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Los instrumentos musicales de Daniel 3 y la cuestión de las palabras griegas

Daniel 3.5 énumère les instruments dont le son doit provoquer la prosternation générale devant la statue : « la trompe, le chalumeau, la cithare, la…

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1. Una lista repetida varias veces

Daniel 3.5 enumera los instrumentos cuyo sonido debe provocar la postración general ante la estatua:

«el cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y toda clase de instrumentos de música».

Una lista comparable reaparece en Daniel 3.7, 10 y 15.

Esta repetición constituye una de las características literarias más visibles del capítulo.

Produce un efecto ceremonial: el lector casi oye volver la misma señal oficial cada vez que se recuerda la orden real.

La música no es, pues, un simple decorado. Participa en el mecanismo mediante el cual la autoridad real coordina simultáneamente el comportamiento de la multitud.

2. La música como señal imperial

El texto no describe un concierto destinado al entretenimiento de los participantes.

Los instrumentos cumplen una función precisa: su sonido da la señal de la postración.

El decreto comprende así tres etapas:

se da la señal musical;

los reunidos se postran;

adoran la estatua.

La música permite sincronizar a una multitud numerosa sin necesidad de repetir la orden individualmente a cada participante.

Transforma así la obediencia en un gesto colectivo inmediatamente visible.

3. Las dificultades de identificación

La identificación moderna de los instrumentos antiguos sigue siendo delicada.

Un nombre antiguo no corresponde necesariamente de manera exacta a un instrumento moderno. Las traducciones españolas varían, pues, según las versiones: «arpa», «lira», «cítara», «salterio», «flauta», «zampoña» o «gaita».

Estas diferencias no significan necesariamente que el texto arameo sea inestable. Con frecuencia reflejan la dificultad de encontrar un equivalente moderno preciso.

Por otra parte, el objetivo principal de Daniel no es ofrecer una clasificación organológica detallada, sino describir un conjunto instrumental lo bastante imponente para dar la señal de la ceremonia.

4. El qeren

El primer instrumento, qeren, significa fundamentalmente «cuerno».

El término puede designar un cuerno animal utilizado como instrumento de viento.

El equivalente más cercano en el mundo bíblico es la trompeta o el cuerno.

El principio es antiguo y está muy extendido: un cuerno ahuecado puede producir un sonido potente, adecuado para las señales militares, religiosas o ceremoniales.

Su presencia en Daniel 3 no plantea, por tanto, ninguna dificultad cronológica particular.

5. El mashroqitha

El término mashroqitha designa generalmente un instrumento de viento, a menudo traducido por «flauta» o «caramillo».

Su nombre parece estar relacionado con la idea de silbido o de soplo.

La identificación precisa de su forma sigue siendo incierta.

Podría tratarse de una flauta sencilla o de un instrumento perteneciente más ampliamente a la familia de los tubos de viento.

También aquí, este tipo de instrumento es muy antiguo en el Cercano Oriente.

6. El qathros

El término arameo qathros se relaciona generalmente con el griego κιθάρα (kithara), que designa un instrumento de cuerda de la familia de la lira.

La relación lingüística es lo bastante clara para que la palabra se considere habitualmente un préstamo del griego.

Es uno de los términos que han alimentado la discusión sobre la fecha de Daniel.

La presencia de un préstamo griego en un texto que describe la corte babilónica se ha considerado a veces incompatible con el siglo VI a. C.

Sin embargo, esta conclusión requiere ser examinada con más atención.

7. El pesanterin

El término pesanterin se relaciona generalmente con el griego ψαλτήριον (psaltērion).

Designa igualmente un instrumento de cuerda, probablemente tocado pulsando estas.

La palabra es el origen del término español «salterio».

También aquí se admite ampliamente el origen griego del vocabulario.

La cuestión importante no es, pues, negar la existencia del préstamo, sino determinar qué permite concluir realmente este préstamo sobre la fecha del relato o la de su forma lingüística.

8. El caso más difícil de sumpōnyā

El término sumpōnyā se ha relacionado tradicionalmente con el griego συμφωνία (symphōnia).

La palabra griega significa fundamentalmente «acuerdo», «armonía» o «concordancia de sonidos». Su evolución semántica permitió después diversos usos musicales.

Algunas traducciones antiguas y modernas han entendido el término arameo como el nombre de un instrumento, a veces traducido por «gaita».

Sin embargo, su identificación exacta sigue siendo discutida.

