del conflicto

Merece destacarse otro paralelo.

Los personajes no se presentan como revolucionarios hostiles al gobierno.

Sadrac, Mesac y Abed-nego ejercen responsabilidades en la provincia de Babilonia (Daniel 2.49; 3.12).

También Daniel posee una reputación administrativa excepcional. Sus adversarios buscan una falta en su conducta, pero no consiguen encontrarla (Daniel 6.3-4).

El libro establece así una distinción entre la fidelidad a Dios y la oposición sistemática al poder.

Los siervos de Dios pueden ejercer lealmente sus responsabilidades públicas hasta el momento en que la autoridad les exige una infidelidad religiosa.

6. La acusación viene de otros funcionarios

En los dos relatos, el soberano no descubre por sí mismo la desobediencia.

Daniel 3 presenta a unos hombres que denuncian ante el rey a Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 3.8-12).

Daniel 6 muestra a unos funcionarios que organizan deliberadamente una trampa para poder acusar a Daniel.

En ambos casos, la fidelidad religiosa se convierte en un medio para eliminar a administradores que ocupan una posición importante.

La rivalidad administrativa y la cuestión religiosa se encuentran así en los dos relatos.

7. Los condenados no ocultan su fidelidad

Los tres hombres no intentan simular la postración.

Daniel no cierra definitivamente sus ventanas ni deja de orar para escapar a la acusación.

Esta actitud no significa que busquen voluntariamente el martirio.

Muestra que se niegan a preservar su posición mediante una apariencia exterior contraria a su fidelidad.

Daniel 3 y Daniel 6 conceden así gran importancia a los actos visibles.

La fidelidad interior produce un comportamiento exterior observable.

8. La diferencia entre provocación y fidelidad

Sin embargo, ninguno de los dos relatos presenta a los siervos de Dios buscando la confrontación.

Sadrac, Mesac y Abed-nego no acuden ante la estatua para provocar públicamente al rey. Son convocados como los demás funcionarios.

Daniel no empieza a orar únicamente después de la publicación del decreto para desafiar al soberano. Simplemente continúa su práctica habitual.

Esta distinción es esencial.

La fidelidad bíblica no se presenta como la búsqueda del conflicto.

El conflicto aparece cuando la obediencia a Dios se vuelve incompatible con el decreto humano.

9. Dos sanciones concebidas como irreversibles

En Daniel 3, la sentencia es el horno de fuego ardiente.

En Daniel 6, es el foso de los leones.

En ambos casos, el condenado es colocado en una situación de la que ninguna intervención humana normal parece poder salvarlo.

Los tres hombres son arrojados a un fuego lo bastante violento como para matar a sus ejecutores.

Daniel es encerrado con los leones, y la entrada del foso es sellada.

El relato conduce, pues, deliberadamente cada situación hasta el punto en que la liberación ya no puede atribuirse a una simple decisión administrativa.

10. La diferente actitud de los dos soberanos

Existe, no obstante, un contraste importante entre los dos relatos.

Nabucodonosor está personalmente furioso contra los tres judíos. Incluso ordena intensificar el fuego (Daniel 3.19).

En Daniel 6, el rey que firmó el decreto comprende que ha sido manipulado y procura librar a Daniel. Sin embargo, sigue prisionero de la legislación que él mismo promulgó.

El primer soberano quiere la condena.

El segundo querría evitarla.

Pero ninguno de los dos es finalmente capaz de salvar al siervo de Dios.

Esta diferencia refuerza el mismo mensaje: la liberación decisiva viene de Dios.

11. «¿Qué dios podrá libraros?»

Daniel 3 formula explícitamente el desafío teológico.

Nabucodonosor pregunta:

«¿Qué dios podrá entonces libraros de mi poder?» (Daniel 3.15).

La pregunta opone directamente el poder real a la capacidad de liberación divina.

Daniel 6 no formula exactamente el mismo desafío. El rey expresa, por el contrario, la esperanza de que el Dios al que Daniel sirve continuamente pueda librarlo.

