Muchas personas han consagrado su vida al desarrollo de la Iglesia de diversas maneras. Algunas se alzaron contra injusticias flagrantes, a veces con riesgo de su vida. Otras pasaron muchos años traduciendo los textos bíblicos para ponerlos al alcance del mayor número de personas.
La propagación del Evangelio no se llevó a cabo sin dificultad, y los predicadores que contribuyeron a su expansión rara vez fueron recibidos con benevolencia. El Mesías Jesús había advertido a quienes querían ser sus discípulos que serían rechazados y maltratados, pero que su recompensa en el reino de Dios sería grande. En efecto, el siervo no es mayor que su señor, y este murió en la cruz como un criminal.
Les proponemos trazar, en esta serie, las biografías de hombres y mujeres que, con su trabajo, contribuyeron al desarrollo de la obra de Dios.