Hay que evitar sobre todo un anacronismo: el parecido con la palabra moderna «sinfonía» no significa evidentemente que Daniel describa una sinfonía en el sentido orquestal moderno.

El término pertenece a un universo musical totalmente distinto.

9. ¿Cuántas palabras griegas están realmente presentes?

La formulación prudente consiste en reconocer al menos dos nombres de instrumentos cuyo origen griego se admite ampliamente:

qathros, relacionado con κιθάρα (kithara);

pesanterin, relacionado con ψαλτήριον (psaltērion).

El caso de sumpōnyā también se asocia con frecuencia al griego συμφωνία (symphōnia), pero las cuestiones sobre su sentido exacto y su historia léxica exigen mayor prudencia.

Por tanto, el argumento cronológico no debe construirse sobre la idea aproximada de que Daniel 3 contendría una gran cantidad de vocabulario griego.

El fenómeno es mucho más limitado: afecta principalmente a unos pocos términos técnicos del ámbito musical.

10. ¿Por qué se han utilizado estas palabras para fechar Daniel?

En las interpretaciones que sitúan la composición final de Daniel en el siglo II a. C., durante la crisis provocada por Antíoco IV Epífanes, los términos griegos se han considerado a menudo indicios importantes.

El razonamiento es sencillo: tras las conquistas de Alejandro Magno, a partir de finales del siglo IV a. C., la lengua y la cultura griegas se difundieron ampliamente por el Cercano Oriente.

La presencia de palabras griegas en Daniel parecería, pues, a primera vista, particularmente natural en un texto de la época helenística.

Esta observación tiene cierto valor.

Sin embargo, no basta para demostrar que tales palabras fueran imposibles varios siglos antes.

11. Los contactos greco-orientales son anteriores a Alejandro

El mundo griego no apareció en el Cercano Oriente con Alejandro Magno.

Mucho antes de sus conquistas, las poblaciones griegas mantenían contactos comerciales, militares y culturales con Anatolia, el Levante, Egipto y los grandes imperios orientales.

También hubo mercenarios griegos al servicio de potencias del Cercano Oriente antiguo.

Los intercambios de bienes, de técnicas y de personas permiten naturalmente la circulación del vocabulario.

No existe, pues, ninguna regla lingüística según la cual una palabra griega solo pudiera penetrar en una lengua oriental después del 330 a. C.

12. Los nombres de instrumentos circulan con facilidad

Los términos musicales constituyen precisamente una categoría de vocabulario susceptible de ser tomada en préstamo.

Cuando un instrumento pasa de una cultura a otra, su nombre puede viajar con él.

Este fenómeno se observa en numerosas lenguas.

No es, pues, sorprendente que el vocabulario de un conjunto musical internacional pueda contener términos procedentes de lenguas diferentes.

Esta observación es especialmente pertinente en Daniel 3, ya que la ceremonia reúne a representantes de un imperio multinacional.

13. La corte babilónica era un medio internacional

El Imperio neobabilónico había integrado poblaciones procedentes de numerosas regiones.

Las deportaciones practicadas por los soberanos mesopotámicos contribuían ellas mismas a desplazar a artesanos, soldados, administradores y especialistas.

Daniel 3 insiste precisamente en el carácter imperial de la reunión.

No es, pues, necesario imaginar la Babilonia de Nabucodonosor como un medio lingüísticamente cerrado en el que no pudiera conocerse ningún término extranjero.

La presencia de algunos nombres extranjeros de instrumentos es compatible con un entorno de corte en el que circulaban personas, objetos y prácticas venidos de distintas regiones.

14. El argumento del vocabulario griego tiene, sin embargo, un valor

Reconocer estos contactos no significa que las palabras griegas carezcan de interés cronológico.

Para que un préstamo se utilice en una lengua, es necesario que un contacto cultural suficiente haya puesto la palabra a disposición.

La cuestión pertinente pasa a ser, pues, histórica: ¿se puede establecer en qué fecha empezó a circular en Oriente un término musical griego determinado?

La dificultad es que la primera atestación escrita conservada actualmente de una palabra no corresponde necesariamente a la fecha de su creación o de su primera difusión.

Los documentos antiguos conservados representan solo una fracción ínfima de los textos que realmente existieron.

Un argumento fundado únicamente en la primera aparición conocida debe, pues, seguir siendo probabilístico.

