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El paso del hebreo al arameo en Daniel 2.4

Daniel 2.4 constituye un versículo bisagra: «Los caldeos respondieron al rey en arameo: ¡Rey, vive para siempre! Di el sueño a…

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1. El cambio se produce en medio de Daniel 2.4

Daniel 2.4 constituye un versículo bisagra:

«Los caldeos respondieron al rey en arameo: ¡Rey, vive para siempre! Di el sueño a tus siervos y nosotros daremos la interpretación» (Daniel 2.4).

La primera parte del versículo pertenece todavía a la sección hebrea.

El cambio de lengua se produce precisamente con la respuesta de los caldeos.

A partir de las palabras que introducen su discurso en arameo, el libro continúa en esa lengua hasta el final de Daniel 7.

La distribución general es, pues:

Daniel 1.1-2.4a: hebreo;

Daniel 2.4b-7.28: arameo;

Daniel 8.1-12.13: hebreo.

No se trata, pues, de algunas expresiones extranjeras insertadas puntualmente en un texto hebreo, sino de una sección aramea continua que abarca casi seis capítulos.

2. El arameo en el Próximo Oriente antiguo

El arameo ocupó progresivamente un lugar considerable en el Próximo Oriente antiguo.

A partir del primer milenio a. C., su uso se extendió ampliamente más allá de las poblaciones arameas propiamente dichas.

Llegó a ser una lengua de comunicación utilizada en contextos administrativos e internacionales en una vasta área geográfica.

La propia Biblia da testimonio de esta función.

En 2 Reyes 18.26, durante la crisis asiria bajo Ezequías, los responsables judeos piden al representante asirio:

«Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque lo entendemos; y no hables con nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro.»

El pasaje muestra que el arameo podía servir de lengua de comunicación diplomática entre responsables de pueblos diferentes.

Esdras contiene también varios documentos y relatos en arameo (Esdras 4.8.18; 7.12-26).

La presencia de una larga sección aramea en Daniel se inscribe, pues, en un entorno lingüístico históricamente comprensible.

3. ¿Por qué precisar «en arameo»?

La fórmula de Daniel 2.4 posee una particularidad notable: el narrador precisa que los caldeos responden al rey «en arameo».

Esta indicación funciona simultáneamente como una información narrativa y como el punto de transición lingüística del libro.

Hasta esta expresión, el lector leía el relato en hebreo.

A partir del discurso de los caldeos, el texto mismo adopta el arameo.

El procedimiento es particularmente natural en el plano literario: la lengua anunciada por el narrador se convierte efectivamente en la lengua del relato.

Pero esta explicación no basta para dar cuenta de toda la sección, ya que el arameo no cesa cuando termina el diálogo entre Nabucodonosor y los caldeos.

Continúa hasta Daniel 7.28.

4. Una explicación limitada: reproducir la lengua de la corte

Una primera explicación podría consistir en pensar que Daniel pasa al arameo simplemente porque esa lengua se utiliza en la corte babilónica.

Esta observación explica con bastante naturalidad el punto preciso de la transición en Daniel 2.4.

Explica mucho menos fácilmente por qué Daniel 3, 4, 5, 6 y 7 permanecen enteramente en arameo, incluso en relatos o visiones que no consisten simplemente en reproducir un diálogo de corte.

La explicación lingüística inmediata debe, pues, completarse con una explicación literaria.

El cambio de lengua delimita manifiestamente una sección del libro.

5. Daniel 2 a 7 forma una unidad lingüística

La primera constatación objetiva es que Daniel 2.4b-7.28 constituye una unidad lingüística.

Esta sección comprende:

el sueño de la estatua y su interpretación en Daniel 2;

la estatua de oro y el horno en Daniel 3;

la humillación de Nabucodonosor en Daniel 4;

la caída de Belsasar en Daniel 5;

Daniel en el foso de los leones en Daniel 6;

la visión de las cuatro bestias y del reino en Daniel 7.

Los géneros literarios no son idénticos.

Daniel 2 a 6 es principalmente narrativo, mientras que Daniel 7 relata una visión recibida por Daniel.

La unidad de la sección no descansa, pues, simplemente en el género literario.

Descansa especialmente en la lengua y en varios temas comunes.

6. El tema de los reinos recorre toda la sección aramea

Daniel 2 a 7 está profundamente marcado por la cuestión de la soberanía política.

Daniel 2 presenta la sucesión de los reinos y el Reino que Dios establecerá.

Daniel 3 muestra a un soberano que exige obediencia religiosa a su imagen.

Daniel 4 relata el abatimiento de Nabucodonosor para que reconozca que «el Altísimo gobierna el reino de los hombres» (Daniel 4.17).

Daniel 5 anuncia y cumple el fin del reinado de Belsasar.

Daniel 6 muestra los límites de un decreto real frente a la fidelidad de Daniel.

Daniel 7 retoma la cuestión de los reinos bajo la forma de cuatro bestias y conduce al dominio eterno dado a aquel que viene «con las nubes del cielo» (Daniel 7.13-14).

