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Conclusión general de los anexos DAN001

Los anexos dedicados a la estructura del libro de Daniel han permitido completar el análisis general distinguiendo lo que corresponde a la cronología, a la lengua, a la composición literaria y a la progresión profética. Su convergencia hace aparecer un libro cuya organización es más compleja que una simple sucesión de relatos y visiones, pero cuyas distintas partes participan de una misma progresión: desde el exilio de Daniel hasta la esperanza de la resurrección.

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1. Una cronología que atraviesa toda una vida

La cronología permite, en primer lugar, situar los distintos capítulos en el recorrido de Daniel.

El libro comienza bajo Nabucodonosor y continúa hasta el período persa. Sin embargo, el orden de los capítulos no es estrictamente cronológico: las visiones de Daniel 7 y Daniel 8 pertenecen al reinado de Belsasar y, por tanto, preceden a la caída de Babilonia relatada en Daniel 5.

Esta observación muestra que la organización del libro responde a una lógica literaria y teológica tanto como a una lógica histórica.

La hipótesis adoptada en este estudio, según la cual Daniel habría tenido unos catorce años cuando fue deportado en el 605 a. C., permite también seguir aproximadamente su envejecimiento. No constituye un dato proporcionado explícitamente por el texto, sino un punto de referencia cronológico utilizado para percibir mejor la extensión de su recorrido.

Daniel aparece así como un hombre cuya vida atraviesa varias décadas y varios regímenes políticos.

2. Una organización lingüística notable

La distribución de las lenguas constituye un segundo punto de referencia importante:

Daniel 1.1-2.4a: hebreo;

Daniel 2.4b-7.28: arameo;

Daniel 8.1-12.13: hebreo.

Esta organización impide reducir el libro a la sola división tradicional entre relatos históricos y visiones proféticas.

Daniel 7 es su mejor ilustración: pertenece a las visiones por su género literario, pero sigue vinculado a Daniel 2-6 por su lengua y por su función en la organización de la sección aramea.

Como el libro no da explícitamente la razón exacta de la elección de estas dos lenguas, conviene, no obstante, distinguir la observación lingüística cierta de las interpretaciones propuestas para explicarla.

3. Daniel 2-7: el núcleo estructural más claramente organizado

La sección aramea presenta una organización concéntrica particularmente fuerte:

A - Daniel 2: los reinos y el Reino de Dios

B - Daniel 3: los fieles amenazados y liberados

C - Daniel 4: el soberano humillado

C' - Daniel 5: el soberano juzgado

B' - Daniel 6: el fiel amenazado y liberado

A' - Daniel 7: los reinos y el dominio eterno

Esta estructura une tres grandes cuestiones.

¿Qué sucede con los reinos?

Se suceden y desaparecen.

¿Qué sucede con los fieles que viven bajo su dominio?

Pueden ser probados, pero su fidelidad no depende de la permanencia de un régimen político.

¿Qué sucede con los propios soberanos?

Permanecen sometidos al juicio del Altísimo.

La estructura literaria se une así directamente al mensaje teológico.

4. Los relatos y las visiones se iluminan mutuamente

Los relatos de Daniel 1-6 no deben considerarse una simple introducción destinada a preceder a las profecías.

Establecen concretamente varios principios que las visiones desarrollarán después a una escala mucho más vasta.

Nabucodonosor es humillado.

Belsasar pierde su reino.

Babilonia desaparece.

Daniel atraviesa el cambio de régimen.

Estos acontecimientos particulares preparan la comprensión de las visiones sobre la sucesión de las potencias.

Inversamente, las visiones dan a los relatos su horizonte general.

Las experiencias de Daniel y de sus compañeros ya no son solamente historias individuales de fidelidad y de liberación. Se inscriben en una concepción de la historia en la que los reinos humanos tienen una duración limitada.

5. Las visiones progresan por profundización

La comparación de las grandes profecías hace aparecer una progresión.

Daniel 2 establece una primera arquitectura.

Daniel 7 la retoma desde otra perspectiva y desarrolla en particular el juicio, la persecución de los santos y el dominio dado a aquel que es semejante a un hijo de hombre.

Daniel 8 concentra la atención en ciertas potencias e identifica explícitamente varias de ellas.

Daniel 9 introduce la profecía particular de las setenta semanas referida al pueblo de Daniel y a su ciudad santa.

Daniel 10-12 forma, por último, una gran revelación que conduce desde los conflictos históricos hasta la angustia, la liberación y la resurrección.

El principio general puede resumirse así:

revelación → retoma → profundización → precisión → cumplimiento.

6. Una progresión que no debe convertirse en un sistema artificial

La existencia de correspondencias entre las profecías no significa que cada detalle deba tener necesariamente un equivalente en otra visión.

El método adoptado en este estudio consiste, por tanto, en examinar cada texto en su propio contexto antes de compararlo con los demás.

Esta precaución es esencial.

Una correspondencia dada explícitamente por el texto tiene más peso que una semejanza reconstruida.

Así, Daniel 8.20-21 identifica explícitamente el carnero con los medos y los persas, y el macho cabrío con Javán.

Otras aproximaciones pueden ser coherentes e incluso muy probables, pero deben presentarse como interpretaciones cuando no están formuladas explícitamente.

7. Daniel 1 y Daniel 12: los dos extremos de un recorrido

El estudio ha puesto también de manifiesto una correspondencia narrativa y teológica entre el comienzo y el final del libro.

Daniel 1 presenta a un joven llevado al exilio.

