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El «segundo año» de Nabucodonosor y la cronología de Daniel 2

Daniel 2 comienza así: «En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, tuvo Nabucodonosor sueños, y se perturbó su espíritu y no pudo dormir…

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1. El problema cronológico

Daniel 2 comienza así:

«En el segundo año de su reinado, Nabucodonosor tuvo sueños. Su espíritu se turbó y no pudo dormir» (Daniel 2.1).

El capítulo anterior había indicado que los jóvenes judeos seleccionados para el servicio real debían ser formados durante tres años:

«El rey les asignó para cada día una porción de los manjares de su mesa y del vino que él bebía. Quería educarlos durante tres años, al cabo de los cuales estarían al servicio del rey» (Daniel 1.5).

Al final de ese período, Daniel y sus compañeros son examinados por Nabucodonosor y admitidos a su servicio (Daniel 1.18-20).

En una primera lectura surge, pues, una pregunta: ¿cómo puede Daniel haber completado tres años de formación antes de un acontecimiento situado en el segundo año del reinado de Nabucodonosor?

La dificultad es real, pero depende en parte de la manera de contar los años.

2. El ascenso al trono de Nabucodonosor en 605 a. C.

Nabucodonosor II se convierte en rey de Babilonia en 605 a. C.

Ese año está marcado por la batalla de Carquemis, en la que las fuerzas babilónicas obtienen una victoria decisiva sobre el ejército egipcio.

Jeremías menciona explícitamente este acontecimiento:

«Acerca del ejército del faraón Necao, rey de Egipto, que estaba junto al río Éufrates, en Carquemis, y que fue derrotado por Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá» (Jeremías 46.2).

En esa época, Nabucodonosor todavía comanda los ejércitos de su padre Nabopolasar.

Tras la muerte de este, Nabucodonosor regresa rápidamente a Babilonia y accede al trono.

El año 605 a. C. constituye, pues, su año de ascenso.

3. El año de ascenso en el sistema babilónico

La cronología babilónica utilizaba normalmente un sistema en el que la fracción de año comprendida entre el ascenso de un rey y el Año Nuevo siguiente no se contaba como su primer año oficial de reinado.

Ese período constituía su año de ascenso.

El primer año de reinado comenzaba con el primer mes del año siguiente.

Aplicado a Nabucodonosor, el sistema da aproximadamente:

605 a. C.: año de ascenso;

604/603 a. C.: primer año oficial;

603/602 a. C.: segundo año oficial.

Daniel 2.1 puede, pues, situar el sueño hacia 603/602 a. C., según la manera de expresar los años en el calendario moderno.

Esta datación es preferible a una afirmación demasiado precisa de un acontecimiento ocurrido necesariamente en 602 o 601 a. C., pues Daniel no proporciona ni mes ni día para el sueño.

4. Daniel 1.1 y el tercer año de Joacim

Daniel 1 sitúa el comienzo del relato en:

«el año tercero del reinado de Joacim, rey de Judá» (Daniel 1.1).

Sin embargo, Jeremías 46.2 sitúa la batalla de Carquemis en el «año cuarto de Joacim».

Esta diferencia ha suscitado numerosas discusiones.

No debe entenderse necesariamente como una contradicción.

Los reinos del Próximo Oriente antiguo no siempre utilizaban los mismos métodos para numerar los años de reinado. Un sistema podía contar el año parcial de ascenso como primer año, mientras que otro no empezaba el primer año oficial hasta el Año Nuevo siguiente.

La diferencia entre Daniel 1.1 y Jeremías 46.2 puede explicarse así por sistemas de cómputo distintos.

Esta explicación es especialmente pertinente en un libro cuyo relato se desarrolla precisamente entre Judá y Babilonia.

5. Los «tres años» de Daniel 1.5

No hay que entender automáticamente los «tres años» de Daniel 1.5 como treinta y seis meses completos transcurridos entre dos fechas modernas exactamente determinadas.

En los sistemas antiguos, un período que tocaba tres años del calendario podía describirse, en cómputo inclusivo, como perteneciente a tres años, aunque no correspondiera a tres años completos en el sentido moderno.

Así, una parte de año podía contarse junto con el año siguiente y el año final.

Esta manera de contar aparece en diversos contextos bíblicos y del Próximo Oriente.

Hay que tenerla en cuenta antes de concluir que existe una imposibilidad cronológica.

6. Una posible reconstrucción cronológica

Teniendo en cuenta el sistema babilónico, puede proponerse una secuencia general.

Daniel y sus compañeros llegan en el contexto de las primeras campañas babilónicas vinculadas con el sometimiento de Judá.

Entran en el programa de formación descrito en Daniel 1.

El año de ascenso de Nabucodonosor y los años siguientes abarcan ese período de formación.

Al término del programa, los jóvenes judeos son examinados y admitidos al servicio real (Daniel 1.18-20).

El sueño de Daniel 2 sobreviene después, en el segundo año oficial de Nabucodonosor.

Una reconstrucción así permite articular Daniel 1 y Daniel 2 sin exigir que los «tres años» se entiendan como tres períodos modernos de doce meses, plenamente cumplidos.

7. Daniel ya pertenece a los sabios en el momento del decreto

Daniel 2 aporta un elemento importante.

