El año 605 a. C. constituye el verdadero trasfondo político de Daniel 1.
La batalla de Carquemis es su principal punto de inflexión militar. La victoria babilónica provoca el retroceso de Egipto y abre a Nabucodonosor la posibilidad de extender su autoridad sobre Siria-Palestina.
Judá, hasta entonces sometida al dominio egipcio, entra entonces progresivamente en la esfera babilónica.
Daniel 1 sitúa en esta nueva situación la intervención contra Jerusalén, el traslado de ciertos objetos del Templo y la presencia en Babilonia de Daniel y sus compañeros.
Sin embargo, hay que distinguir esta primera fase de las catástrofes posteriores.
El 605 a. C. marca el comienzo de la dominación babilónica; el 597 a. C. corresponde a una deportación mucho más importante; el 586 a. C. marca la destrucción de Jerusalén y del Templo.
Esta distinción permite comprender la progresión histórica del relato bíblico.
También permite captar todo el alcance de Daniel 1. El libro no comienza después de la desaparición completa de Judá, sino en el momento en que el orden político del Cercano Oriente se tambalea y en que el joven Daniel se ve arrastrado a las consecuencias de esta transformación.
La historia de Daniel comienza así con el ascenso de Babilonia. Se prolongará lo bastante como para que el mismo Daniel siga presente cuando este imperio desaparezca a su vez.