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Parábola de los siervos inútiles

El artículo explora la parábola de los siervos inútiles de Lucas 17.7-10, subrayando la importancia de la humildad y de la gratitud en la vida del discípulo. Jesús enseña que el servicio fiel no espera reconocimiento del amo y que toda capacidad es un don de Dios. La obediencia no confiere ningún derecho, promoviendo así una actitud de gratitud, no de reclamación.

6 min parábola siervos inútiles discípulo humildad gracia 5 versículos 4 libros

Consulta

Textos bíblicos

Mateo
San Mateo (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Marcos
Marcos (Reina-Valera 1909) no citado en el libro
Lucas
San Lucas 17.7-10 (Reina-Valera 1909)

¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?

¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe?

¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.

Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.

Juan
Juan (Reina-Valera 1909) no citado en el libro

Detalles técnicos

Año 32

Lugar: En el camino hacia Betania, al otro lado del Jordán.

Fecha: Antes de la del 15 de diciembre del año 32

Método de trabajo: Continuamos con Lucas

Nota sobre el procedimiento: Solo Lucas recoge esta enseñanza particular

Viaje hacia Betania

Lucas presenta una que ilustra la naturaleza del discípulo.

Parábola de los siervos inútiles

El siervo inútil

Comentarios

Este pasaje sigue a la enseñanza del Mesías Jesús sobre el poder de la fe, capaz de mover montañas, la importancia del perdón para ser un verdadero discípulo, así como la responsabilidad del testimonio, que puede provocar escándalos. Lucas insiste aquí en el perfil del verdadero discípulo y, más allá de los puntos ya mencionados, propone una en la que el discípulo es asimilado a un esclavo al servicio de su amo. En esta imagen, el siervo no espera recibir agradecimientos por haber cumplido con fidelidad la tarea que se le había asignado.

El amo solo exige de su esclavo un servicio acorde con su condición. Esto no significa que no lo ame, sino simplemente que los papeles permanecen claramente definidos. Esta comparación se dirige a una sociedad familiarizada con la condición servil, en la que a veces se contaba que la condición de esclavo, en tiempos del Mesías Jesús, podía ser preferible a la de campesino debido a la miseria que afligía a esa clase social.

El esclavo no tiene ningún derecho que reclamar, ni reconocimiento, ni ventaja derivada de su trabajo. Por lo tanto, no puede exigir una recompensa, pues cumple exactamente lo que su función implica, ni más ni menos.

El discípulo se encuentra así situado al mismo nivel que el esclavo, y el trabajo que realiza no puede reportarle ningún beneficio personal. Este principio cuestiona directamente la concepción según la cual las buenas obras podrían asegurar la salvación de una persona. Todo lo que posee el discípulo procede de la gracia de Dios, que infunde en sus discípulos tanto el querer como el hacer (Filipenses 2.13). Por lo tanto, no puede reclamar ninguna posición particular, puesto que todos los talentos que ejerce son fruto de un don de Dios (1 Corintios 4.7).

Así pues, el amo no tiene que agradecer a su esclavo el trabajo realizado (San Lucas 17.9), y la conclusión se impone: todos los siervos son obreros inútiles. Este término significa que no tienen ningún mérito particular y no son indispensables. No se trata de un juicio de valor, sino de una postura espiritual que consiste en reconocer que la obediencia no confiere ningún derecho sobre Dios. Es una invitación a una humildad radical.

Si el Mesías Jesús parece severo en este contexto, es porque en realidad desea prevenir a sus discípulos contra el orgullo ligado al deber cumplido. Los llama a adoptar una actitud de gratitud, y no de reclamación. Como recuerda Pablo:

1 Corintios 4.7 (Reina-Valera 1909) :
Porque ¿quién te distingue? ¿ó qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías como si no hubieras recibido?