Daniel 12 presenta a un hombre llegado al término de su vida.

Al comienzo, Daniel está privado de su tierra.

Al final, se le promete una herencia.

Al comienzo, Babilonia parece determinar su futuro.

Al final, todos los reinos que Daniel atravesó aparecen como temporales.

Al comienzo se encuentra el exilio.

Al final se encuentra la resurrección.

Es preferible hablar aquí de una correspondencia narrativa y teológica antes que afirmar la existencia de un vasto que abarque necesariamente los doce capítulos.

8. De la liberación a la resurrección

Esta progresión constituye uno de los movimientos más importantes del libro.

En los primeros relatos, los siervos de Dios son liberados de situaciones mortales.

Los tres judíos salen del horno.

Daniel sale del foso de los leones.

Pero estas liberaciones siguen siendo temporales.

Daniel 12 va más lejos:

«Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados» (Daniel 12.2).

El libro pasa así de la liberación ante la muerte a la esperanza de una victoria que supera la muerte misma.

El horizonte último de Daniel no es, pues, solamente político.

Es escatológico.

9. El hilo conductor: la soberanía

Todas las estructuras estudiadas convergen finalmente hacia el mismo tema.

Daniel 1 afirma que el Señor entrega a Joacim en manos de Nabucodonosor.

Daniel 2 afirma que Dios cambia los tiempos y las circunstancias, quita reyes y pone reyes (Daniel 2.21).

Daniel 4 afirma que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres (Daniel 4.22).

Daniel 5 muestra que un reino puede ser contado, pesado y quitado.

Daniel 7 presenta el tribunal celestial y el dominio eterno.

Daniel 12 conduce la historia hasta la liberación y la resurrección.

La soberanía divina no constituye, pues, solamente un tema entre otros.

Da coherencia al conjunto del libro.

10. Cuadro final de síntesis

Nivel de análisisEstructura principalAportación a la comprensión del libro
CronologíaDe Nabucodonosor al período persaSitúa a Daniel en varias generaciones políticas
Edad de DanielUnos 14 años en el 605 a. C. según la hipótesis adoptadaPermite seguir aproximadamente su recorrido humano
LenguasHebreo - arameo - hebreoPone de manifiesto la unidad particular de Daniel 2-7
Estructura literariaDaniel 2-7 en espejoUne reinos, fieles y soberanos
RelatosPrincipalmente Daniel 1-6Muestran concretamente la fidelidad y la soberanía divina
VisionesPrincipalmente Daniel 7-12Amplían la perspectiva al destino de los reinos
Progresión proféticaDaniel 2 → 7 → 8 → 9 → 10-12Aporta profundizaciones y precisiones sucesivas
Movimiento generalExilio → reinos → juicio → liberación → resurrecciónDa al libro su orientación global
Horizonte finalDaniel 12Liberación, resurrección y herencia

11. Una estructura al servicio del mensaje

El análisis literario no tiene como función convertir a Daniel en una construcción abstracta.

Permite, por el contrario, comprender mejor la manera en que se desarrolla el mensaje.

La sucesión de las lenguas delimita conjuntos.

Las correspondencias acercan ciertos capítulos.

Las indicaciones cronológicas sitúan las visiones en su contexto.

Las repeticiones proféticas permiten la profundización.

Los relatos dan una dimensión humana a las grandes afirmaciones teológicas.

Las visiones sitúan las experiencias individuales en una historia mucho más vasta.

La estructura está, pues, al servicio del sentido.

12. Tres distinciones que se han de conservar durante todo el estudio

El conjunto de estos anexos confirma, por último, la necesidad de conservar tres categorías.

Lo que el texto afirma explícitamente.

Se trata de las fechas de reinado dadas por Daniel, de las identificaciones proporcionadas por las interpretaciones de las visiones, de los cambios de lengua observables y de los acontecimientos efectivamente relatados.

Lo que la historia permite establecer o reconstruir con una probabilidad suficiente.

Se trata, en particular, del contexto de los reinos, de ciertas dataciones y de la sucesión de los soberanos.

Lo que la interpretación propone.

Se trata de las identificaciones que no están dadas directamente por el texto, de las reconstrucciones cronológicas detalladas y de ciertas propuestas estructurales o escatológicas.

Esta distinción acompañará el estudio de cada uno de los doce capítulos.

Conclusión general

La estructura del libro de Daniel revela una composición en la que varios niveles de organización se superponen sin destruir la unidad del conjunto.

El libro posee una historia.

Posee una arquitectura lingüística.

Posee correspondencias literarias.

Posee una progresión profética.

Posee, sobre todo, una dirección.

Esta dirección puede resumirse así:

Jerusalén es sitiada.

Daniel entra en el exilio.

Los reinos se levantan.

Los fieles son probados.

Los soberanos son juzgados.

Los imperios desaparecen.

Las revelaciones se vuelven más precisas.

La historia avanza hacia su cumplimiento.

La liberación es anunciada.

Los muertos despiertan.

El libro comienza, pues, con el poder aparentemente irresistible de un reino humano y termina con una promesa que supera todos los reinos humanos.

La última palabra dirigida a Daniel resume esta esperanza:

«Y tú, ve hasta tu fin; reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días» (Daniel 12.13).

Así, tras la diversidad de los relatos, de las lenguas, de las visiones y de los períodos históricos, permanece constante una afirmación:

los reinos pasan, pero la soberanía de Dios permanece; el exilio no es el destino final, y la muerte misma no es la última palabra.