Sin embargo, en los dos relatos la cuestión central pasa a ser idéntica:

¿Puede Dios librar a su siervo cuando toda posibilidad humana parece haber desaparecido?

12. La intervención de un ángel

El paralelo se vuelve particularmente preciso en el momento de la liberación.

Después del horno, Nabucodonosor declara:

«¡Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego! Él ha enviado a su ángel y ha librado a sus siervos» (Daniel 3.28).

Después de la noche en el foso, Daniel explica:

«Mi Dios envió su ángel y cerró la boca de los leones» (Daniel 6.21).

En los dos relatos, la liberación se asocia, pues, explícitamente con el envío de un ángel.

Esta correspondencia constituye también un argumento importante a favor de la interpretación primera del cuarto personaje de Daniel 3 como enviado celestial de Dios.

13. El fuego y los leones siguen siendo realmente peligrosos

La liberación no se apoya en la idea de que el peligro haya sido exagerado.

En Daniel 3, los soldados mueren por el calor del horno (Daniel 3.22).

En Daniel 6, los leones demuestran después su capacidad destructora cuando atacan a quienes son arrojados al foso tras Daniel.

En ambos casos, el relato cuida de mostrar que el instrumento de muerte funciona con normalidad.

No se trata, pues, ni de un fuego inofensivo ni de leones incapaces de matar.

La diferencia reside en la protección concedida a los siervos de Dios.

14. Una liberación completa

La correspondencia continúa después del milagro.

Sadrac, Mesac y Abed-nego salen sin quemaduras; sus vestidos están intactos y ningún olor a fuego se ha adherido a ellos (Daniel 3.27).

Daniel es sacado del foso sin herida alguna (Daniel 6.22).

La liberación no es parcial.

Los condenados no sobreviven simplemente a heridas normalmente mortales.

El relato insiste en su integridad física.

15. La confianza como explicación teológica

Daniel 3.28 declara que los tres hombres fueron librados después de haber puesto su confianza en Dios.

Daniel 6.22 explica igualmente que Daniel no había sufrido ningún daño «porque había confiado en su Dios».

Esta correspondencia léxica y teológica es particularmente importante.

La liberación se asocia con la confianza.

Sin embargo, esta confianza no debe entenderse como una técnica que garantice automáticamente el milagro.

Daniel 3.18 ya había establecido que la fidelidad de los tres hombres subsistiría incluso sin liberación.

La fe no consiste, pues, en obligar a Dios a salvar; consiste en permanecer fiel sea cual sea el desenlace.

16. El reconocimiento público del Dios de Israel

Los dos relatos terminan también con una proclamación real.

Después del horno, Nabucodonosor prohíbe hablar contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego y reconoce que ningún otro dios libra de esta manera (Daniel 3.28-29).

Después del foso de los leones, el soberano publica a su vez una proclamación que exalta al Dios de Daniel como Dios viviente y soberano.

La fidelidad, considerada inicialmente una amenaza para el orden real, se convierte así en ocasión de un reconocimiento público del poder divino.

17. Una estructura en espejo en Daniel 2-7

La relación entre Daniel 3 y Daniel 6 pertenece a una estructura literaria más amplia, frecuentemente reconocida en la sección aramea del libro.

Puede presentarse así:

A - Daniel 2: los reinos humanos y el reino establecido por Dios.

B - Daniel 3: los siervos de Dios amenazados de muerte por su fidelidad y milagrosamente librados.

C - Daniel 4: un rey orgulloso es humillado por Dios.

C' - Daniel 5: otro rey orgulloso es juzgado por Dios.

B' - Daniel 6: un siervo de Dios amenazado de muerte por su fidelidad y milagrosamente librado.

A' - Daniel 7: los reinos humanos y el reino concedido por Dios.

Esta estructura concéntrica explica la particular proximidad de los capítulos 3 y 6.

Constituye una observación literaria importante, aunque la precisión de ciertas propuestas de estructura pueda variar según los investigadores.

18. Daniel ausente del capítulo 3, los tres compañeros ausentes del capítulo 6

Esta correspondencia aporta también luz sobre una dificultad que a menudo se señala.