El conjunto de la sección aramea desarrolla, pues, bajo varias formas, una cuestión fundamental:

qui possède réellement la souveraineté sur les royaumes humains ?

7. Daniel 2 y Daniel 7 enmarcan la sección

La relación entre Daniel 2 y Daniel 7 es particularmente importante.

Daniel 2 presenta varios reinos sucesivos bajo la forma de una estatua compuesta de diferentes materiales.

Daniel 7 presenta varios reinos sucesivos bajo la forma de cuatro bestias.

Daniel 2 desemboca en:

«un reino que no será jamás destruido» (Daniel 2.44).

Daniel 7 desemboca en un dominio del que se dice:

«Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino nunca será destruido» (Daniel 7.14).

Los dos capítulos enmarcan, pues, la sección aramea con dos visiones que presentan una sucesión de poderes terrenales seguida de un reinado definitivo que viene de Dios.

Esta correspondencia es demasiado importante para descuidarla en el análisis de la estructura del libro.

8. Una estructura concéntrica a menudo propuesta

Numerosos exegetas han observado que Daniel 2 a 7 puede organizarse según una estructura concéntrica.

Puede presentarse así:

A - Daniel 2: cuatro reinos y el Reino definitivo de Dios;

B - Daniel 3: los siervos de Dios amenazados de muerte por su fidelidad;

C - Daniel 4: juicio y humillación de Nabucodonosor;

C' - Daniel 5 : jugement et chute de Belshatsar ;

B' - Daniel 6: Daniel amenazado de muerte por su fidelidad;

A' - Daniel 7: cuatro reinos y el reinado .

Esta organización permite constatar varias correspondencias temáticas fuertes.

Daniel 2 responde a Daniel 7.

Daniel 3 responde a Daniel 6.

Daniel 4 responde a Daniel 5.

Los dos capítulos centrales conciernen así particularmente al juicio de soberanos babilonios, mientras que los extremos tratan de la sucesión de los reinos.

9. La estructura concéntrica no debe rigidizarse

Esta organización es particularmente esclarecedora, pero no debe transformarse en un esquema mecánico que imponga una correspondencia perfecta entre todos los detalles.

Daniel 3 y Daniel 6 presentan efectivamente a siervos de Dios condenados a causa de su fidelidad y luego milagrosamente librados.

Daniel 4 y Daniel 5 conciernen efectivamente al juicio de dos soberanos babilonios.

Daniel 2 y Daniel 7 presentan efectivamente una sucesión de reinos que conduce a un reinado definitivo.

Estas correspondencias son lo bastante fuertes para justificar el reconocimiento de una organización literaria.

Sin embargo, cada capítulo conserva su propia función y sus propias particularidades.

La estructura ayuda a leer el texto; no debe sustituir a su análisis.

10. ¿Una lengua destinada a un horizonte más amplio?

Una explicación frecuentemente propuesta consiste en asociar el arameo con el alcance internacional de los capítulos 2 a 7.

Al ser el arameo ampliamente utilizado como lengua de comunicación en el Próximo Oriente antiguo, esta sección habría sido particularmente adecuada para relatos y visiones relativos a las naciones y a sus soberanos.

La hipótesis es seductora.

Los capítulos arameos conceden efectivamente un lugar importante a Nabucodonosor, Belsasar, Darío, los imperios y la soberanía de Dios sobre las naciones.

Daniel 4 contiene incluso una proclamación dirigida por Nabucodonosor:

«a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra» (Daniel 4.4).

Daniel 7 posee también una perspectiva que supera ampliamente a Israel.

No obstante, sigue siendo difícil demostrar que la única razón de la elección del arameo sea la existencia de un público internacional.

Esta explicación debe, pues, presentarse como una hipótesis plausible y no como una certeza dada explícitamente por el libro.

11. ¿Por qué volver al hebreo en Daniel 8?

El regreso al hebreo en Daniel 8.1 es tan importante como el paso al arameo en Daniel 2.4.

A partir de Daniel 8, las visiones prestan una atención creciente a acontecimientos que afectan directamente al pueblo de Daniel, a Jerusalén, al santuario y a la historia de Israel.

Daniel 8 trata en particular del santuario (Daniel 8.11-14).

Daniel 9 se abre con la lectura de la profecía de Jeremías sobre las ruinas de Jerusalén (Daniel 9.2) y contiene la oración de Daniel por su pueblo y su ciudad (Daniel 9.3-19).

La revelación de las setenta semanas concierne a:

«tu pueblo y tu santa ciudad» (Daniel 9.24).

Daniel 10 a 12 desarrolla aún acontecimientos ligados al pueblo de Daniel y a su futuro.

El regreso al hebreo corresponde, pues, a un cambio de perspectiva perceptible en el contenido.

Sería, no obstante, excesivo afirmar que el hebreo concierne exclusivamente a Israel mientras que el arameo concerniría exclusivamente a las naciones. Los dos conjuntos poseen perspectivas que se entrecruzan.