Cuando Nabucodonosor ordena dar muerte a los sabios:

«Se publicó el decreto: los sabios iban a ser muertos, y se buscaba a Daniel y a sus compañeros para darles muerte» (Daniel 2.13).

Daniel y sus compañeros están, pues, ya suficientemente integrados en el grupo de los especialistas de la corte como para verse afectados por el decreto.

Este dato corresponde a la conclusión de Daniel 1:

«En todo asunto que requería sabiduría e inteligencia y sobre el cual el rey les interrogaba, los halló diez veces superiores a todos los magos y astrólogos que había en todo su reino» (Daniel 1.20).

Daniel 2 presupone, pues, naturalmente la situación establecida al final de Daniel 1.

8. La edad de Daniel no puede calcularse con precisión

El texto inicial del estudio proponía una edad de unos catorce años en el momento de la deportación y de unos dieciocho años en el momento de los acontecimientos de Daniel 2.

Esta reconstrucción es posible, pero no puede presentarse como un dato bíblico.

El libro de Daniel no da la edad de Daniel a su llegada a Babilonia.

Daniel 1.3-4 indica solamente que los jóvenes seleccionados debían ser:

«jóvenes sin defecto físico, de buen parecer, instruidos en toda sabiduría, sabios en ciencia, de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey».

El vocabulario permite entender que se trata de jóvenes, verosímilmente aún relativamente jóvenes en el momento de su formación, pero no permite fijar su edad en catorce años.

Un estudio académico debe, pues, distinguir:

lo que el texto afirma: Daniel pertenece a un grupo de jóvenes judeos seleccionados para ser formados en la corte;

lo que puede deducirse razonablemente: probablemente era joven;

lo que sigue siendo hipotético: su edad exacta.

9. La expresión «joven» no basta para determinar su edad

Los términos bíblicos traducidos por «joven» o «muchacho» poseen a menudo una amplitud semántica mayor que las categorías modernas estrictas de edad.

Por tanto, no permiten por sí solos determinar si Daniel tenía trece, catorce, dieciséis o dieciocho años.

La prudencia es tanto más necesaria cuanto que el objetivo de Daniel 1 no es proporcionar una biografía completa del profeta.

El texto busca sobre todo mostrar la selección, la formación, la fidelidad y la elevación progresiva de Daniel y de sus compañeros.

La edad precisa queda fuera de esta intención narrativa.

10. Una cronología temprana refuerza el alcance del relato

Incluso sin conocer la edad exacta de Daniel, Daniel 2 se sitúa manifiestamente al comienzo del reinado de Nabucodonosor.

Este contexto es teológicamente significativo.

El rey acaba de acceder al poder al frente de un imperio en plena expansión.

El poder babilónico parece prometido a un futuro considerable.

Es precisamente en ese momento cuando recibe una revelación que le anuncia que su reino, a pesar de su grandeza, pertenece a una sucesión y que otro reino vendrá «después» de él (Daniel 2.39).

La visión interviene, pues, no en el momento del derrumbe de Babilonia, sino al comienzo del período de dominio de Nabucodonosor.

El contraste es poderoso: en el mismo momento en que su poder se afirma, el rey se entera de que ese poder no es definitivo.

11. La cronología sirve a la teología del capítulo

La mención del «segundo año» no constituye, pues, un simple detalle histórico.

Sitúa el sueño en una fase decisiva del reinado.

Nabucodonosor se encuentra todavía al comienzo de su trayectoria real.

Acaba de heredar el poder construido por Nabopolasar y prosigue el establecimiento del dominio babilónico sobre una gran parte del Próximo Oriente.

Daniel, por su parte, se encuentra todavía al comienzo de su carrera.

El contraste entre los dos personajes es notable.

Uno es el soberano de un imperio victorioso.

El otro es un joven judeo desplazado en el marco de la expansión babilónica.

Sin embargo, cuando el misterio resulta inaccesible a los recursos de la corte, es al joven desterrado a quien Dios se lo revela.

12. Conclusión

El «segundo año de Nabucodonosor» no constituye una dificultad insuperable cuando se sitúa en los métodos de datación del Próximo Oriente antiguo.

La distinción entre el año de ascenso y los años oficiales de reinado permite situar Daniel 2 aproximadamente hacia 603/602 a. C.

El período de formación de Daniel puede inscribirse en esta cronología si los «tres años» de Daniel 1.5 se entienden según los usos antiguos de cómputo y no como treinta y seis meses completos obligatorios.

Sigue siendo necesario, sin embargo, distinguir los datos ciertos de las reconstrucciones.

La fecha aproximada del comienzo del reinado de Nabucodonosor puede establecerse históricamente.

El sistema babilónico de los años de ascenso está documentado.

En cambio, la edad exacta de Daniel nunca se da en el libro y no debe, por tanto, presentarse como una certeza.

La conclusión más rigurosa consiste en retener que Daniel 2 se desarrolla muy pronto en el reinado de Nabucodonosor y al comienzo de la carrera de Daniel en Babilonia, lo cual refuerza considerablemente el contraste buscado por el relato entre el poder naciente del rey y la soberanía del Dios que ya le revela los límites de su reino.