La familia se marchó, pues, apresuradamente, tomando el camino del exilio a lo largo de una distancia considerable, estimada entre 400 y 500 kilómetros. Según el destino final, el viaje a Egipto habría requerido entre uno y dos meses de marcha a un ritmo normal, muy probablemente con el carro que ya habían utilizado para venir desde Nazaret.
La representación tradicional de María montada en un asno, aun estando recuperada del parto, parece poco plausible. El uso de un carro sencillo, construido por José el carpintero, constituye una hipótesis más razonable.
Los regalos ofrecidos por los Magos resultaron valiosos al proporcionar los medios económicos para el viaje y la estancia en tierra egipcia.
Los habían creado una avanzada red de caminos, auténticas autopistas de la Antigüedad, que facilitaban y hacían más seguros los viajes, incluso hasta Alejandría, en Egipto.
Sin embargo, faltan datos concretos sobre esta estancia en Egipto: no se conocen con certeza ni el lugar preciso, ni los distintos sitios donde pudo residir la familia, ni la duración exacta de su estancia.
La información actual sobre diversas estancias de distinta duración en ciudades egipcias responde más a la especulación y al interés comercial por atraer turistas.
La muerte del rey Herodes, las disposiciones para su sucesión y el establecimiento de un clima político estable determinaron el momento oportuno para poner fin al exilio.
Viajar de noche era poco habitual y arriesgado por la presencia de bandidos, pero la urgencia de la situación impulsó a la familia a afrontar ese peligro.
José se tomó muy en serio la advertencia del ángel. Probablemente conocía las precauciones de los Magos, que habían cambiado su itinerario para no volver a pasar por Jerusalén. Así, el sueño que anunciaba un peligro inminente seguramente no tomó por completo desprevenidos a José y María.