15. La distinción entre la fecha del relato y la forma lingüística del libro

Es necesaria otra distinción metodológica.

Aun si se demostrara que un término determinado pertenece a una fase lingüística posterior al siglo VI a. C., eso no bastaría automáticamente para demostrar que el acontecimiento narrado es ficticio.

Un relato antiguo puede ser transmitido, copiado y experimentar ciertas adaptaciones léxicas.

Inversamente, afirmar que un acontecimiento pertenece al siglo VI no demuestra automáticamente que cada forma léxica conservada en los manuscritos corresponda exactamente al vocabulario empleado en el momento del acontecimiento.

La datación histórica de los acontecimientos y la historia de la transmisión lingüística del texto son dos cuestiones relacionadas pero distintas.

16. Un contraste importante con el vocabulario persa

El libro de Daniel contiene también varios términos de origen persa, en particular en el vocabulario administrativo.

Esta situación es especialmente visible en las listas de responsables.

La mezcla de vocabulario semítico y de términos tomados en préstamo corresponde a la historia compleja de un texto que se desarrolla sucesivamente bajo dominación babilónica y luego medo-persa, y que fue transmitido durante varios siglos.

Sería, pues, metodológicamente peligroso fechar todo el libro a partir de un solo grupo muy reducido de palabras.

El conjunto de los datos lingüísticos —arameos, hebreos, persas y griegos— debe considerarse simultáneamente.

17. ¿Por qué la repetición íntegra de los instrumentos?

Daniel habría podido escribir simplemente: «cuando oigan la música».

Elige, por el contrario, repetir casi por completo la lista de instrumentos.

Esta repetición tiene probablemente una función literaria.

Reproduce el carácter mecánico de la ceremonia.

Cada vez que suena la fórmula, se espera el mismo comportamiento.

La sucesión de los instrumentos y luego la postración de la multitud dan la impresión de un ritual perfectamente organizado.

Los tres judíos aparecen precisamente como la excepción que interrumpe este mecanismo.

Todos reciben la misma señal.

Se supone que todos realizan el mismo gesto.

Tres hombres permanecen de pie.

18. Música, emoción y coacción

El texto no condena nunca la música en sí misma.

Los instrumentos no se presentan como malos.

El problema reside en su utilización como señal de un acto de adoración impuesto.

Sería, pues, incorrecto extraer de Daniel 3 una teología negativa de la música instrumental.

El relato trata del objeto de la adoración y de la coacción ejercida por el poder real, no de la legitimidad de los instrumentos.

Esta distinción es importante para evitar atribuir al capítulo una polémica que no contiene.

19. Lo que las palabras griegas pueden demostrar realmente

La presencia de términos musicales de origen griego en Daniel 3 constituye un dato lingüístico que no debe negarse ni exagerarse.

Demuestra que un vocabulario musical griego penetró en la terminología empleada en el texto arameo.

Es perfectamente comprensible en la época helenística, pero no basta, por sí sola, para demostrar que el relato fue creado en el siglo II a. C.

Para convertir estos préstamos en prueba decisiva de una fecha tardía, habría que demostrar que los términos en cuestión no podían ser conocidos o transmitidos en el Cercano Oriente antes de la época helenística.

Tal demostración es mucho más difícil que la simple constatación de su origen griego.

20. Conclusión

La lista instrumental de Daniel 3 tiene a la vez una función histórica, ceremonial y literaria.

Corresponde a una gran ceremonia imperial en la que la música proporciona la señal común que permite obtener una postración simultánea.

Varios instrumentos son difíciles de identificar con precisión, pero al menos dos de sus nombres se reconocen generalmente como préstamos del griego, y un tercero se relaciona con frecuencia con el griego.

Este dato debe integrarse en el estudio de la datación de Daniel, pero no constituye por sí solo una prueba decisiva a favor de una composición en el siglo II a. C. Los contactos entre el mundo griego y el Cercano Oriente son anteriores a Alejandro, y los nombres de instrumentos pertenecen precisamente a las categorías léxicas susceptibles de circular con los objetos y las prácticas culturales.

La conclusión más equilibrada es, por tanto, la siguiente: Daniel 3 conserva algunos términos musicales de origen griego que atestiguan contactos lingüísticos reales con el mundo griego. Su presencia debe tomarse en serio en la discusión cronológica, pero no permite, por sí sola, fijar la fecha de composición del capítulo ni poner en duda el anclaje babilónico del relato.