Se trata más bien de una diferencia de orientación dominante.

12. La lengua contribuye a la estructura general del libro

El libro puede considerarse, pues, según tres grandes unidades lingüísticas:

Daniel 1.1-2.4a: hebreo - introducción al recorrido de Daniel y de sus compañeros;

Daniel 2.4b-7.28: arameo - soberanía de Dios en medio de los reinos y grandes visiones sobre su sucesión;

Daniel 8.1-12.13: hebreo - visiones concedidas a Daniel con una atención particularmente importante a su pueblo, al santuario y al desenlace de la historia.

Esta organización muestra que el cambio de lengua posee una función literaria real.

Daniel 2 se encuentra precisamente en el punto de transición.

13. El cambio de lengua no prueba por sí solo varios autores

La presencia de dos lenguas se ha utilizado a veces para sostener la hipótesis de fuentes o autores diferentes.

Esta conclusión no viene, sin embargo, impuesta por el fenómeno mismo.

Un autor o un redactor bilingüe puede naturalmente utilizar dos lenguas.

Sobre todo, la transición lingüística corresponde a una organización literaria coherente: el arameo comienza en Daniel 2.4 y continúa hasta el final de Daniel 7, precisamente en una sección que presenta fuertes correspondencias temáticas.

El bilingüismo constituye, pues, un dato que hay que explicar, pero no constituye en sí mismo una demostración de pluralidad de autores.

Toda hipótesis sobre la composición del libro debe tener en cuenta el conjunto de los datos lingüísticos, literarios e históricos y no el mero hecho de que en él se empleen dos lenguas.

14. El cambio de lengua tampoco permite por sí solo fechar el libro

El arameo de Daniel ha sido objeto de numerosas discusiones en el debate sobre la fecha de composición del libro.

La lengua puede proporcionar indicios históricos, pero debe manejarse con prudencia.

Una lengua internacional empleada durante varios siglos puede conservar ciertas formas mientras desarrolla otras.

Los manuscritos pueden también transmitir textos más antiguos en tradiciones ortográficas posteriores.

Sería, pues, metodológicamente frágil hacer depender toda la datación del libro de unas pocas características lingüísticas aisladas.

El estudio de la fecha de Daniel exige confrontar los datos lingüísticos con la historia, las formas literarias, los manuscritos y el conjunto del contenido del libro.

15. Daniel 2 ocupa así una posición literaria estratégica

El sueño de Nabucodonosor no es importante solo por su contenido profético.

Constituye también la puerta de entrada a la gran sección aramea.

El capítulo comienza en hebreo con el relato de la crisis real.

Cuando los caldeos toman la palabra, el texto pasa al arameo.

Esta lengua acompañará luego al lector a través de los relatos sobre los soberanos babilonios, las liberaciones de siervos fieles y la visión de las cuatro bestias, hasta la conclusión de Daniel 7.

Daniel 2 desempeña, pues, una doble función.

Abre la serie de las grandes revelaciones sobre los reinos.

Abre también la sección aramea del libro.

16. Una correspondencia mayor entre Daniel 2 y Daniel 7

Esta estructura tiene una consecuencia importante para la interpretación de la estatua.

Daniel 2 no debe estudiarse aisladamente de Daniel 7.

Los dos capítulos ocupan los extremos de la sección aramea y presentan una estructura profética comparable.

Daniel 2 muestra los reinos desde el punto de vista de una estatua impresionante.

Daniel 7 los representa bajo la forma de bestias.

Daniel 2 anuncia el reino establecido por el Dios del cielo.

Daniel 7 anuncia el dominio dado a aquel que viene con las nubes y al pueblo de los santos del Altísimo (Daniel 7.13-14, 27).

Esta correspondencia constituirá un elemento mayor cuando haya que identificar con más precisión los reinos representados por la estatua.

Merece, pues, integrarse en el estudio específico de Daniel 2 que seguirá a este capítulo.

17. Conclusión

El paso del hebreo al arameo en Daniel 2.4 no es un detalle secundario.

Marca la entrada en una sección literaria coherente que continúa hasta Daniel 7.28.

El punto preciso de la transición se explica naturalmente porque los caldeos toman la palabra «en arameo», pero la continuación de esta lengua durante seis capítulos muestra que su función supera la simple reproducción de un diálogo.

Daniel 2 a 7 constituye una unidad caracterizada por varios temas mayores: la soberanía de Dios sobre los reyes, los límites del poder humano, la fidelidad de los siervos de Dios, el juicio de los soberanos orgullosos y la sucesión de los reinos que conduce a un reinado .

La correspondencia entre Daniel 2 y Daniel 7 es particularmente importante: la sección aramea comienza y termina con dos visiones paralelas de la sucesión de los reinos humanos y de su sustitución final por una soberanía que nunca pasará.

El cambio de lengua contribuye así a la estructura teológica del libro: en medio de los imperios y en una lengua ampliamente utilizada más allá de Israel, Daniel proclama que «el Altísimo gobierna el reino de los hombres» (Daniel 4.17).