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La respuesta de Pedro

Al estudiar atentamente la respuesta de Pedro ante el Sanedrín (Hechos 4.8-12), se observa que presenta numerosas semejanzas con la manera en que Jesús mismo…

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La respuesta de Pedro

Al estudiar atentamente la respuesta de Pedro ante el (Hechos 4.8-12), se observa que presenta numerosas semejanzas con la manera en que el mismo Jesús respondía a las autoridades religiosas. Probablemente no se trata de una simple coincidencia. Pedro vivió varios años junto a su Maestro y quedó profundamente marcado por su enseñanza y su manera de expresarse.

Estos son algunos paralelos notables.

  1. Una respuesta serena y directa

Como Jesús ante el (San Mateo 26.57-68), Pedro no se deja intimidar por el prestigio de sus interlocutores. Responde con respeto, pero sin ninguna sumisión servil:

«Gobernantes del pueblo y ancianos de Israel» (Hechos 4.8).

Encontramos aquí la seguridad que Jesús había prometido a sus discípulos:

«Lo que habéis de decir os será dado en aquella misma hora» (San Mateo 10.19-20).

Lucas subraya además:

«Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo…» (Hechos 4.8).

  1. El milagro se convierte en punto de partida para anunciar a Jesús

El plantea una pregunta de orden práctico:

«¿Con qué poder, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?» (Hechos 4.7).

A semejanza de Jesús, Pedro va más allá de la pregunta inmediata y lleva toda la discusión hacia su persona central:

«En el nombre de Jesucristo de Nazaret» (Hechos 4.10).

El mismo Jesús había utilizado a menudo las preguntas o las circunstancias para conducir a sus oyentes hacia verdades más profundas (San Mateo 22.41-46; Juan 5.19-47).

  1. Una acusación devuelta a los acusadores

Pedro declara:

«Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos» (Hechos 4.10).

Esta fórmula recuerda los numerosos enfrentamientos de Jesús con los jefes religiosos, cuando ponía al descubierto su responsabilidad espiritual (San Mateo 21.33-46; San Mateo 23.13-36).

Como su Maestro, Pedro no busca defenderse a sí mismo. Pone a sus jueces ante su propia responsabilidad.

  1. El recurso a las Escrituras

Pedro cita:

«La piedra rechazada por vosotros los edificadores ha venido a ser la principal piedra del ángulo» (Hechos 4.11).

Se trata de Salmos 118.22.

Pues bien, Jesús mismo había aplicado este pasaje a su persona ante esos mismos dirigentes:

«¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo?» (San Mateo 21.42).

Es difícil no ver aquí un recuerdo directo de las palabras del Maestro.

  1. Una afirmación exclusiva de la salvación

Pedro concluye:

«En ningún otro hay salvación» (Hechos 4.12).

Esta exclusividad recuerda las afirmaciones de Jesús:

«Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14.6).

«Yo soy la puerta» (Juan 10.9).

El centro del mensaje de Pedro sigue siendo exactamente el de Jesús.

  1. Los mismos adversarios

El paralelo resulta aún más llamativo cuando se advierte que Pedro se dirige probablemente a varios hombres que habían participado en el juicio de Jesús:

  • Anás (Juan 18.13);
  • Caifás (San Mateo 26.57);
  • los ancianos y los escribas (San Mateo 26.59).

Unas semanas antes, Pedro seguía a Jesús de lejos y lo negaba (San Mateo 26.69-75). Ahora retoma ante esos mismos hombres los mismos argumentos de su Maestro.

Conclusión

Existen, pues, profundas similitudes entre la defensa de Pedro y la de Jesús. La estructura de su argumentación, su recurso a las Escrituras, su manera de remitir a sus acusadores a su propia responsabilidad y, sobre todo, el lugar central concedido a la persona del Mesías recuerdan fuertemente la enseñanza del mismo Jesús. Se tiene verdaderamente la impresión de que Pedro asimiló la manera de pensar y de testificar de su Maestro.

Esta semejanza constituye quizá uno de los primeros cumplimientos de la promesa de Jesús:

«El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro» (San Lucas 6.40).

Así, detrás de las palabras de Pedro, es en cierto modo la voz de su Maestro la que sigue resonando ante el , por la acción del Espíritu Santo (Juan 14.26; Hechos 4.8).