Daniel no aparece en el episodio de la estatua.

Inversamente, Sadrac, Mesac y Abed-nego no aparecen en el episodio del foso de los leones.

El libro no ofrece ninguna explicación histórica detallada de estas ausencias.

Pero, desde el punto de vista literario, la complementariedad es clara.

Daniel 3 demuestra la fidelidad de los tres compañeros con independencia de Daniel.

Daniel 6 demuestra la fidelidad de Daniel con independencia de sus compañeros.

Ningún personaje se presenta como indispensable para la fidelidad de los demás.

19. Dos formas de persecución religiosa

Los dos capítulos permiten, en definitiva, distinguir dos mecanismos fundamentales de persecución.

En Daniel 3, el poder exige la adoración prohibida.

En Daniel 6, el poder prohíbe la adoración fiel.

Esta distinción supera las circunstancias particulares de los dos relatos.

Proporciona una clave teológica que reaparecerá en las visiones posteriores de Daniel cuando los poderes políticos intervengan en el ámbito del culto.

Daniel 7, 8 y 11 desarrollarán de forma profética lo que los capítulos narrativos ya han ilustrado de manera concreta.

20. Una preparación para los conflictos de las visiones proféticas

Daniel 3 y Daniel 6 no deben convertirse artificialmente en códigos proféticos en los que cada detalle correspondería a un acontecimiento futuro.

No obstante, cumplen una función preparatoria.

Antes de mostrar poderes que persiguen a los santos, Daniel cuenta lo que significa concretamente ser un santo confrontado con un poder hostil.

Antes de presentar las pretensiones religiosas de ciertos reinos, muestra a soberanos que promulgan decretos que invaden la relación entre Dios y sus siervos.

Antes de anunciar la liberación final del pueblo de Dios, cuenta dos liberaciones particulares que demuestran que los imperios nunca tienen la última palabra.

Los relatos y las visiones pertenecen así a una teología común de la soberanía divina.

21. Una fidelidad que no depende necesariamente del milagro

Sin embargo, la comparación debe conservar un matiz esencial.

Sadrac, Mesac, Abed-nego y Daniel son salvados milagrosamente.

Pero el libro no convierte esta liberación en una regla según la cual todo creyente fiel escapará físicamente de la persecución.

Daniel 3.18 ya había impedido una conclusión semejante.

Los tres hombres aceptan la posibilidad de que Dios no los libre del fuego.

Las visiones posteriores de Daniel hablarán, por cierto, de fieles realmente perseguidos y heridos.

La victoria fundamental no es, pues, siempre la conservación de la vida terrenal.

Reside ante todo en la fidelidad mantenida hasta el final de la prueba.

22. Conclusión

Daniel 3 y Daniel 6 constituyen dos relatos complementarios organizados en torno a una misma pregunta: ¿qué debe hacer el siervo de Dios cuando el poder humano reivindica una autoridad sobre lo que pertenece a Dios?

Daniel 3 responde cuando el poder ordena un acto de adoración prohibido.

Daniel 6 responde cuando el poder prohíbe una práctica de fidelidad a Dios.

En ambas situaciones, los siervos afectados siguen siendo leales en sus responsabilidades civiles, pero se niegan a traspasar el límite religioso.

No organizan ninguna revuelta, no buscan la confrontación y no recurren a la violencia. Simplemente permanecen fieles y aceptan las consecuencias de esa fidelidad.

El horno y el foso de los leones conducen finalmente a la misma demostración: un decreto humano puede condenar a los siervos de Dios, pero no puede abolir la soberanía de Dios. Él sigue siendo libre de librar a sus siervos, y la fidelidad de estos permanece íntegra incluso cuando esa liberación no está garantizada de antemano.

Daniel 3 y Daniel 6 forman así dos expresiones narrativas de un mismo principio que atravesará las visiones proféticas del libro: los imperios pueden ejercer temporalmente su poder sobre los fieles, pero no pueden poseer legítimamente su adoración, y su autoridad permanece siempre subordinada a la del Dios Altísimo.